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No fue sorpresa que S&P Global Ratings cambiara la perspectiva de la calificación soberana a negativa el 12 de mayo, ni tampoco que Moody’s la degradara el día 20 al nivel más bajo del grado de inversión, donde ya nos había colocado Fitch Ratings. ¿Cuál sería la sorpresa a raíz de esta degradación?

El INEGI publicó su estimación oportuna del PIB que mostró una expansión de 1.5% en el segundo trimestre del año, el mayor avance desde finales de 2020. El dato bastó para encender los titulares de recuperación. Después de meses de cifras grises, la tentación de celebrar es comprensible.
En julio sugieren una mejoría moderada en la actividad económica, luego de meses de debilidad. En ambos se observa desaceleración en la intensidad de la contracción y una recuperación más generalizada entre sus principales componentes. Pero no hay elementos suficientes para confirmar el inicio de una fase de expansión sostenida de la economía.