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La confrontación entre Estados Unidos y China se ha convertido en la rivalidad estratégica definitoria del siglo XXI que trasciende las disputas comerciales y las diferencias ideológicas, reflejando más bien una profunda transición estructural de poder en el orden global.

2026 estará caracterizado por precios bajos en un entorno de persistentes balances en superávit. La OPEP+ mantendrá una postura defensiva mientras el shock venezolano aporta más volatilidad que barriles en el corto plazo; la curva de futuros refleja un mercado sin catalizadores para revertir la tendencia bajista.
La tregua entre Washington y Teherán eliminó la prima de riesgo geopolítico y arrastró al petróleo a su peor trimestre desde la pandemia. Además, la reactivación de exportaciones del Golfo Pérsico ya genera un superávit en mercados asiáticos, con la curva de futuros del Brent en contango por primera vez desde 2023. En paralelo, la cohesión interna de la OPEP+ se fractura ante la amenaza de Irak de abandonar la organización tras la salida de los Emiratos Árabes Unidos en mayo.