Incertidumbre, riesgo y management financiero

ILUSTRACIÓN: Jacobo R. A.

 

Por Antonio Gil, presidente del IMEF Grupo Valle de Toluca | agil@prinsel.com

Al concluir el ciclo económico 2019, teníamos una expectativa de recuperación económica, un escenario que mostraba mejores condiciones de crecimiento. Si bien el periodo anterior había registrado una caída de -0.1% en el desempeño del PIB, el 2020 parecía prometer un moderado, pero al fin, crecimiento económico.

En este sentido, diversos escenarios fueron planteados: el gobierno federal estableció un rango de 1.5 a 2.5%, Banxico proyectó entre 0.8 y 1.8% y en el IMEF esperábamos un crecimiento de 1.0% para el 2020. Sin embargo, una variable de riesgo apareció en el escenario, algo que la mayoría de los directivos financieros (CFO, por sus siglas en inglés) no contempló en los pronósticos anuales: el coronavirus, enfermedad que se propagó por varios países y que en los primeros días de marzo ya contabilizaba más de 90,000 casos confirmados y más de 3,000 personas fallecidas. Nuestro país no fue la excepción, al reportar casos concretos en su población.

Dicha enfermedad impactó directamente a las cadenas de suministro globales, incidiendo totalmente en una baja actividad comercial y de servicios, lo cual puede significar un año de desempeño económico negativo para los países, incluido México.

Al mes de marzo, JPMorgan, Goldman Sachs, Barclays, Capital Economics, Bank of America, entre otros, ya habían recortado sus expectativas de crecimiento para nuestro país, siendo el pronóstico más pesimista 0.3 por ciento. Lo anterior, sumado a la reducción que hizo el Banco de México, al ubicar su rango entre 0.5 y 1.5%, y a la estimación del IMEF que bajó su proyección de 1 a 0.9 por ciento. Es decir, al tercer mes del año, varias instituciones auguraban un crecimiento inferior a lo originalmente planteado y por ello la importancia de destacar que, si bien es preocupante el crecimiento, más es el desempeño económico.

En este sentido y reconociendo este nuevo panorama global, que repercute directamente en la perspectiva de desempeño de nuestro país, es necesario que nuestras autoridades implementen medidas sanitarias que controlen y eviten una propagación de mayores consecuencias.

Corresponde a los gobernantes aplicar medidas económicas extraordinarias que permitan enfrentar esta situación adversa, así como una política fiscal adecuada, además de acelerar el gasto programado en inversión, agilizar los trámites gubernamentales para expedir permisos de construcción, entre muchos otros factores que pueden contribuir a un mejor ambiente de negocios y a incrementar los niveles de confianza en el país.

Por el lado de las empresas, toca a la alta dirección establecer planes de contingencia que permitan la continuidad del negocio.

Bajo la premisa de que uno de los aspectos fundamentales para la operación de la empresa es la liquidez, el IMEF hace énfasis en que ésta debe conservarse en periodos de inestabilidad, falta de buenos resultados, pérdida de ventas por la falta temporal de suministros y retrasos en las entregas.

Ante ello, el CFO deberá revisar inventarios, cuentas por cobrar, líneas de crédito y todo lo que conlleve la eventual conversión a efectivo, así como pólizas de seguro, con el fin de adelantarse a posibles contingencias por demandas debido a interrupción de suministros a otras empresas y que esto cause una falta de entrega de producto a los clientes finales. En fin, es toda una gestión de corresponsabilidad con el director general para mantener a flote el desempeño empresarial en momentos adversos, aunque temporales, pero que pueden causar un grave daño a la organización.

Otro aspecto a considerar es el compromiso del equipo humano en esta etapa de crisis, momentos en que el IMEF propone el uso de las tecnologías para mantener los niveles de productividad, es decir, realizar algunas actividades desde lugares remotos (home office), evitando así posibles contagios que afecten, consecuentemente, la operatividad empresarial.

Cabe señalar que la adecuada administración y gestión de eventos inesperados y adversos en las organizaciones son un reto para la alta dirección; sin embargo, el enfoque y constante monitoreo de los indicadores nos hace estar preparados para afrontar con éxito este tipo de situaciones.

En conclusión, el replanteamiento de la estrategia, la administración de riesgos y el adecuado uso de herramientas tecnológicas son lo que el IMEF propone para sortear con éxito los momentos de incertidumbre y amenaza al desempeño económico empresarial.

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