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Las cadenas de suministro globales han enfrentado disrupciones que evidenciaron riesgos sistémicos y elevaron su importancia estratégica, operativa y financiera, por lo que fortalecer la resiliencia se convirtió en una prioridad estratégica, con altas implicaciones financieras.

Los rendimientos de los Treasuries de largo plazo repuntaron con fuerza en las últimas semanas, alcanzando máximos de 16 años. Los ajustes se detonaron por la mayor emisión de deuda del Tesoro para el trimestre y menores preocupaciones de una recesión de cara a datos económicos que reflejan una economía norteamericana resiliente.
La tregua entre Washington y Teherán eliminó la prima de riesgo geopolítico y arrastró al petróleo a su peor trimestre desde la pandemia. Además, la reactivación de exportaciones del Golfo Pérsico ya genera un superávit en mercados asiáticos, con la curva de futuros del Brent en contango por primera vez desde 2023. En paralelo, la cohesión interna de la OPEP+ se fractura ante la amenaza de Irak de abandonar la organización tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos en mayo.