Lo anterior es un panorama frio sustentando en la opinión que el IMEF recoge en la
Encuesta Mensual de Expectativas Económicas, que al mes de diciembre arrojó una expectativa de crecimiento del PIB para 2025 de solo 0.35%. Partiendo de esa proyección el IMEF analizó el
panorama económico para 2026 y lo presentó el 20 de enero en su conferencia de prensa mensual. En este artículo se presenta un resumen.
PANORAMA
Al crecer la población a 0.9% anual, según datos del INEGI, y la economía a una tasa a la mitad, el PIB per cápita en términos constantes decreció en 2025, por lo que las metas de desarrollo económico de la población y de reducción en la desigualdad se ven incumplidas por un crecimiento tan bajo.
La principal razón de la contracción es una
inversión deficiente causada, principalmente, por la
falta de confianza. La inversión fija bruta que refleja la inversión en maquinaria, equipo y construcción, tanto por nacionales como extranjeros, continuó su ritmo descendente.
La gráfica siguiente muestra la dinámica en la inversión fija. Indica 13 meses de bajas continuas con contracciones de entre 8 y 9% anual.
Si bien los flujos de inversión extranjera directa a septiembre sugieren una recuperación gradual (US$13.2 mil millones de dólares), esta sube principalmente por las cuentas entre compañías, que se registran principalmente como préstamos. Habrá que ver si estos montos eventualmente se capitalizan —que es lo más deseable— o acaban repatriándose. Además, hay que tomar en cuenta que el rubro de inversión nueva apenas es el 32% de la IED total.
La
ausencia de crecimiento también afecta la productividad comparada con otros países. Este es un factor que las empresas multinacionales toman en cuenta para la decisión de dónde invertir. Según estadísticas de la
Organización Internacional del Trabajo, México se encuentra en el lugar 90 de 186 naciones, inmediatamente arriba de Cuba y dos lugares debajo de Sudáfrica. En contraste, Uruguay y Chile se encuentran en los lugares 58 y 62 respectivamente.
INFLACIÓN Y CONSOLIDACIÓN FISCAL
El crecimiento del PIB estimado en la Encuesta para 2026 se mantiene estable en 1.3% y se estima en 1.8% para 2027.
Uno de los mayores retos es lograr la convergencia de la inflación con la meta de 3% del Banco de México. Si bien la inflación en 2025 logró ubicarse en el rango de 3% +1% cerrando en 3.69%, la inflación subyacente persiste por encima del 4%.
Es preocupante observar que en la Encuesta para 2026, la expectativa es que la inflación cierre el año en 3.95% y para 2027 en 3.80% debido a la presencia de varios choques que desde enero están impactando a los precios. Entre los principales se encuentran:
Los precios; el ajuste al salario mínimo; el aumento de los costos de logística de transporte de bienes debido a la inseguridad; la falta de competencia en varios sectores y la concentración industrial; los aumentos tributarios como el del IEPS y en general la
incertidumbre de poder mantener la disciplina fiscal y de endeudamiento; así como la política arancelaria.
Estos factores hacen que se perciba un
balance de riesgos para la inflación al alza y que los efectos de segundo orden del crecimiento de los precios pudieran incrementar aún más a la inflación subyacente. Esto sugiere que
el banco central no podrá cumplir su objetivo de 3% fijado para el verano de 2026.
La no convergencia le resta credibilidad al Banco de México, la cual se construyó con mucho esfuerzo y pudo mantenerse durante un par de décadas. Una posposición en lograr la meta de inflación ocasionará una
demora en bajas adicionales a la tasa de interés de referencia, por lo que tanto el gobierno como el sector privado tendrían que pagar intereses más elevados por los créditos contratados.
Los resultados de la encuesta observan estabilidad en los pronósticos de las tasas de interés, el tipo de cambio y déficit de cuenta corriente. Se percibe que
no se espera que el gobierno logre su meta de bajar el déficit tradicional a su meta original de 3% del PIB, manteniéndose alrededor de 4%, lo cual indica que el déficit ampliado permanecerá cerca del 4.5% incrementando sustancialmente el saldo de la deuda gubernamental, que actualmente es superior a un billón de dólares, incluyendo deuda extranjera y local.
