La maternidad continúa siendo una de las principales causas de interrupción laboral para las mujeres. Tras convertirse en madres, muchas mujeres reducen sus horas de trabajo remunerado o abandonan de manera temporal o definitiva su empleo,
para asumir las responsabilidades del cuidado de los hijos y del hogar. En
muchos casos, esta decisión no es completamente individual y voluntaria, más bien obedece a normas sociales y estructurales donde las responsabilidades del cuidado recaen principalmente en las mujeres.
En este contexto, las
licencias por maternidad ayudan a mantener el vínculo de las mujeres con el mercado laboral, al reducir el tiempo fuera del empleo y facilitar el regreso al trabajo después del nacimiento de los hijos.
A nivel internacional, las licencias por maternidad son un mecanismo de protección del empleo femenino. De acuerdo con la base de datos familiar de la
OCDE, las madres en países miembros tienen derecho, en promedio, a cerca de
19 semanas de licencia pagada alrededor del nacimiento, mientras que en
México las trabajadoras formales cuentan
con 12 semanas. LA MUJER UN ESLABON EN EL SISTEMA DE INTERCONEXIONES Según datos del IMSS, en
2018 la mayoría de las madres afiliadas que tomaron
licencia por maternidad trabajaban
principalmente en los sectores de servicios, manufactura y comercio con un nivel de ingresos en el rango de uno a tres salarios mínimos, en su mayoría. Su edad promedio era de 29 años y 94% de ellas se encontraba en el rango de 20 a 39 años; es decir, en su etapa más productiva. Eso nos lleva a plantear
qué ocurriría si el ingreso de todas estas mujeres desapareciera de la economía. La respuesta es muy importante porque la economía funciona como un sistema de interconexiones.
Cuando las mujeres interrumpen su participación laboral y dejan de percibir ingresos,
se rompe el flujo económico. Los hogares reducen su consumo de bienes y servicios. Ante una menor demanda, las empresas disminuyen su producción. Esto también repercute en el empleo, menor producción implica que se requerirán menos trabajadores. No es un impacto individual, sino un efecto en cadena.
LA EVIDENCIA Para dimensionar este impacto, simulamos
un escenario en el que el ingreso anual de las mujeres que toman licencia por maternidad en un año desaparece de la economía. Esto representa la posible salida del mercado laboral de estas mujeres en ausencia de la licencia por maternidad y del subsidio asociado a esta política. El ejercicio utiliza información del IMSS, la ENIGH y la Matriz Insumo-Producto de INEGI.
La eliminación del ingreso ocasiona una
reducción significativa en la producción bruta, los sectores principalmente afectados son: industria manufacturera (10,380.21 millones de pesos), servicios (9,987.47 millones de pesos), comercio (6,148.02 millones de pesos), y transporte y comunicaciones (3,437.43 millones de pesos). Los sectores con mayores pérdidas coinciden con aquellos donde hay mayor participación de mujeres afiliadas al IMSS y en los que más consumen los hogares.
Los resultados muestran que
el ingreso de estas mujeres produce efectos que se transmiten al resto de la economía mediante consumo, producción y empleo: por cada peso de ingreso, la economía genera 2.18 pesos en producción bruta, lo cual refleja los encadenamientos productivos de la economía.
El estudio costo-beneficio indica que
el costo del programa es relativamente bajo en comparación con los beneficios económicos que genera. De acuerdo con este análisis,
si solo el 21.21% de las mujeres que toman licencia de maternidad permanecen en el mercado laboral durante el año posterior al nacimiento de su hijo, el beneficio económico generado en términos de producción bruta nacional compensa el costo de otorgar las licencias. CONSECUENCIAS Y ALTERNATIVAS Las
políticas de mater¬nidad bien diseñadas pueden contribuir a cerrar la brecha de género en el mercado laboral. Las licencias por maternidad no solo permiten a las mujeres mantener su vínculo con el empleo for¬mal, sino que también aseguran su capacidad de consumir y participar activamente en la econo¬mía durante una etapa crucial de su vida.
La salida laboral femenina tras la maternidad no es solo un problema social, sino una pérdida macroeconómica medible. Es importante fortalecer las políticas de licencia por maternidad y complementarlas con medidas que faciliten la permanencia laboral, como el acceso a servicios de cuidado infantil y esquemas de trabajo flexible. Estas acciones pueden amplificar los beneficios económicos asociados a la permanencia laboral femenina y contribuir a una mayor inclusión de las mujeres en el mercado laboral.
Si solo el 21.21% de las mujeres que toman licencia de maternidad permanecen en el mercado laboral durante el año posterior al nacimiento de su hijo, el beneficio económico generado en términos de producción bruta nacional compensa el costo de otorgar las licencias.
Las políticas de maternidad bien diseñadas pueden contribuir a cerrar la brecha de género en el mercado laboral.