¿Por qué los organismos operadores de agua no son financieramente autosuficientes?

Los organismos operadores de agua se enfrentan a diferentes factores como la falta de medición y facturación, no cobrar por el servicio, así como tarifas insuficientes para cubrir costos, por lo que les es difícil responder ante situaciones de estrés hídrico y escasez como las que estamos viviendo.
Por Hugo Briseño Ramírez
La gestión del agua en las ciudades mexicanas se lleva a cabo a través de organismos operadores, que son entidades cuya función es entregar agua a la mayor cantidad de población a los menores costos y desperdicios posibles, pero en muchos casos, estos organismos no generan los recursos suficientes para cubrir los costos operativos de prestar el servicio. Es decir, la recaudación por metro cúbico no es suficiente para pagar el costo de producción de dicho metro cúbico.

Y en los casos en los que sí se logra pagar los costos operativos, el organismo no cuenta con los recursos suficientes para invertir en la infraestructura que le permita asegurar proveer el servicio en el largo plazo o rehabilitar las redes de distribución. Este problema financiero que tienen los organismos operadores se debe a diferentes factores entre los que destacan: falta de medición y facturación, no cobrar por el servicio y tarifas insuficientes para cubrir costos.

En cuanto a la falta de facturación, en promedio más del 40% del agua que entra al sistema no se factura porque no se mide, porque es robada en tomas clandestinas o simplemente porque se tira en las redes de distribución. Al no facturar el agua no se cobra a los usuarios, generando un consumo excesivo y afectando las finanzas de los organismos.

Respecto a la cobranza, la eficiencia comercial es aproximadamente 75%, lo que significa que de cada metro cúbico que se factura, solo se cobran tres cuartas partes en promedio. Sin embargo, existen algunos organismos que cobran menos de la mitad de lo que se factura, llegando a haber casos en los que solo se cobra una tercera parte. No cobrar el agua implica que el organismo tenga menos recursos financieros para hacer frente a la operación que es cada vez más onerosa por el incremento en los costos de la electricidad, entre otros.

Otro aspecto para considerar es la ausencia de castigo al no pago. Si bien es cierto que en algunas ciudades ya se colocan reductores para que la gente reciba menos agua si no pagó por el servicio, existen muchas ciudades en las que no hay consecuencias por no pagar. Lo anterior genera que a algunas personas se les haga fácil no llevar a cabo su pago debido a que no hay consecuencias. Muy diferente a lo que sucede con el consumo de la luz eléctrica, que si no se paga el proveedor puede proceder con cortarla a los usuarios.
En promedio más del 40% del agua que entra al sistema no se factura porque no se mide, porque es robada en tomas clandestinas o simplemente porque se tira en las redes de distribución.
De cada metro cúbico que se factura, solo se cobran tres cuartas partes en promedio. Sin embargo, existen algunos organismos que cobran menos de la mitad de lo que se factura, habiendo casos en los que solo se cobra una tercera parte.

Es importante señalar que es necesario proteger a la población vulnerable que no cuenta con las oportunidades ni recursos económicos para pagar por el agua, pero hay una gran cantidad de personas que pudiendo pagar son morosos o no pagan.

La tarifa es muy relevante en las finanzas del organismo pues una tarifa muy baja incentivará al derroche de agua y propiciará que no ingresen los recursos necesarios para hacer frente a los costos operativos. Dicha tarifa debería ser suficiente para cubrir la producción del agua, así como para la inversión en infraestructura y reparar las fugas. En la mayoría de los casos la tarifa es insuficiente para estos propósitos.

Asimismo, es muy común que la tarifa para uso doméstico (casas) sea muy inferior a la de los usos comercial e industrial, en un fenómeno llamado subsidio cruzado. Es decir, los usuarios comerciales e industriales pagan una tarifa más alta para que el usuario doméstico pague una tarifa más baja. Esta práctica puede tener muchos beneficios para focalizar los esfuerzos de cobranza del organismo y no castigar tanto a los usuarios domésticos. Sin embargo, los riesgos inherentes son que se valore menos el recurso agua y se desperdicie, y que la combinación de efectos deje al organismo con menos ingresos. Es importante analizar que el nivel de subsidio cruzado realmente sea el óptimo para las finanzas de los operadores.

Por lo anterior, es altamente recomendable que los organismos operadores realicen una adecuada medición y facturación del agua que entre al sistema, que traten de cobrar la mayor cantidad de lo que se facture y que tengan una adecuada estructura tarifaria que cubra los costos operativos y de inversión, cuidando siempre a la población vulnerable. Organismos con finanzas sanas serán más resilientes ante situaciones de estrés hídrico y escasez como las que estamos viviendo.
*Secretario de Investigación Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad Panamericana Campus Guadalajara.
hbriseno@up.edu.mx
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