El mercado petrolero inicia 2026 bajo la sombra de un exceso estructural que condiciona las expectativas de precios. El año anterior cerró con importantes pérdidas. El Brent retrocedió 18.6% y el WTI 20.1%, alcanzando niveles no vistos desde 2021 derivado de que las tensiones geopolíticas en Rusia, Medio Oriente y China no lograron compensar la presión de inventarios y el exceso de oferta.
Actualmente, la narrativa dominante continúa consolidándose en torno a un superávit persistente. En este sentido, la Agencia Internacional de Energía anticipa un excedente de producción promedio mensual de 2.25 millones de barriles diarios, con picos de hasta 3.91 millones en la primera mitad del año.
En este contexto, la OPEP+ ha optado por la cautela. La alianza confirmó la pausa en los incrementos de producción hasta finales de marzo, con una meta conjunta de 33.3 millones de barriles diarios para los ocho miembros clave: Arabia Saudita, Rusia, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán. La estrategia busca preservar estabilidad en un mercado saturado, así como ganar participación de mercado frente a otros productores fuera del grupo como Estados Unidos, Brasil y Guyana.
Vale la pena mencionar que el inicio del año estuvo marcado por un evento inesperado: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. El episodio desató volatilidad inmediata y un repunte transitorio en los precios del crudo, mientras los inversionistas evaluaban sus implicaciones.
No obstante, el impacto físico sobre la oferta global es marginal. Actualmente, Venezuela produce alrededor de 960 mil barriles diarios, muy por debajo del máximo histórico cercano a 3.5 millones y dista mucho de la producción de países como Arabia Saudita (10.9 millones) y Rusia (10.8 millones). Aunque, Venezuela es el país con la mayor cantidad de reservas en 303.8 mil millones de barriles, seguido de Arabia Saudita (297.5 mil millones) y Canadá (168.1 mil millones).
Sin embargo, reactivar esa capacidad exige tiempo, inversión en mejoradores para crudos extrapesados y rehabilitación de infraestructura crítica. Incluso con un eventual alivio de sanciones, la normalización institucional y la llegada de capital extranjero son condiciones necesarias para cualquier incremento sostenido en la producción.
Bajo este contexto, la dinámica dominante en el mercado de petróleo sigue siendo el superávit. Aunque la oferta y la demanda crecerán a ritmos similares, la producción continuará superando al consumo, impulsando acumulaciones de inventarios y presionando los márgenes de refinación.
Los recortes en precios oficiales por parte de productores de Medio Oriente añaden presión adicional en Asia y Europa, reforzando la expectativa de un Brent operando en el rango de 50 a 70 dólares por barril durante todo el año, con mayor probabilidad de cotizar cerca del límite inferior en el primer semestre.
En conclusión, 2026 será un año de precios bajos para el petróleo al considerar que la OPEP+ mantiene su postura defensiva,
el shock venezolano aporta más ruido que barriles en el corto plazo y la curva de futuros refleja un mercado que no encuentra catalizadores para revertir la tendencia bajista. Para los agentes económicos, este escenario implica riesgos y oportunidades que se reflejarán en presión sobre divisas petroleras, alivio en términos de intercambio para importadores y la necesidad de coberturas que capturen el rango proyectado.
* Subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.
Twitter: @LeslieOrozcoV
LinkedIn: Leslie Orozco
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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