Lejos de ser un encuentro meramente declarativo, el evento evidenció una convergencia poco común entre autoridades, banca comercial y organismos internacionales: transformar el crédito, acelerar la digitalización y blindar la integridad del sistema ya no son metas a largo plazo, sino condiciones de supervivencia para detonar el desarrollo económico.
EL GRAN CONSENSO: MÁS CRÉDITO PARA CRECER
Uno de los mensajes más reiterados durante la Convención fue la urgencia de expandir el crédito al sector privado. Actualmente, el financiamiento interno representa apenas el 38% del PIB, una cifra baja frente a economías similares. El compromiso entre la banca y el gobierno de elevar este nivel hacia el 45% del PIB constituye uno de los acuerdos más relevantes de la jornada.
La Secretaría de Hacienda trazó un diagnóstico claro: existen fundamentos macroeconómicos sólidos (reservas robustas, estabilidad, capitalización), pero persiste un rezago estructural en inversión productiva. La conclusión gubernamental es directa: sin crédito no hay inversión, y sin inversión no hay crecimiento.
Desde la banca, sin embargo, el debate fue más matizado: ¿el crédito detona el crecimiento o es un reflejo de este? Ante esta interrogante, la estrategia apunta a una acción simultánea: incentivar agresivamente el financiamiento mientras se exige certidumbre para la inversión.
PYMES Y NEARSHORING: EL ESLABÓN CRÍTICO
La banca ha entendido que el nearshoring no opera en el vacío; requiere un ecosistema de proveedores locales debidamente fondeados, predominantemente pequeñas y medianas empresas (Pymes). La inyección de 27 mil millones de pesos anunciada por BanCoppel —con respaldo de la banca de desarrollo— es un claro síntoma de este cambio de paradigma que busca fortalecer la base productiva del país.
Este enfoque cobra urgencia frente al impasse en decisiones de inversión señalado por diversos analistas, motivado por la incertidumbre ante la próxima revisión del TMEC. En este entorno, un financiamiento accesible y oportuno es la frontera entre capitalizar la relocalización o perder una oportunidad histórica.
DIGITALIZACIÓN: DE ASPIRACIÓN A OBLIGACIÓN ESTRUCTURAL
Si el crédito es el motor, la digitalización es la autopista. La Convención sentenció que la transformación tecnológica ha dejado de ser opcional. Reducir el uso del efectivo exige homologar plataformas como CoDi y DiMo y simplificar las transferencias, un esfuerzo apoyado por las reformas del Banco de México para agilizar los pagos digitales.
Esta evolución tecnológica se ha bifurcado estratégicamente en el sector:
• Hiperpersonalización: Instituciones como Actinver combinan inteligencia artificial y asesoría humana para sofisticar la atención del segmento patrimonial y afluente.
• Masificación e inclusión: Entidades como Banco Azteca demuestran cómo la tecnología puede escalar de forma masiva procesando millones de transacciones, llevando cobertura a zonas que carecen de infraestructura bancaria física.
Al mismo tenor, desde presidencia se menciona que los pagos en casetas y en gasolineras tendran que ser por via electronica. Un paso decidido en el camino de reducir el uso del efectivo y en la fiscalizacion en consecuencia.
INNOVACIÓN FINANCIERA: TOKENIZACIÓN, FINTECH Y NUEVOS MODELOS
El debate sobre el futuro del dinero puso a la tokenización de activos en el centro de la mesa, destacando su potencial para inyectar eficiencia y reducir riesgos en los mercados. El gran desafío radica en que, por su naturaleza transfronteriza, exige una profunda coordinación internacional y estándares globales compatibles.
Paralelamente, el ecosistema fintech y los neobancos consolidan su tracción.
Ejemplos como EFEX, enfocado en modernizar la tesorería corporativa para operaciones internacionales, evidencian que la innovación ya no se limita al consumidor final, sino que está reconfigurando las entrañas del sistema financiero empresarial.
INCLUSIÓN FINANCIERA Y SOSTENIBILIDAD: LA AGENDA AMPLIADA
El sector reafirmó que la intermediación de recursos debe ir de la mano con el desarrollo social y ambiental:
• Inclusión: Sigue siendo un pilar fundamental, con diversas instituciones destacando su rol social al operar como la única vía de acceso al sistema formal en cientos de municipios marginados.
• Sostenibilidad: Ha madurado hacia un eje de negocio. Grupos como Gentera enfatizaron que la integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la gestión de recursos es hoy un requisito indispensable para la viabilidad a largo plazo.
EL FRENTE REGULATORIO: LA DUALIDAD DEL SISTEMA
El entorno de cumplimiento y supervisión se ha vuelto más complejo, marcando una clara dualidad en las prioridades regulatorias:
• Simplificación fiscal: El SAT y el gobierno federal impulsan reformas al Código Fiscal de la Federación y nuevas herramientas preventivas para reducir la fricción con los contribuyentes y facilitar el pago de créditos.
• Mayor escrutinio: La presión de organismos como el GAFI y autoridades estadounidenses exige robustecer los sistemas de prevención de lavado de dinero, obligando al sector bancario a adoptar una estricta autorregulación para blindar su integridad institucional.
Durante la Convencion, se llevaron a cabo varias juntas con OFAC, de lo cual sin duda derivaran temas de seguimiento, los cuales deberan ser mejor coordinados por las autoridades para evitar que no se repitan casos como el de Intercam o CI Banco.
ESTABILIDAD MACROFINANCIERA: CONDICIÓN NECESARIA, NO SUFICIENTE
El «amortiguador» de las reservas internacionales de México brinda tranquilidad, pero el contexto global sigue inyectando volatilidad. La cautela obligada del banco central —frente a la política monetaria en EE. UU., los precios de los energéticos y las presiones inflacionarias— limita el margen para estimular la economía desde la política pública, dejando al crédito privado con la enorme responsabilidad de ser el principal motor de reactivación.
DE LA ESTABILIDAD A LA TRANSFORMACIÓN
La 89ª Convención Bancaria deja un mandato irrevocable: México ha consolidado un sistema financiero sólido, pero ahora debe hacerlo dinámico, inclusivo y tecnológicamente de vanguardia.
El consenso entre autoridades y banqueros es un punto de partida invaluable, pero su materialización dependerá de una ejecución impecable y visión a largo plazo. En última instancia, el desafío no es menor: transformar la estabilidad ganada en un crecimiento sostenido. El sistema financiero mexicano ha levantado la mano y parece estar listo para asumir su papel como motor. La verdadera prueba de fuego será si el entorno macroeconómico y el ecosistema regulatorio logran acompañar este esfuerzo con la misma velocidad y determinación, antes de que la ventana de oportunidad global se cierre.
* Presidente del Colegio Nacional de Consejeros Profesionales Independientes de Empresa. Consejero Independiente de diversas entidades corporativas, reguladas y no reguladas, y lucrativas y no lucrativas. Tesorero del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Ex vicepresidente de Política Regulatoria de la CNBV.
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