Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

México tiene un sistema financiero estructuralmente impecable, pero el país no está creciendo al ritmo que necesita. Esta fue la tensión subyacente que marcó a la Convención Bancaria en Cancún donde digitalización, crédito e integridad regulatoria quedaron como ejes para transformar la estabilidad ganada en un crecimiento sostenido.

A raíz de la crisis financiera mundial, surgió en el seno de la OCDE y el G20 el Proyecto “Erosión de bases imponibles y traslado de beneficios” (BEPS), una respuesta al problema de que las empresas multinacionales se aprovechan de las lagunas y discrepancias existentes en las normas tributarias internacionales para trasladar beneficios a países de baja o nula tributación. Ya son casi 140 países que forman el llamado “Marco Inclusivo sobre BEPS”.
En México, el PIB mostró —desde el enfoque de la demanda agregada en series ajustadas por estacionalidad— que la contracción en los primeros tres meses el año fue de 0.62% debido a caídas en el consumo privado y en la formación bruta de capital fijo.