La inflación en México ha disminuido considerablemente respecto de los niveles alcanzados después de la pandemia. Sin embargo, la discusión sobre política monetaria no termina con esa mejoría. La pregunta es si el Banco de México puede contribuir a una economía más dinámica sin comprometer su responsabilidad fundamental: preservar el poder adquisitivo de la moneda.
Por Edgar H. Esquivel
El artículo 28 constitucional establece que la estabilidad del poder adquisitivo es el objetivo prioritario del banco central. La Ley del Banco de México añade otras finalidades: promover el sano desarrollo del sistema financiero y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas de pagos. No le asigna una meta independiente de crecimiento o empleo, como ocurre con la Reserva Federal estadounidense. Pero tampoco le exige ignorar las condiciones de la actividad económica.
La diferencia es importante pues Banxico debe considerar los efectos de las tasas de interés sobre el consumo, el crédito y la inversión al decidir cómo conducir la inflación hacia su objetivo. Considerar esos efectos no equivale a adoptar un doble mandato, sino reconocer que la política monetaria actúa sobre la economía real y que sus decisiones implican costos y plazos.
Según el INEGI, en septiembre de 2026 la inflación general fue de 3.45% anual, frente a 3.26% en agosto. La subyacente, que excluye productos agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, disminuyó de 3.88% a 3.75%. en esta, las mercancías (alimentos procesados, bebidas, ropa y otros bienes de consumo) registraron 3.21%, mientras que los servicios (vivienda, educación, restaurantes y servicios de transporte) aumentaron 4.27%.
Por su parte, la inflación no subyacente se ubicó en 2.45% anual, aunque sus componentes mostraron diferencias importantes: los productos agropecuarios registraron 0.79%, frente a 3.81% en energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno. Así, mientras la inflación subyacente disminuyó, la general aumentó ligeramente y los servicios continuaron registrando incrementos superiores al 4%. Estas diferencias muestran que la inflación todavía presenta presiones que deben considerarse en las decisiones de política monetaria.
Banxico tampoco controla todos los determinantes de los precios. Los productos agrícolas y energéticos pueden registrar cambios por factores climáticos o internacionales. Su herramienta principal, la tasa de interés, influye sobre la demanda y las expectativas con rezagos. Por eso, evaluar su desempeño exige distinguir los choques que no puede evitar de la respuesta monetaria que sí le corresponde administrar.
En septiembre, Banxico mantuvo su tasa de referencia en 6.50%. La decisión de mantenerla o reducirla debe responder a la evolución de los precios y no solamente a la debilidad de la actividad económica. Aunque la inflación general se aproxima al 3%, los servicios todavía registran aumentos superiores al 4%.
Además, según la encuesta de Banxico de septiembre, la mediana de la expectativa de inflación general para los siguientes 12 meses fue de 4.16%. En estas condiciones, nuevos recortes requieren evidencia de que las presiones inflacionarias continúan disminuyendo. De lo contrario, una reducción prematura de las tasas podría retrasar la convergencia de la inflación hacia el objetivo.
La inflación general se ha acercado a la meta, pero la persistencia de presiones en servicios y las expectativas superiores al 4% muestran que el proceso de desinflación aún no concluye.
Banxico debe considerar los efectos de sus decisiones sobre la actividad económica, sin perder de vista su objetivo prioritario. El crecimiento sostenido, por su parte, requiere de mayor inversión, productividad y condiciones favorables para la actividad empresarial, ámbitos que exceden las facultades del banco central.
*Economista
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

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