¿El Brexit fue un error? Respuestas a la distancia

Desde que en 2016 se celebró el referéndum que aprobó la salida de la Unión Europea (Brexit), el Reino Unido ha tenido seis primeros ministros. La dimisión de Keir Starmer vuelve a sacudir a la política británica y reabre, una década después, un debate con muchas preguntas en un mundo donde el proteccionismo se asoma como bandera.
Por Adriana Hernández Castro
El éxito o fracaso de una decisión política no se mide únicamente en términos económicos sino políticos, de soberanía, de preservación de autonomía interna y externa, así como de cohesión social, entre otros. Por lo tanto, ¿desde una perspectiva soberanista el BREXIT podría considerarse un acierto? ¿Una Unión Europea de de 27 miembros es prueba de la madurez institucional alcanzada?

La Paz Perpetua de Imanuel Kant (1795) es uno de los textos literarios fundacionales de las relaciones internacionales como ciencia y disciplina; plantea, entre otras cuestiones, una federación de Estados libres, instituciones comunes, que la cooperación entre naciones puede evitar la guerra, que la paz duradera no dependería únicamente del equilibrio de poder, sino de la existencia de instituciones y mecanismos permanentes de cooperación entre Estados libres.

Alrededor de siglo y medio después de ese texto tras dos guerras mundiales, el mundo, sobre todo Europa, necesitaba un proyecto común para evitar a toda costa los conflictos bélicos, pues la Segunda Guerra Mundial fue la conflagración más sangrienta hasta 1945.

Con ese contexto, en su discurso en 1946 en Zúrich, Winston Churchill habló de la necesidad de construir unos «United States of Europe» («Estados Unidos de Europa»). En su orden de ideas tenía las constantes y variables que muchos años después llevaron a los británicos decidir salir de la Unión Europea. Imaginaba al Reino Unido como un patrocinador del proyecto europeo, más que como un miembro plenamente.

¿FRACASO IDENTITARIO?
Jean Monnet fue el estratega que diseñó el método de integración funcional: unir las economías para hacer la guerra materialmente imposible. Robert Schuman presentó públicamente ese plan el 9 de mayo de 1950, en la Declaración Schuman.

Esta visión excepcionalista de Churchill sobre el país sobrevivió durante décadas y terminó alimentando las tensiones internas del Partido Conservador, que alcanzarían su punto culminante con el referéndum convocado por David Cameron en 2016.

Además, para Churchill la relación con Estados Unidos, la Commonwealth y Europa eran el eje central de su política exterior que vez se centraba más en la relación con Bruselas y dejaba en segundo lugar los otros dos socios políticos, militares y comerciales.

Jean Monet, tenía una frase muy poderosa: Nous ne coalisons pas des États, nous unissons des hommes (No unimos Estados, unimos personas). También dijo: Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis.

Monnet sostenía que Europa avanzaba gracias a las crisis. El Brexit fue la primera gran crisis cuya manifestación inicial fue desintegración: el abandono del proyecto por uno de sus miembros más importantes.

Entre los 27 restantes integrantes después del Brexit hubo mayor coordinación en defensa, emisión de deuda conjunta durante la pandemia, Next Generation EU, más cohesión frente a Rusia, mayor apoyo a Ucrania y mayor impulso a la autonomía estratégica.

Entonces, ¿qué le faltó a la Unión Europea, a sus instituciones, a Reino Unido y a los gobiernos de los 28 estados parte? ¿Qué falló en la política británica? ¿Qué papel tuvo el populismo? ¿Qué responsabilidad tuvieron los medios?

También hay que preguntar: ¿Hasta dónde el Brexit fue consecuencia de décadas de euroescepticismo cultivado deliberadamente? ¿La Unión Europea realmente podía evitarlo? Sobre la idea de Monnet, ¿los británicos alguna vez se sintieron europeos? Quizá el Brexit no fue un fracaso institucional, quizá fue un fracaso identitario.

¿ACCIDENTE O RELACIÓN AMBIVALENTE?
El Brexit no fue un accidente de 2016, fue la culminación de una relación ambivalente entre el Reino Unido y el proyecto europeo que existía desde mucho antes de su adhesión en 1973 que Margaret Tatcher planteó así en 1988: “No hemos reducido el poder del Estado en Gran Bretaña para que vuelva a imponérsenos desde Europa”.

Esta frase muestra que, para una parte importante del Partido Conservador, Bruselas dejó de ser un proyecto de libre comercio y empezó a convertirse en un proyecto político, y ahí aparece la tensión fundamental.

Los conservadores británicos aceptaban el mercado común, la libre circulación de bienes, la competencia económica y rechazaban: la armonización normativa, la cesión de soberanía, el fortalecimiento de las instituciones supranacionales y una posible unión política.

Es decir, el conflicto no era Europa sí o Europa no, sino qué tipo de Europa, por tanto, desde mi punto de vista, aquí está el error de Bruselas, de Cameron y del resto de gobiernos de los Estados miembro de la Unión Europea con respecto al tema: la falta de construcción de identidad europea común. No es casual que tras el referéndum una de las búsquedas más frecuentes en Google en el Reino Unido fuera “What is the EU”.

Más que un problema de acceso a la información, este fenómeno reflejó el escaso grado de apropiación ciudadana del proyecto europeo. Considero que la integración europea fue extraordinaria en lo económico, pero nunca terminó de construir un demos europeo basado en valores compartidos, el ámbito público europeo, las oportunidades conjuntas y el respeto a los derechos fundamentales consagrados en La Carta y en el Tratado de Lisboa, lo cual habría legitimado entre la población la razón de ser del Remain y habría sido un elemento cohesionante más fuerte que la idea nacionalista de salir.

