Ponencia IMEF 2025, una propuesta para que todos participemos

La Ponencia IMEF 2025 se propuso desarrollar una investigación profunda bajo el tema “Educación financiera e inclusión como elementos para el desarrollo económico”, con el propósito de ofrecer un diagnóstico, herramientas y propuestas que impulsen la participación equitativa de todas las personas en la economía nacional. Este artículo presenta la razón de ser de la Ponencia y lo que se espera de este trabajo en el que participaron 30 especialistas.
Por Roberto Arechederra
El resultado de la Ponencia IMEF 2025 es un esfuerzo colectivo que refleja una convicción compartida: educar para incluir. Su estructura es una visión integral y práctica que abarca: punto de partida para una estrategia integral; inclusión financiera en la era digital; educación financiera con visión incluyente; el papel de las empresas públicas y privadas; así como propuestas y herramientas para el futuro.

Esta visión se debe a que más allá de las cifras o los conceptos técnicos, la educación financiera implica comprender los factores sociales, emocionales y culturales que influyen en las decisiones económicas, porque la inclusión financiera no es solo acceso a servicios financieros, sino al conocimiento, confianza y posibilidad de construir un futuro con equidad.

DECÁLOGO DE LA EDUCACIÓN E INCLUSIÓN FINANCIERA

Como resultado de la aportación de los 30 colaboradores en los cuatro capítulos que abarcó la obra, en el quinto se pudo elaborar un Decálogo de la Educación e Inclusión Financiera el cual se dividió en cuatro ejes transversales: educación, tecnología, grupos vulnerables y sector productivo para transitar hacia un ecosistema financiero más incluyente, resiliente y dinámico que contribuya a tener igualdad de oportunidades para poder construir un patrimonio y formar parte del camino hacia la movilidad económica.

La razón es que el destino económico de los mexicanos parecería estar fuertemente condicionado por el origen social; sin embargo, saber “usar” el sistema económico puede asociarse más estrechamente con la inclusión financiera y la acumulación de activos que el simple acceso heredado, por lo tanto, la educación es fundamental para romper el patrón heredado.

Respecto a los grupos vulnerables, las investigaciones sugieren grandes diferencias correlacionadas con género, región, nivel educativo, condiciones físicas y acceso tanto a educación como a inclusión financiera. Bajo esta heterogeneidad, una “receta única” difícilmente proveería las capacidades y herramientas necesarias para una participación financiera acorde con las necesidades de cada grupo, por ello, para atender a los grupos vulnerables se requiere establecer estrategias dirigidas que aborden una inclusión real, duradera y transformadora.

La tecnología contribuye a ese objetivo, entre otros más porque en la era digital, la inclusión financiera ha dejado de ser una aspiración periférica para convertirse en un componente estratégico para el desarrollo económico y social de México; por lo tanto, el uso de la tecnología debe entenderse como el medio para ser más eficientes en la vida financiera, aprovechando la data generada, los productos personalizados y la comparación customizada para maximizar la rentabilidad financiera.

De ahí que la tecnología se convierta en el camino y vehículo, es decir, sea fundamental para educar, atender a la población dentro de la economía formal e informal y a los grupos vulnerables con la colaboración del sector productivo, porque en las empresas se tiene la gran tarea de aportar acciones y programas para que lo que empiece como inclusión se inserte en las dinámicas individuales y colectivas y se vuelva una cultura financiera.

Por lo anterior, la educación e inclusión financiera representan una valiosa oportunidad para que los empresarios materialicen su compromiso con la comunidad y el desarrollo de un México inclusivo donde nadie se quede atrás. El legado y la trascendencia de las empresas se da a través de las personas, de ahí que la contribución de las empresas sea fundamental.

Por lo anterior, las propuestas del Decálogo para la Educación e Inclusión Financiera son:

1 Educación financiera desde edades tempranas en los planes escolares, así como capacitación continua para adultos, especialmente en poblaciones vulnerables, mediante programas comunitarios innovadores y alianzas público-privadas.

