Fracasa rápido y sin dolor


México exige un proceso largo para cerrar un negocio. Líderes piden agilizarlo, y sin costo.

Por Aminnetth Sánchez

No hay empresario que piense en el momento de cerrar su negocio. Todos buscan el éxito, pero no siempre llega. Y cuando ese día se presenta, el proceso para terminar la empresa se convierte en una pesadilla burocrática.

Establecer el acuerdo de disolución, designar a los liquidadores, protocolizar el proceso ante un notario público, avisar a las autoridades fiscales y vender los activos, son sólo algunas de las tareas que deben realizar los empresarios que quieren dar de baja sus compañías. Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) revelan que el proceso en México es uno de los más extensos entre los países miembros.

“En Australia, el proceso de disolución y liquidación toma ocho pasos, en Estados Unidos, nueve pasos, y en México, 17 pasos”, explica Manuel Gerardo Flores, economista senior de la División de Política Regulatoria del organismo multilateral. “Esta cifra deja ver las grandes oportunidades que hay en el país para simplificar el proceso de disolución y liquidación.

De acuerdo con la Asociación de Emprendedores de México (ASEM) y la Secretaría de Economía, el gobierno trabaja en conjunto con legisladores y representantes empresariales para impulsar una iniciativa que permita que el cierre de una compañía sea más fácil y rápido. “No tenemos clara la fecha en que se tendrá aprobada, pero hemos hablado de resolverla este año”, dice en entrevista Fernando Mendívil, presidente nacional de la ASEM.

La disolución de una sociedad mercantil puede ocurrir por dos razones. La primera es que, desde la constitución de la empresa, los accionistas establezcan la vigencia vinculada al objeto social de la compañía. Así, una vez que se cumple el periodo, se diluye.

La segunda es por situaciones propias de la operación de la sociedad. Por ejemplo, porque el número de accionistas es menor al permitido por la ley, o porque se pierden dos terceras partes del capital social de la sociedad.

“El problema más grande que tenemos es que el sistema legal de México está diseñado para las grandes empresas exitosas. Sin embargo, la realidad es que 80% de las empresas que nacen, llegan al fracaso”, asegura Mendívil.

Dado este contexto, el proceso para cerrar un negocio es ridículo, en especial, por su alto costo.

Francisco Forastieri, socio de Servicios Legales Corporativos de la firma EY, reconoce que si bien es cierto que el proceso es complejo, su propósito principal es proteger los intereses de terceros, como los trabajadores, las autoridades fiscales y otros acreedores.

“Este proceso es largo, pero es necesario porque le da seguridad y transparencia a los afectados”, concluye.

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