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El conflicto en Medio Oriente está reconfigurando el panorama financiero global más allá del mercado energético. El aumento de la incertidumbre geopolítica ha elevado las expectativas de inflación, presionado los rendimientos de la deuda soberana a máximos de varias décadas y obligando a los bancos centrales a reconsiderar el rumbo de la política monetaria.

El resultado de la primera quincena de enero sugiere que la inflación está mostrando un mejor desempeño y podría cerrar en 3.9% anual en diciembre de 2025, acercándose cada vez más al objetivo del 3% del Banco de México. Con esto, Banxico podría seguir recortando la tasa de interés.
La tregua entre Washington y Teherán eliminó la prima de riesgo geopolítico y arrastró al petróleo a su peor trimestre desde la pandemia. Además, la reactivación de exportaciones del Golfo Pérsico ya genera un superávit en mercados asiáticos, con la curva de futuros del Brent en contango por primera vez desde 2023. En paralelo, la cohesión interna de la OPEP+ se fractura ante la amenaza de Irak de abandonar la organización tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos en mayo.