Banco de México, tres temas para conversar

Hay tres temas actuales sobre el Banco de México que ameritan ser comentados: la decisión reciente de la Junta de Gobierno de haber disminuido en 25 puntos base su tasa objetivo después de haberla mantenido inalterada por siete meses; revisar algunos elementos de su política de comunicación; y comentar acerca del pilar institucional que es su autonomía que está cumpliendo 30 años de haber sido otorgada mediante una modificación constitucional.
Por Federico Rubli Kaiser
Si bien la última decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno del 21 de marzo —de disminuir la tasa de referencia en 25 puntos base (pb)— estuvo anticipada por el mercado y los analistas y motivó opiniones encontradas al respecto, unos días antes de la reunión declaraciones de la gobernadora Victoria Rodríguez y el Subgobernador Omar Mejía habían telegrafiado con claridad a los mercados que bajaría la tasa de referencia.

Así, la encuesta quincenal de expectativas de CitiBanamex difundida antes de la decisión, mostró unanimidad sobre la baja de 25 pb entre los 35 participantes. Sin embargo, la decisión dentro de la Junta no fue unánime, con un voto disidente de la subgobernadora Irene Espinosa.

Entre los analistas se desató la discusión acerca de esta decisión. Los que estuvieron de acuerdo ven que el entorno inflacionario y su expectativa van gradualmente a la baja, y que la tasa de interés real ex ante de alrededor de 7.5% sigue siendo muy elevada.

La tasa real ex ante se calcula como la diferencia entre la tasa de interés de referencia actual y las expectativas de inflación. Por ello, al mantener la tasa objetivo sin cambio, la tasa ex ante aumenta cuando las expectativas de inflación descienden. A ese nivel de tasa hay espacio suficiente para reducir la tasa objetivo y seguir manteniendo una postura restrictiva de la política monetaria. Esto último resulta prudente ya que la misma Junta de Gobierno reconoce que el balance de riesgos está aún sesgado al alza. Para reiterarlo, es posible entonces bajar la tasa y que la política monetaria siga siendo relativamente restrictiva.

Pero esta decisión no es el inicio de un ciclo de bajas de la tasa. Ese grupo de analistas considera también que una paulatina reducción del diferencial de tasas de interés entre Estados Unidos y México puede coadyuvar a una depreciación ordenada del tipo de cambio para reducir la “sobrevaluación”.

Por otro lado, estamos los que consideramos que la decisión fue apresurada, riesgosa y manda una señal de tolerancia con el ritmo de la inflación que aún está lejos de la meta del 3%. La inflación subyacente de 4.7% anual, mayor a la general en la primera quincena de marzo, no muestra un comportamiento decididamente a la baja y sigue contaminando la formación de precios en la economía.

Igualmente, desacoplarse de las decisiones del FED tiene sus riesgos, principalmente sobre el tipo de cambio. Asimismo, la política fiscal expansiva debe ser contrarrestada con una política monetaria más restrictiva. De igual forma, la incertidumbre política llama a ser cautos en el manejo monetario. Finalmente, las expectativas de inflación a largo plazo no están ancladas; es un indicador para no aflojar el paso.

Al difundirse las minutas de esa reunión de la Junta de Gobierno dos semanas después de la reunión (el 4 de abril), conocimos la declaración disidente de la subgobernadora Espinosa, que viene a reiterar los argumentos del párrafo anterior. Vale la pena citarla:

La política monetaria ha tenido que enfrentar retos adicionales, como las presiones provenientes de incrementos salariales y de una política fiscal expansiva, para conducir la inflación a la meta del 3%. Es prematuro iniciar la reducción de la restricción monetaria en medio de pronósticos de inflación del sector privado mayores a los publicados por Banxico, señalando que se pondría en riesgo la credibilidad del Banco sobre su compromiso con el mandato de estabilidad de precios.

Sin embargo, hay otras opiniones, notablemente la del reconocido economista Alejandro Werner, quien recientemente en un artículo del diario Reforma, sostuvo que el ajuste de la tasa objetivo fue “tardío y tímido” ante el gran margen que tiene la tasa de interés real. Sostiene que así lo percibieron los mercados financieros ya que en lugar de frenar la apreciación del peso, lo que comúnmente pasa cuando la postura monetaria se vuelve más laxa, la moneda continuó apreciándose. Si realmente el Banco no tiene un objetivo de estabilidad del tipo de cambio, sostiene Werner, hacía todo el sentido anunciar ya un ciclo de baja de tasas, pues existe el espacio amplio para ello.

Así, si bien son válidos los argumentos en favor de haber ajustado la tasa a la baja, pero también las razones para no haberlo hecho, coincido con la subgobernadora de que en esta coyuntura sus argumentos en la balanza pesan más. Hay un dicho sabio entre banqueros centrales: “es preferible errar por el lado restrictivo que por el expansivo”.

LA POLÍTICA DE COMUNICACIÓN ES RELEVANTE
Un pilar del esquema de objetivos de inflación que sigue el banco central es una política de comunicación proactiva, oportuna y transparente. Ello es fundamental para fomentar la credibilidad por parte de los mercados y la sociedad en sus políticas.

