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La confrontación entre Estados Unidos y China se ha convertido en la rivalidad estratégica definitoria del siglo XXI que trasciende las disputas comerciales y las diferencias ideológicas, reflejando más bien una profunda transición estructural de poder en el orden global.

La investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos coincidió con el primer día de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos por lo que, a pesar de la amplia agenda a tratar, Trump acaparó los reflectores, fue objetivo del close up de las cámaras, en espera de, como dicen los cineastas, diga “acción”.
La tregua entre Washington y Teherán eliminó la prima de riesgo geopolítico y arrastró al petróleo a su peor trimestre desde la pandemia. Además, la reactivación de exportaciones del Golfo Pérsico ya genera un superávit en mercados asiáticos, con la curva de futuros del Brent en contango por primera vez desde 2023. En paralelo, la cohesión interna de la OPEP+ se fractura ante la amenaza de Irak de abandonar la organización tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos en mayo.