En el transcurso de apenas dos semanas, el mercado financiero estadounidense experimentó uno de sus giros narrativos más abruptos del año.
Hasta hace poco, los mercados descontaban una alta probabilidad de alza de tasas por parte de la Reserva Federal en su reunión de septiembre. Hoy, tras una combinación de datos de empleo e inflación que apuntan en sentido contrario, esa expectativa se ha revertido de forma significativa.
El primer catalizador fue el reporte de empleo de julio.
Las nóminas no agrícolas contrajeron 23,000 empleos, el primer dato negativo en más de dos años, mientras el crecimiento salarial se desaceleró a su ritmo más lento en casi cinco años. El mercado laboral, que había sido el principal argumento para sostener una postura restrictiva, comenzaba a mostrar debilidad.
En consecuencia, el mercado recalibró sus expectativas con la probabilidad de que el Fed mantenga tasas sin cambio en septiembre saltando a 56%, desde menos de 30% apenas dos semanas atrás.
Además, se retrasaron las apuestas de un alza de 25pb de diciembre a enero de 2025, en uno de los giros de expectativas más veloces del ciclo actual.
El segundo catalizador fue el reporte de inflación de julio.
El IPC subió 0.1% mensual y 3.4% anual, por debajo del 3.5% registrado en junio. La inflación subyacente (que excluye alimentos y energía) avanzó 0.2% mensual, con la variación anual moderándose a 2.5 desde 2.6%. Las cifras confirmaron que el proceso desinflacionario continúa su curso pese al choque energético derivado del conflicto en Medio Oriente. Los precios del petróleo se mantienen elevados, con el Brent cerca de 90 dólares por barril.
Estos movimientos se trasladaron con nitidez a la curva de Treasuries.
El extremo corto registró un mejor desempeño en el mes con una ganancia de 12pb, respondiendo directamente a la menor probabilidad de un alza en septiembre. Sin embargo, los plazos largos registraron pérdidas impulsados por mayores alzas en el componente real.
El resultado fue una curva más empinada que refleja dos narrativas simultáneas: alivio en el corto plazo ante la pausa del Fed, y cautela en el largo plazo ante un ciclo económico cuya trayectoria genera dudas.
A mayor detalle, el diferencial entre los Treasuries de 2 y 10 años repuntó a niveles no vistos desde abril de 52pb.
En este contexto, el Fed mantuvo la tasa en 3.50-3.75% por quinta reunión consecutiva en julio, aunque tres miembros votaron a favor de un alza inmediata,
señal de que la división interna persiste. El presidente Kevin Warsh tiene margen para esperar, pero ese espacio se acota si la inflación de agosto repunta o el mercado laboral se deteriora más de lo previsto.
El mercado recibirá un reporte adicional de empleo e inflación antes de la reunión del 16 de septiembre,
lo que mantiene el desenlace genuinamente abierto. De igual manera será clave el simposio de Jackson Hole.
La política monetaria no se define por tendencias, sino por datos.
En un ciclo donde las tensiones geopolíticas pueden reactivar la inflación en cualquier momento y donde el empleo muestra primeras señales de debilitamiento, la volatilidad prevalecerá en los mercados financieros con los activos altamente sensibles a cualquier ajuste en ambos frentes.
*Subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.
Twitter: @LeslieOrozcoV
LinkedIn: Leslie Orozco
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