La Nueva Ruta de la Seda en la disputa por el poder global

La expansión y reconfiguración de rutas logísticas en la cadena de suministro refleja una lógica de seguridad económica y proyección de poder que reconfigura el sistema internacional, acelerado por el actual conflicto en Oriente Medio que expone los retos estructurales de economías interdependientes como la mexicana.
Por Adriana Hernández Castro
El sistema internacional actual presenta una reconfiguración del poder global en la que la rivalidad persiste, pero bajo condiciones distintas: interdependencia económica profunda entre bloques, multiplicidad de actores relevantes y, sobre todo, nuevos dominios de competencia (tecnología, datos, desarrollo de IA y energía).

Esto, desde mi punto de vista, me lleva a plantear la hipótesis de una nueva Guerra Fría o Guerra Fría 3.0 caracterizada por el control de nodos críticos del comercio global. Aunque el concepto resulta insuficiente para explicar la complejidad actual donde la interdependencia económica coexiste con rivalidad estratégica entre líderes de Occidente y Asia.

Con esta rivalidad nos enfrentamos al fin de la premisa neoliberal: la apertura de los mercados. Ahora estamos en una arquitectura logística de poder, entendida como el control estratégico de nodos críticos del comercio global —puertos, rutas, estrechos y corredores— con el objetivo de proyectar influencia geoeconómica y reducir vulnerabilidades. La nueva época es geopolítica y la Nueva Ruta de la Seda es una estrategia.

Al igual que la antigua ruta comercial marítima, la Nueva Ruta de la Seda tiene como objetivo vincular a China con Europa, Medio Oriente, África. La ambiciosa iniciativa lanzada por Xi Jinping en 2013 bajo el nombre de «Franja y Ruta de la Seda” es la conexión de China con el resto del continente Euroasiático, y si bien puede resultar costosa y difícil, va camino de ser una realidad pues China ya ha construido algunos puertos en parte del recorrido.

RECONFIGURACIÓN ESTRATÉGICA
La presión que ejerce la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel en contra de Irán tiene efecto sobre el comercio internacional y la economía global. La presión que ejercen los enfrentamientos armados sobre los mercados y los precios en todas las cadenas de suministro han acentuado la necesidad de China de intensificar su inversión en la implementación de la Nueva Ruta de la Seda.

A China le urge reducir las vulnerabilidades que las guerras han expuesto: es dependiente energéticamente del comercio internacional de crudo y gas natural, ya que importa alrededor del 74% del petróleo que consume y 60% del gas, mientras que Estados Unidos cubre más del 100% de su demanda y es exportador neto de energía desde 2019; es decir, tiene soberanía energética estructural por lo que puede usar al petróleo como herramienta geopolítica.

Estados Unidos proyecta poder desde la autosuficiencia, la imposición de aranceles y la amenaza militar; China desde la la especialización industrial y tecnológica, la eficiencia en clústeres industriales y la aceleración de las inversiones en el desarrollo de distintos puertos en países periféricos o estratégicos fuera del núcleo occidental para sus rutas logísticas ya que no domina el Canal de Ormuz, ni el Estrecho de Malaca.

China ha financiado aproximadamente 363 proyectos portuarios en 90 países entre el año 2000 y 2025. Las inversiones se concentran en el Océano Índico, Mar Rojo, África Occidental y América del Sur (Chancay, Perú) con el objetivo estratégico de controlar rutas comerciales, reducir vulnerabilidad logística y crear corredores alternativos a chokepoints.

Los riesgos refuerzan la estrategia de China y la necesidad de diversificación con más corredores estratégicos, lo que explica la necesidad de Estados Unidos de la contención de la hegemonía china. El comercio ya dejó de ser neutral.



MÉXICO ¿DEBE ALINEARSE, DIVERSIFICAR O RESISTIR?
México es productor de petróleo, pero tiene capacidad de refinación limitada, por lo que es importador de energía útil para abastecer la demanda nacional. Nuestro país importa principalmente de Estados Unidos entre el 60 y el 70% de la gasolina que consume. En términos globales, una sola empresa china procesa más que todo México, lo que desdibuja el papel geoestratégico del país a una escala global.

En el marco de la renegociación del TMEC, la amenaza arancelaria por la política proteccionista estadounidense y la consecuente redefinición de reglas de origen — sobre todo en la industria electrónica y automotriz—, la expansión china hacia regiones periféricas al orden occidental y la utilización de infraestructura como instrumento de influencia, tanto en neorshoring como en las rutas logísticas, ponen al gobierno mexicano en una seria encrucijada sobre la postura que deberá tomar en este nuevo orden mundial.

México deberá tener un plan estratégico de desarrollo de proveeduría industrial que genere sistemas de cadena de suministro eficientes para proveer a la industria y comenzar a desarrollar clústers propios robustos. El nearshoring es, entonces, una oportunidad, pero también una amenaza de cara a continuar con una relación sana con nuestro mayor socio comercial.

La primera fotografía es un mapa histórico de la Ruta de la Seda de un libro de historia. Toronto, Canadá – 29 de enero de 2025 del banco de imágenes Shutterstock. La segunda corresponde a la nueva ruta.
Reconfiguración del Orden Mundial: la relación entre Estados Unidos y China es el eje estructurante del sistema internacional actual.
Desde la apertura de China, si bien no han cambiado las constantes del orden mundial como principios comerciales y premisas de derecho internacional, sí aumentan las variables de análisis para riesgos de inversiones y decisiones en los mercados globales, así como de los gobiernos para atraer crecimiento económico.
* Académica de la Universidad Panamericana Campus Guadalajara
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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