Aproximándonos al “trillón” de dólares de deuda pública en México

Recientemente el IMEF ha alertado sobre la velocidad con la que la deuda del Gobierno Federal ha ido aumentando. Esta situación ha sido provocada por déficits fiscales recurrentes que, si bien han rondado alrededor del 3% del PIB desde 2010, este año se han disparado a 6%. Muchos economistas dicen que el nivel deuda pública de México es razonable al situarse en 50% del PIB; sin embargo, es muy probable que nuestra calificación sufra una baja en el corto plazo y pongamos en riesgo el grado de inversión en los siguientes 24 meses si los ajustes requeridos en el gasto no se llevan a cabo el año que entra.
Por Víctor Manuel Herrera
Cabe recordar que a nivel internacional un déficit de 3% es considerado “moderado” ya que, si un país crece más o menos a ese ritmo, un aumento en su deuda provocado por un déficit de 3% mantiene las razones de apalancamiento más o menos estables. No sorprende que 3% sea el techo de déficit permitido en la Unión Europea, aun cuando desde la crisis financiera de 2008 ese nivel se ha respetado en pocas ocasiones.

Una excepción es Alemania, que ha vivido episodios de crisis fiscal e hiper inflación en su pasado. Su Constitución fue reformada en 2009 para prohibir un déficit mayor de 0.35% en un año. Permite cierta flexibilidad en entornos económicos adversos, pero la Ley obliga al gobierno a adoptar una restricción fiscal en entornos favorables para promediar ese nivel. El indicador de deuda a PIB de Alemania es de aproximadamente 60%, muy diferente al resto de los países con economías avanzadas.

Por eso sorprende que en México se trate de justificar un déficit fiscal de 6%, el más alto desde 1989. Los años ochenta nos traen amargos recuerdos de la crisis económica que provocó el incumplimiento de deuda de 1982. Fue el octavo en la historia de México. En ese año, la razón de deuda a PIB fue de 53%, y se incumplieron obligaciones financieras por US$ 80 mil millones de dólares.

México es hoy un país totalmente diferente al que era en 1982, y si bien estamos lejos de experimentar una crisis fiscal y de deuda como las de la década de los 80, no vamos por buen camino. Regresar el déficit a un nivel razonable de 3% requiere medidas dolorosas que frenan la economía y reduce el ingreso de los hogares. Por el contrario, seguir aumentando el déficit fiscal se vuelve tentador para la clase política, complicando la salida aún más en el futuro. Tal fue el caso de Brasil y Colombia la década pasada. Los gobiernos y sus empresas perdieron el anhelado grado de inversión otorgado por las calificadoras de deuda (Colombia lo sigue manteniendo únicamente por dos de ellas), encareciendo el financiamiento para todos los habitantes y empresas, junto con los gobiernos.

Este gobierno recibió del sexenio anterior US$ 560 mil millones de dólares de deuda entre pesos y otras divisas. El gobierno anterior fue sumamente criticado por aumentar el apalancamiento en lugar de ajustar su gasto cuando el precio de crudo mexicano cayó de 98 dólares el barril en agosto de 2014 a tan sólo 24 dólares el barril en febrero de 2016. Pero ajustó el gasto fuertemente en 2016 y 2017 y evitó una baja en la calificación soberana.

México podría perder el grado de inversión y tardaría, cuando menos, 10 años en recuperarlo privándose de oportunidades de crecimiento y mayor ingreso en el largo plazo.
En abril de 2024, la Secretaría de Hacienda reporta una deuda bruta del sector público de US$ 940 mil millones de dólares (pág. IV.16 del su informe mensual), prácticamente US$400 mil millones más de lo que recibió. Es cierto, la deuda a PIB ronda alrededor de 50%. Pero los ingresos del gobierno han subido a menor ritmo y la tendencia es desfavorable para el mediano plazo. Es muy probable que nuestra calificación sufra una baja en el corto plazo y pongamos en riesgo el grado de inversión en los siguientes 24 meses si los ajustes requeridos en el gasto no se llevan a cabo el año que entra.

En caso de pérdida del grado de inversión los fondos que invierten en mercados emergentes con esta calidad crediticia se verían obligados a vender el papel mexicano, generando un mercado mucho más limitado y caro para los emisores de deuda nacionales, empezando por el mismo gobierno. Un país emergente demora cuando menos 10 años en recuperar un grado de inversión cuando lo ha perdido, privándose de oportunidades de crecimiento y mayor ingreso en el largo plazo.

Fortalecer el perfil crediticio de un país requiere de un gran esfuerzo y toma mucho tiempo. Perder la calidad crediticia (y credibilidad) se logra rápidamente con políticas fiscales expansivas.

México sigue siendo un país con profundas diferencias que requieren continua inversión social para reducir la situación desfavorable de los que menos tienen. Solamente se puede lograr lo anterior manteniendo un acceso al crédito en las mejores condiciones posibles. Cuidemos nuestro perfil crediticio. Las generaciones futuras dependen de ello.

Finalmente, “trillón” es un anglicismo utilizado que en correcto español es “billón”. Independientemente del término utilizado representa un reto para el país.
*Consultor, socio en Miranda Ratings Advisory.
victor.herrera@miranda-partners.com
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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