¿Qué esperar de las elecciones en EU del 3 de noviembre?

 

Por Alejandro Padilla, Ejecutivo de Análisis Económico y Estrategia Financiera de Mercados de Grupo Financiero Banorte.

Estados Unidos se encuentra inmerso en un importante proceso electoral, y probablemente de los más inusuales y polémicos en la historia moderna del país, más allá de las complejidades logísticas derivadas de la pandemia. El 3 de noviembre se llevará a cabo la votación, pero no necesariamente sabremos ese mismo día quién estará al frente de la oficina oval los próximos cuatro años ni la configuración del congreso. Este factor de incertidumbre es muy importante con dos contendientes con visiones opuestas en aspectos clave.

Las elecciones en Estados Unidos se llevarán a cabo el martes 3 de noviembre, en donde se elegirá el cargo de Presidente, todos los 435 asientos que conforman la Cámara de Representantes, 35 de 100 asientos del Senado, 13 gubernaturas y otros puestos locales. Para la presidencia estarán contendiendo por el Partido Republicano Donald J. Trump de 74 años –el actual presidente– y por el Partido Demócrata Joseph R. Biden Jr. de 77 años –vicepresidente de 2009 a 2017 durante la administración de Barack Obama–. El vencedor iniciará su gestión el 20 de enero de 2021 por un periodo de 4 años.

Expectativa de una victoria de Joe Biden, posiblemente con total apoyo del Congreso

A 15 días de los comicios, las encuestas muestran una ventaja importante de 9.2 puntos porcentuales entre Biden con 51.4% y Trump con 42.2 por ciento. Esta ventaja en las preferencias electorales es mucho más amplia de la que tenía Hillary Clinton sobre Donald Trump en 2016, también a 15 días de las elecciones (5.5 puntos porcentuales). Una lectura similar se observa en las probabilidades implícitas en el mercado de apuestas (58% Biden, 39% Trump) o la notable desaprobación neta de la gestión actual del Presidente Trump. En términos del voto por colegio electoral –recordemos que un candidato gana la presidencia cuando obtiene 270 votos bajo este sistema–, el modelo predictivo de The Economist muestra que Biden podría ganar 343 votos contra 195 de Trump.

Las elecciones legislativas también son de gran importancia para el diseño y ejecución de las políticas públicas. Actualmente, la Cámara de Representantes está dominada por el Partido Demócrata (232 de 435 asientos), mientras que el Senado sigue en manos del Partido Republicano (53 de 100 curules). Sin embargo, totalmente contrario a lo observado en 2016, en esta ocasión existe una mayor probabilidad que ambas cámaras se tornen demócratas. Utilizando modelos predictivos de The Economist o FiveThirtyEight podemos observar que existe un 53.5% de probabilidad de que los demócratas mantengan su mayoría en la Cámara de Representantes, así como un 52.0% de tener la mayoría en el Senado.

Posturas encontradas en aspectos clave entre ambos candidatos

Al analizar los 49 puntos principales de la campaña de Joe Biden y los 11 pilares fundamentales de un segundo término de Donald Trump podemos identificar posturas muy encontradas en temas fundamentales. Respecto al manejo de la pandemia y los programas de reapertura de la economía, Biden es mucho más cauteloso que Trump. En aspectos fiscales, Biden plantea una reforma tributaria que tase más a las empresas (e.g. aumento en impuesto corporativo de 21% a 28%) y que sea progresiva (i.e. beneficiando a familias de menores ingresos), mientras que la propuesta de Trump se centra en la generación de incentivos fiscales para empresas que fomenten inversión y empleo. En cuanto al actual impasse entre republicanos y demócratas en torno a un programa adicional de estímulo fiscal, una victoria de Biden combinada con una mayoría demócrata en ambas cámaras podría implicar un paquete más ambicioso. En alusión a temas sobre agenda internacional, migración, seguridad nacional y cambio climático, la postura de Biden es más conciliadora respecto a Trump, una situación que podría incrementar la cooperación internacional y aliviar tensiones en el ámbito comercial. Respecto al sector energético, Biden enfocará sus esfuerzos hacia energías más limpias, mientras que Trump optará por impulsar la industria tradicional de hidrocarburos. También existen diferencias notables en temas asociados al acceso a la salud, sistema judicial, entre otros.

La polémica en torno a la posible impugnación del resultado

Existen dudas genuinas en relación a lo que sucederá después de concluir la votación del 3 de noviembre. ¿El candidato derrotado concederá rápidamente la victoria a su contrincante? ¿Los resultados serán más cerrados respecto a lo que dicen las encuestas y modelos predictivos? ¿Habrá sospechas fundamentadas en términos de la legitimidad del proceso? ¿La elección se terminará decidiendo en las cortes? ¿Cruzaremos a terreno constitucional sin explorar? Todas estas interrogantes han cobrado relevancia después de que el Presidente Trump comentara en diversos foros –entre ellos el Primer Debate Presidencial– que no estaría dispuesto a aceptar una derrota en caso de observar una irregularidad en todo el proceso.

Esto se debe a que la pandemia del Coronavirus jugará un papel importante en la logística de las elecciones. De acuerdo con varios trabajos de investigación, entre ellos el más reciente realizado por el New York Times hace pocas semanas, la cantidad de sufragios a través de correo en esta contienda podría ser el doble de los 33 millones que se llevaron a cabo en las elecciones presidenciales anteriores de 2016. Esto quiere decir que hay una expectativa que entre 20% y 30% de la votación se lleve a cabo a través de correo (mail-in voting). Este no es un proceso nuevo, ya que data desde la Guerra Civil cuando se le permitía a los militares hacerlo, pero ha ganado un mayor auge en los últimos años debido a su practicidad, en esta ocasión volviéndose todavía más importante debido a la situación de salud actual. El Presidente Trump ha insinuado que este proceso es mucho más susceptible a fraude. Es altamente probable que la motivación detrás de estos señalamientos de Trump sea postergar o tratar de anular una elección que a la luz de las encuestas y modelos predictivos no lo favorecerá, a diferencia de hace cuatro años.

Analizando la historia política de Estados Unidos, este tipo de situaciones controversiales no son nuevas y no deberían generar un cambio estructural en el proceso democrático norteamericano, pero sugiere que podría existir un periodo de días o semanas de mayor incertidumbre después de la elección. En este sentido, es posible que la contienda de este año pueda terminar también con una impugnación, a menos que la ventaja del vencedor sea muy clara.

 

ARTÍCULO PUBLICADO EN REVISTA IMEF NEWS 08

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