El Banco de México ha retrasado consistentemente la convergencia hacia la meta anual de la inflación como lo muestra el cuadro de pronósticos que acompaña cada boletín que anuncia la decisión de la Junta de Gobierno (no que sea crucial, pero el Banco pone como la meta 3.1% en vez de 3%). El 12 de agosto de 2021 señaló como fecha de convergencia el primer trimestre de 2023; luego, el 10 de febrero de 2022, la modificó al tercer trimestre de 2023, y así sucesivamente hasta establecer el 18 de septiembre de 2023 la convergencia para el segundo trimestre de 2025, lo que fue ratificado en la última reunión. Algunos analistas consideran que esta posposición va en detrimento de la credibilidad, ya que resulta un tanto incoherente que el Banco posponga su propia meta cuando tiene los instrumentos para mantenerla y cumplirla.

Asimismo, como parte de su política de comunicación, el Banco incluye en el comunicado una “guía prospectiva”, que es una orientación para las expectativas de qué esperar para las decisiones futuras. Sin embargo, son verdades de perogrullo poco útiles: “En las siguientes reuniones la Junta evaluará, en función de la información disponible, la posibilidad de ajustar la tasa de referencia” (8 de febrero y lo dijo similarmente el 21 de marzo). No pues sí, grave que no fuera de esa forma.

Finalmente, la Junta tiene lineamientos publicados en su página web sobre la política de comunicación. Sin embargo, deberían revisarse y adecuarse para transmitir públicamente una mayor unidad y prudencia de los miembros de la Junta. Debe recordarse que ésta es un cuerpo colegiado, que sus declaraciones “mueven mercados” y que la autonomía es institucional y no con respecto a que cada miembro es independiente para declarar públicamente lo que desee. Así, es recomendable que el Banco de México refuerce en general las reglas y métodos de su política de comunicación.

LA AUTONOMÍA CUMPLE 30 AÑOS
El 1 de abril pasado, la autonomía del Banco de México cumplió 30 años. Esto es digno de conmemorar, ya que la independencia del banco central fue un cambio institucional para eliminar cualquier injerencia política en el proceso de las decisiones monetarias. Como en su momento lo demostraron los bancos centrales de Nueva Zelanda y Alemania, entre otros, la autonomía permite cumplir en forma más eficaz con el objetivo principal de lograr el control duradero de la inflación.

En 1992 el ambicioso programa de reformas estructurales impulsado por el presidente Salinas seguía su curso. Se estaba ya negociando el TLCAN, se llevó a cabo un programa de liberalización financiera y se había concluido la reprivatización de la banca. El entonces director general del Banco, Don Miguel Mancera, junto con el secretario Aspe de la SHCP, le plantearon a Salinas culminar el proceso de reformas dotando al banco central de autonomía.

No fue difícil convencerlo, y Don Miguel convocó, con todo sigilo, a un grupo de trabajo para diseñar los cambios constitucionales necesarios, así como redactar una nueva ley para la institución. Fue un grupo compacto de funcionarios del Banco que lideró el abogado Roberto del Cueto (+), los también abogados Francisco Borja Martínez (+) y Javier Arrigunaga, y por la parte económica Agustín Carstens.

El Banco de Chile fue el primero de América Latina en obtener su independencia en diciembre de 1989. Su primer gobernador fue Andrés Bianchi, quien fue incorporado al grupo para beneficiarse de la experiencia chilena. Una vez finalizados los borradores, Salinas mismo movilizó el cabildeo en el Congreso para consensar las iniciativas, aunque éste era de mayoría priísta.

Se modificaron los artículos 28, 73 y 123 de la Constitución y el Decreto de ley fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 23 de diciembre de 1993, entrando en vigor el 1 de abril de 1994. Integraron la primer Junta de Gobierno Miguel Mancera como gobernador y como subgobernadores G. Prieto Fortún (presidente de la CNBV), F. Gil Díaz (Subsecretario de SHCP y de larga trayectoria en el Banco) y dos funcionarios formados en la institución, Ariel Buira (+) y Jesús Marcos Yacamán.

Aunque en estos 30 años la meta de inflación del 3% únicamente se alcanzó en 2015 (2.13%) y 2019 (2.83%), la autonomía ha funcionado bien con una razonable transparencia y rendición de cuentas, dos pilares de la independencia. Además, el régimen monetario se sostiene sólidamente en el trípode del esquema de objetivos de inflación, la autonomía y la flexibilidad del tipo de cambio.

Hacia adelante, la autonomía podría mejorar a través de: acortar el periodo a una semana para dar a conocer las minutas de la decisión; trasladar la Comisión de Cambios al Banco; dar a conocer con mayor detalle los modelos de pronóstico que se utilizan; mejorar su política de comunicación; y, para sellar, un mayor compromiso, considerar un intervalo de variabilidad de 1.5% a 3.5% para la meta de inflación en vez del actual 2%-4%. Pero NUNCA considerar el mandato dual de estabilidad de precios y promoción del crecimiento económico, lo que sería muy inconveniente pues son dos objetivos que en un momento dado entran en conflicto entre sí.

En 2025 el Banco de México cumplirá 100 años. El mejor regalo de aniversario que el Banco puede obsequiarle a la sociedad es cumplir con la meta del 3%.
* Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

Versión revisada y ampliada de las publicaciones en El Economista: “Banco de México: no hay que aflojar… aún” del 26 de marzo de 2024 y “30 años de autonomía del Banco de México” del 2 de abril de 2024.
X: @frubli
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