Hay otro aspecto importante que ha sido categorizado como error económico, pero no es así. El Reino Unido no colapsó económicamente como se esperaba, sí tuvo que renegociar con cada Estado los tratados comerciales. 10 años después el Reino Unidos sigue siendo una de las economías más grandes del mundo, un centro financiero global, mantiene un enorme peso diplomático y es un actor militar de primer nivel.

El escenario que algunos pronosticaban no ocurrió. El Office for Budget Responsibility (OBR), el organismo oficial e independiente del Reino Unido encargado de pronosticar la economía y supervisar las finanzas públicas estima que, en el largo plazo, el PIB británico será alrededor de un 4% inferior al que habría alcanzado de haber permanecido en la Unión Europea. Esto no quiere decir que haya perdido, sino que no ha alcanzado el crecimiento debido al Brexit.

Empero, el objetivo principal de muchos votantes nunca fue maximizar el PIB, los británicos querían recuperar soberanía legislativa, reducir la inmigración, dejar de estar sujetos a las instituciones europeas, negociar sus propios acuerdos comerciales, dejar de “pagarle a Europa”.

EL PRECIO DE RECUPERAR SOBERANÍA
El éxito o fracaso de una decisión política no se mide únicamente en términos económicos sino políticos, de soberanía, de preservación de autonomía interna y externa, así como de cohesión social, entre otros. Por lo tanto, ¿ese 4% fue el precio de recuperar soberanía? Desde una perspectiva soberanista podría considerarse un acierto.

Por otro lado, según YouGov (junio de 2026) el 57% de los ciudadanos del Reino Unido considera que fue un error y solo 29% que fue la decisión correcta. De lo anterior, me atrevo a decir que el error no se centra en el Remain del Partido Laborista, el Liberal Demócrata, el Partido Nacionalista Escocés o el Partido Verde, sino en que ningún gobierno consiguió construir un consenso político sobre qué significaba realmente el Brexit una vez ejecutado.

DE PRIMER MINISTRO EN PRIMER MINISTRO
Theresa May no pudo aprobar su acuerdo, Johnson redefinió el Brexit, Liz Truss casi provoca una crisis financiera, Rishi Sunak intentó estabilizarlo y ahora Starmer llega con otra aproximación. Quizá el problema sea el sistema electoral británico.

El Brexit no fracasó —si se le puede considerar fracaso— porque Reino Unido abandonara la Unión Europea; fracasó porque ningún gobierno británico logró transformar el resultado del referéndum en un proyecto político estable y porque ni el consciente colectivo global, ni la propia UE contempló una salida real de un miembro tan importante.

Sin embargo, el Brexit es la mejor demostración de que la Unión Europea no es una prisión de Estados parte. La integración europea es voluntaria y también lo es la salida. Ningún tanque fue enviado a Londres, ningún tratado fue suspendido por la fuerza. Se siguió el procedimiento previsto en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.

Esto, desde la óptica jurídica e institucional, es un éxito del propio sistema: cuando una institución permite incluso la salida ordenada de uno de sus miembros sin romper la paz, demuestra parte de su fortaleza.

El Brexit terminó reafirmando la permanencia de los otros 27 Estados miembros en el proyecto europeo, lo cual le da certeza a las inversiones y al comercio de terceros países para continuar sus operaciones comerciales con acceso a 27 mercados; lo que constituye quizá la mayor prueba de la madurez institucional alcanzada por la Unión Europea.
*Académica de la Universidad Panamericana Campus Guadalajara.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

Suscríbete a IMEF News

Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

Te puede interesar

Trump ‘amenaza’ a China e India con nuevos aranceles… para ‘empujar’ a Putin a negociar con Ucrania

El presidente Donald Trump dijo a los funcionarios europeos que está dispuesto a imponer nuevos aranceles radicales a India y China para empujar al presidente Vladimir Putin a la mesa de negociaciones con Ucrania, pero solo si las naciones de la Unión Europea también lo hacen.

Proveedor, socio clave en la estrategia del negocio

Calidad, tiempo de entrega y precio generan confianza y relaciones a largo plazo, por lo tanto, es lo que un CFO debe considerar en torno a los proveedores para contar con flujo de efectivo y ser rentables, dos de sus encomiendas ahora que ya no solo se ocupa de la actividad financiera, sino que es un estratega en el negocio.

¿El Brexit fue un error? Respuestas a la distancia

Desde que en 2016 se celebró el referéndum que aprobó la salida de la Unión Europea (Brexit), el Reino Unido ha tenido seis primeros ministros. La dimisión de Keir Starmer vuelve a sacudir a la política británica y reabre un debate con muchas preguntas en un mundo donde el proteccionismo se asoma como bandera.

Desaceleración adicional de la economía: Encuesta mensual de expectativas IMEF

La encuesta de marzo muestra una desaceleración adicional de la economía. La proyección de crecimiento del producto interno bruto arroja una mediana de únicamente 0.6% contra 1% el mes anterior.

Crecimiento sólido: Indicador IMEF

Los indicadores IMEF Manufacturero y No Manufacturero de septiembre sugieren que prevalece el buen dinamismo económico registrado desde inicios de 2023. Así, la economía cierra el tercer trimestre de este año en expansión, consolidando el impulso registrado en los dos primeros meses del 3T23.

Balance primario deficitario

De acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica enviados por el presidente López al Congreso de la Unión, el gobierno plantea un gasto neto de nueve billones de pesos, incurriendo en un flujo de financiamiento neto de 1.9 billones (5.4% del PIB) para cubrir el déficit, con lo cual el saldo de los requerimientos financieros del sector público llegaría en 2024 a 16.9 billones de pesos, representando el 48.8% del PIB y 6 billones de pesos más que el saldo al final de 2018.