Integración vertical en América del Norte 

Para una mayor integración vertical en la región de América del Norte es importante fortalecer los incentivos, promover el abastecimiento regional y eximir los bienes que cumplen con las Reglas de Origen de los aranceles de nación más favorecida, así como de aquellos relacionados con la seguridad nacional o medidas de salvaguarda que las Partes puedan aplicar.
Por Luis de la Calle
La competitividad de largo plazo de América del Norte depende de fortalecer la integración vertical de sus cadenas de valor. En particular, México puede ser habilitador de la reindustrialización y competitividad de Estados Unidos.

Si bien Estados Unidos, México y Canadá están profundamente interconectados a través del TMEC, la región sigue dependiendo de Asia, especialmente en bienes intermedios aguas arriba texto en industrias estratégicas como maquinaria, electrónica, equipo de transporte y manufactura avanzada.

En contraste, Asia ha desarrollado una estructura productiva regional altamente integrada, en la que aproximadamente dos tercios del comercio de bienes intermedios ocurre dentro de la región, respaldados por densas redes de proveedores y flujos sostenidos de inversión.

Existe una clara oportunidad para que los socios de América del Norte profundicen su integración industrial, aumenten la resiliencia de sus cadenas de suministro, generen mayor valor agregado dentro de la región, reduzcan vulnerabilidades externas y diversifiquen su exposición al riesgo asiático.

ASIA MEJOR INTEGRADA VERTICALMENTE
La región Asia Pacífico presenta una importante concentración de productores de insumos esenciales, bienes intermedios y componentes especializados que permite a sus fabricantes abastecerse a precios competitivos con calidad, tiempos de entrega y especificaciones técnicas. Esta integración ha sido impulsada por flujos intrarregionales de inversión extranjera directa (IED), de los cuales alrededor del 52% permanece dentro de la propia región.

Los países del TMEC también están bien integrados, pero sus cadenas de suministro son más dependientes del exterior, especialmente de Asia; en particular para algunos bienes intermedios aguas arriba en la industria del automóvil y autopartes, así como una proporción significativa de componentes de alta tecnología (electrónica y maquinaria). Por ello, existe un importante espacio para una mayor integración vertical de América del Norte con cadenas de suministro más resilientes y competitivas.

En Asia, el comercio intrarregional de bienes intermedios representa el 65% del total. En contraste, en América del Norte, alrededor del 48%, una diferencia de aproximadamente 18 puntos porcentuales respecto a Asia, lo que muestra una mayor integración vertical.

CERO ARANCELES
Existen importantes ventajas estructurales en América del Norte para diversificar el riesgo de las cadenas de suministro de Asia Pacífico, particularmente de China, y para lograr una mayor integración vertical.

El cambio en la política arancelaria de Estados Unidos en 2025, con la imposición de aranceles, generó un fuerte incentivo para que los exportadores mexicanos y canadienses cumplieran con las Reglas de Origen (RO) del TMEC, con el fin de quedar exentos, primero de los aranceles bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) y, posteriormente, de los aranceles de la Sección 122.

Esa Sección autoriza al presidente a imponer aranceles temporales (un máximo de 150 días) hasta por 15% para corregir grandes déficits en la balanza de pagos. Los aranceles de 10% anunciados en febrero 2026 no aplican a productos de México y Canadá si cumplen con las RO del TMEC.

Esta exención significa un reconocimiento a la importancia de los mercados de México y Canadá para Estados Unidos, a la integración de cadenas de valor y el alto nivel de coproducción regional. Un resultado no previsto de esta medida ha sido el mayor cumplimiento con las RO y, por ende, una integración vertical más profunda.

Antes de 2025, el incentivo para que los exportadores mexicanos y canadienses cumplieran con las RO era limitado, ya que los aranceles de nación más favorecida (NMF) de Estados Unidos eran bajos o nulos para una gran proporción de bienes. Así, optaban por el abastecimiento global y pagar el arancel; éste ya no es el caso.

La estructura de incentivos ha cambiado: el cumplimiento con las RO del TMEC se ha convertido en el mecanismo clave para que México y Canadá preserven el acceso al mercado estadounidense, fortaleciendo el caso de negocio para aumentar el contenido regional y relocalizar insumos en los eslabones iniciales de las cadenas de suministro dentro de América del Norte.

