Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

Estamos ante el mayor choque energético desde los años setenta. Cuando pasa algo así, la reacción de los gobiernos es intentar frenar el precio de la gasolina. Nadie quiere que el golpe llegue directo al bolsillo, y menos si está cerca algún proceso electoral. El problema es que esa lógica engaña.

Arrancamos el segundo trimestre del año con la sensación de que estamos navegando a ciegas. Trump vuelve a tensar los mercados con anuncios ambiguos y medidas que, bajo el paraguas de la “seguridad nacional”, parecen más un mensaje político que una estrategia económica de largo plazo.
La tregua entre Washington y Teherán eliminó la prima de riesgo geopolítico y arrastró al petróleo a su peor trimestre desde la pandemia. Además, la reactivación de exportaciones del Golfo Pérsico ya genera un superávit en mercados asiáticos, con la curva de futuros del Brent en contango por primera vez desde 2023. En paralelo, la cohesión interna de la OPEP+ se fractura ante la amenaza de Irak de abandonar la organización tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos en mayo.