EN EL RADAR: MÉXICO, VENEZUELA Y EL PETRÓLEO
En el contexto descrito es importante poner sobre la mesa un tema: Pemex.
¿Qué pasará en caso de que se reactive la industria petrolera de Venezuela y comercie directamente con Estados Unidos?
La pregunta es importante porque tanto México como Venezuela producen cantidades similares primordialmente de petróleo pesado: Venezuela aproximadamente un millón de barriles diarios y México 1.3 millones de crudo sin incluir condensados.
México exporta cada vez menos petróleo y a finales del año pasado exportó aproximadamente 540 mil barriles diarios (mbd), mientras Venezuela exportó alrededor de 750 mbd. México cuenta con 7,500 millones de barriles de reservas probadas, mientras Venezuela reporta poco más de 300 mil millones de barriles. Cabe aclarar que esta cifra no ha sido auditada en varios años, pero los especialistas calculan que cuando menos tiene reservas de 100 mil millones de barriles, 13 veces más que México.
Ambos países tienen que invertir decenas de miles de millones de dólares para aspirar a producir la cantidad que los dos producían hace unos años: poco más de 3.2 millones de barriles diarios. Ese esfuerzo tomaría en materializarse entre 5 y 10 años. Aquí es donde vemos una gran
desventaja de México ante los potenciales cambios que pueden suceder en Venezuela, por ejemplo, que sea más atractivo para la inversión petrolera, ya que México que ha perdido el interés de las petroleras en el pasado y estas han invertido fuertemente en Venezuela.
Si nos remontamos a la época de Porfirio Díaz, para detonar la producción de petróleo por parte de las potencias del sector en esa época, Inglaterra y Estados Unidos, se abandonó el concepto de concesiones y se adoptó la práctica anglosajona de que el propietario de la tierra fuera el propietario de los activos en el subsuelo y el gobierno cobraría un impuesto sobre la producción de crudo.
La estrategia fue un éxito y fuertes cantidades de inversión fluyeron a México que de producir solo 27 barriles de petróleo diarios en 1901 pasó a 530 mil barriles diarios en 1921, convirtiendo a México en el segundo productor de petróleo en el mundo. Pero la inestabilidad en los años de la Revolución Mexicana redujo la inversión y la Constitución de 1917 cambió radicalmente el atractivo del sector al declarar al subsuelo propiedad de la nación.
Las petroleras dejaron de invertir en México y optaron por hacerlo en Venezuela, que ofrecía el mismo esquema de propiedad que había sido tan exitoso en México antes de 1917, por lo que la producción en México se desplomó a 90 mil barriles diarios. La expropiación petrolera de 1938 contribuyó a la baja. México tardaría 53 años en volver a producir la misma cantidad de petróleo que extraía en 1921.
En tanto, la producción en Venezuela creció exponencialmente hasta que el régimen actual cambió el esquema de propiedad y el petróleo pasó a manos del Estado.
Si la situación actual en Venezuela evoluciona en un cambio en los permisos de explotación devolviendo la propiedad a la empresa que lo explota y hay estabilidad política, se
detonarán inversiones masivas.
Mientras tanto, en México desconocemos de dónde vendrán los recursos para restaurar la producción petrolera, ya que el gobierno no tiene capacidad de endeudarse más para invertir en esta actividad.
ES NECESARIO…
El IMEF reitera que la mejor manera de revertir la situación actual del crecimiento económico y la inversión es
ofrecer certidumbre jurídica y regulatoria al inversionista, al igual que lograr una negociación exitosa del TMEC.
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El boletín de presa se puede consultar
aquí.
La conferencia de prensa la puedes ver
aquí.
Para más información sobre el tema del petróleo puede consultarse “Reforma Energética de México: Reviviendo a Lázaro Cárdenas”. Standard & Poor’s Ratings Services, 28 de agosto de 2013.