El “no a la paz” golpea economía colombiana

El pueblo echó para atrás un acuerdo de paz. En Colombia la mayoría de los votantes (un poco menos del 51 %) rechazó el domingo un acuerdo entre el gobierno de ese país y la guerrilla de las FARC, cuyo objetivo era poner fin a 50 años de guerra civil.

Martin Langfield, columnista de Reuters Breakingviews, da su opinión al respecto:

El resultado pone en entredicho la credibilidad del presidente Juan Manuel Santos, así como la de las encuestadoras.

El deseo de ser más rigurosos con los rebeldes fue más fuerte -apenas- que apelar a un necesario pero ahora distante dividendo económico de la paz.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), narcotraficantes y secuestradoras, son una banda desagradable. Con el fin de poner fin a un conflicto que ha cobrado alrededor de un cuarto de millón de vidas, Santos les ofreció términos que muchos colombianos encontraron demasiado generosos.

Estos incluyen un estipendio para guerrilleros desmovilizados, el derecho a participar en las elecciones del 2018, y un pequeño número de asientos garantizados en el Congreso hasta el 2026. El acuerdo propuesto también planteó la posibilidad de que los líderes rebeldes puedan escapar de duras penas de prisión.

Todos los acuerdos de paz son conflictivos y muchos comprometen a la justicia habitual. La guerra, sin embargo, es aún más conflictiva, y más cara.

La economía de Colombia, golpeada en los últimos años por los bajos precios del petróleo, está previsto que crezca un 2.5 % este año, frente al 3.1 % del 2015 y al menos un 4 % en los años previos. La producción de crudo cayó un 14.5 % en agosto respecto al año anterior. La inflación está por encima del 8 %, el doble que el extremo superior del rango meta del Banco Central.

Santos había previsto un impulso al Producto Interno Bruto (PIB) de al menos 1 punto porcentual al año una vez que fuera implementado el acuerdo de paz con las FARC. El Gobierno planeaba reformas tributarias rápidas y esperaba atraer inversión extranjera para la infraestructura, en particular. Ambos son ahora mucho menos probables.

Al igual que otro referéndum importante de este año -la decisión británica de abandonar la Unión Europea- los votantes confundieron al sistema, a las encuestadoras y a los mercados.

Ahora Santos tendrá que gastar el capital político que le queda en tratar de evitar más derramamiento de sangre. El presidente de Colombia había dicho que volvería la guerra si fracasaba su campaña por el «Sí». El domingo, sin embargo, tanto él como los líderes rebeldes dijeron que seguían comprometidos con la paz.

Los defensores del «No», encabezados por el expresidente Álvaro Uribe, pueden tratar de reabrir las negociaciones. Eso sería mejor que luchar. Cualquiera que sea la justificación para votar «No», será contraproducente para la cuarta mayor economía de América Latina.

Con información de Expansión.mx

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