2 Medir y evaluar constantemente con indicadores claros el avance en educación e inclusión financiera, más allá del simple número de cuentas abiertas. Incluir aspectos sociales, emocionales y culturales que en conjunto permitan medir el avance en la inclusión financiera en el país.

3 Incorporar la educación financiera como habilidad transversal en la educación formal, de manera curricular y secuencial en todos los niveles educativos y con progresión de contenidos, así como evaluación formativa.

4 Desarrollar planes de educación financiera en los que las condiciones comunitarias y personales —por ejemplo, de la población indígena— sean la base para adecuar contenidos y atender su realidad, además de desarrollar métricas que permitan evaluar los avances y, en su caso, redireccionar la estrategia.

5 Diseñar estrategias con una perspectiva de género con contenidos que aborden las barreras específicas que enfrentan las mujeres, promover programas que aprovechen sus redes de confianza y asegurar que los productos financieros estén diseñados para sus necesidades. El objetivo es cerrar activamente las brechas que hoy limitan el potencial de la mitad de la población.

6 Construir entornos laborales realmente inclusivos para las personas con discapacidad que les permitan contar con espacios seguros y accesibles donde cada persona pueda ser vista en su valor, más allá de su condición. Para ello se requiere una transformación cultural profunda, en la que el respeto, la empatía y la colaboración sean competencias esenciales y no opcionales que generen un puente entre la diversidad y la pertenencia indispensable para una inclusión real, duradera y transformadora.

7 Incorporar las innovaciones tecnológicas en productos y servicios que permitan la inclusión financiera de una forma más fácil y a un costo más bajo. Para ello se requiere que las autoridades financieras evolucionen para que la regulación avance al ritmo de la innovación y no se convierta en su freno.

8 Aumentar la confianza en los nuevos canales tecnológicos a través de la ciberseguridad y la protección de datos con una visión audaz, colaborativa y centrada en las comunidades que se busca servir.

9 Desarrollar al interior de las empresas programas de educación financiera que introduzcan a los conocimientos básicos sobre el tema de finanzas personales, así como desarrollar programas en los que se exploren los diferentes tipos de créditos para obtener vivienda y los beneficios de los seguros, además de mostrar los principales conceptos de deducciones y percepciones en la nómina y su cálculo para administrar de forma productiva los recursos obtenidos.

El objetivo es que los trabajadores puedan planear y administrar de manera eficiente y productiva los recursos obtenidos del trabajo personal en beneficio propio y de la familia.

10 Impulsar una estrategia nacional de educación en gobierno corporativo dirigida tanto a pequeñas y medianas empresas como a familias empresarias para sensibilizar sobre la relación directa entre gobernanza y acceso a financiamiento, de tal forma que puedan acceder a nuevos mercados aprovechando las ventajas que ofrecen.

CONDICIONANTES
Este Decálogo implica un diálogo permanente, la corresponsabilidad institucional y la convicción compartida de que la inclusión financiera es también inclusión social.

El IMEF tiene un papel clave: ser puente entre empresas, gobierno, academia y sociedad civil para transformar estas propuestas en políticas públicas tangibles. Con visión de futuro y compromiso con el país se puede lograr una mayor inclusión financiera para garantizar que más familias y empresas mexicanas tengan acceso a las oportunidades que merecen.

El IMEF reconoce que la colaboración entre los sectores público y privado es esencial para generar cambios de largo alcance. En países como Canadá y Singapur las alianzas estratégicas con bancos, universidades y empresas han demostrado ser exitosas, con un 75% de la población mostrando mejoras en la comprensión financiera, por lo tanto, es indispensable que el sector privado, desde las empresas hasta las instituciones educativas, se sumen a este esfuerzo para generar un impacto real y sostenido. Esta es la propuesta de la Ponencia IMEF 2025 que puedes consultar aquí.

“Educación e inclusión financiera son dos acciones que en el IMEF consideramos necesarias para fortalecer a los individuos y a las empresas para que en conjunto sean parte del desarrollo económico de México”.

Gabriela Gutiérrez Mora, Presidenta Nacional del IMEF
*Presidente de Ponencia IMEF 2025
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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