Alinear salarios con productividad

Como cada fin de año, está en puerta la negociación para determinar el salario mínimo para 2026. Para los gobiernos de la 4T, los incrementos al salario mínimo junto con una mayor canalización de apoyos sociales mediante programas y dádivas en efectivo han constituido la estrategia para disminuir la pobreza.
Por Federico Rubli Kaiser
Las últimas mediciones del INEGI indican que 15 millones de personas superaron la línea de pobreza por ingresos y 13 millones salieron de la pobreza en la medición multidimensional. Pero la capacidad para seguir esta misma estrategia en el futuro inmediato y observar resultados similares en el combate a la pobreza se encuentra al límite.

Este modelo redistributivo (salario mínimo + programas sociales) es eficaz en el corto plazo para aliviar los ingresos de los que menos tienen, pero la redistribución no genera riqueza. Esta fórmula se va desgastando y no es sostenible en el tiempo. Solo el crecimiento económico crea riqueza a través de mayores oportunidades de movilidad social mediante más empleo formal, salud y educación.

Fundamental para generar un mayor crecimiento económico son los incrementos en la productividad general, tanto la laboral como la de la tierra y el capital (productividad factorial). En particular, la relación entre salarios y productividad es un determinante clave para el crecimiento. Un principio de la teoría económica señala que, para un equilibrio, el salario real puede incrementarse hasta el valor de la productividad. Si el salario aumenta más allá de la productividad, el excedente implicará mayores costos laborales e inflación.

Por ello, al determinar el salario mínimo, lo relevante es analizar la productividad. Pero la negociación del salario mínimo ha sido un ejercicio político donde discutir sobre productividad ha estado ausente. México se ha caracterizado desde hace al menos dos o tres décadas como una economía con baja productividad. Así lo señalan las clasificaciones internacionales.

Las mediciones de competitividad pueden considerarse como una proxy a la productividad. Veamos, por lo tanto, una clasificación mundial de competitividad. El International Institute for Management Development (IMD), que es una de las más importantes escuelas de negocios del mundo, con sede en Lausana, Suiza, publica desde hace más de 35 años un ranking de competitividad para 69 países, tomando en cuenta cuatro factores:

El desempeño económico, la eficiencia gubernamental, la eficiencia empresarial y la calidad de la infraestructura. Su ranking de 2025 establece como las 5 economías más competitivas a: Suiza, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y los Emiratos Árabes Unidos. México aparece en el lejano lugar 55 (Chile 42 y Colombia 54).

Declaraciones recientes de Sheinbaum y de la Secretaría del Trabajo apuntan a un incremento del salario mínimo del 12% para 2026. Con una inflación esperada de 4%, ello implicaría un crecimiento de la productividad de 8%, cifra claramente fuera de la realidad. Mientras al gobierno no le preocupe atender el tema de la productividad, la economía mexicana seguirá con una competitividad estancada y, por ende, con un muy bajo crecimiento. Esta tendencia es ya un mal crónico. Ver nota original.
*Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.
federico@rubli.net
Este artículo se publicó el 11 de noviembre en el periódico El Economista.
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