Estos incentivos serían aún mayores si dichos bienes estuvieran exentos de los aranceles de la Sección 232 —que permite imponer aranceles por razones de seguridad nacional. El gobierno del presidente Trump impuso aranceles de 50% a las exportaciones mexicanas de acero, aluminio, cobre y madera, así como a un conjunto de productos derivados— u otros similares.

Dado el alto grado de integración de América del Norte, la imposición de aranceles elevados por parte de Estados Unidos a México y Canadá no solo afecta sus exportaciones, sino también a los proveedores estadounidenses de insumos, componentes y maquinaria necesarios para producir dichas exportaciones.

De hecho, esto explica por qué México y Canadá son los principales mercados para las exportaciones de Estados Unidos, lo que no ocurre con Asia, donde el contenido estadounidense en sus exportaciones es mínimo. En este sentido, cualquier sustitución de insumos y componentes asiáticos por estadounidenses en las exportaciones de Canadá y México hacia Estados Unidos contribuye a reducir el déficit con Asia.

De acuerdo con datos de Comercio en Valor Agregado (TiVA) de la OCDE, el contenido estadounidense en el valor agregado incorporado en las exportaciones totales y manufactureras de México fue de 12.0 y 14.9%, respectivamente, en 2022. En el caso de Canadá, de 9.9 y 15.5%. Estas cifras son considerablemente mayores que las de otros países y regiones del mundo.



De acuerdo con otra estimación (datos de 2014), la proporción de valor estadounidense en las importaciones manufactureras de Estados Unidos provenientes de México era alrededor del 30%. Por sectores, la mayor participación se registraba en vehículos de transporte con aproximadamente 39%, seguido por alimentos, tabaco y productos químicos con 38% cada uno, además de madera y papel con 37%. Es probable que este contenido haya aumentado con el tiempo, particularmente desde la entrada en vigor del TMEC en 2020, considerando los mayores requisitos de contenido regional.

En este contexto, el déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá debe interpretarse como una medida de la integración regional. Cuando se normaliza por exportaciones, el déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá es significativamente menor que con países como China o Vietnam, consecuencia de una relación comercial recíproca dentro de América del Norte, impulsada por el comercio intraindustrial y la coproducción.

México y Canadá no solo actúan como proveedores, también como mercados esenciales para los bienes estadounidenses, reforzando la interdependencia más que la asimetría.

Este patrón contrasta con las relaciones comerciales que Estados Unidos mantiene con socios más distantes, donde el flujo de bienes tiende a ser unidireccional; importa un gran volumen de bienes de China, aunque en descenso, y de Vietnam, pero con exportaciones muy limitadas. Al analizar el tamaño del déficit de Estados Unidos en relación con sus exportaciones hacia un determinado destino, es evidente que México y Canadá presentan superávits comerciales mucho menores que otros.

El déficit comercial de ambos países es la expresión de décadas de integración de cadenas de suministro, que se ha intensificado recientemente debido a cambios en los patrones del comercio global y a los aranceles estadounidenses hacia China. Esto se refleja en sectores clave como vehículos, autopartes, dispositivos médicos y muchos otros.

CONDICIONES COMPETITIVAS
La integración vertical y el cumplimiento con las RO requieren de condiciones competitivas, por lo menos en tres frentes:

1. Energía. Si es abundante, competitiva y limpia se podría atraer inversiones en acero especializado, petroquímica, resinas, plásticos, fibras sintéticas, vidrio, fibra de vidrio y otras que son clave para que el cumplimiento con las RO se dé con insumos mexicanos.

2. Logística. Es importante diseñar un sistema de financiamiento binacional para la infraestructura de transporte fronterizo y garantizar la facilitación del comercio, de modo que la integración vertical pueda materializarse.

3. Talento. El éxito también depende de que se incorporen y desarrollen las mejores tecnologías para lo que es indispensable contar con capital humano suficiente y capacitado.

PROCESO DE REVISIÓN DEL TMEC
América del Norte enfrenta un claro imperativo estratégico de profundizar su integración vertical para fortalecer su competitividad, resiliencia y capacidad industrial de largo plazo. Si bien la región se beneficia de fuertes vínculos comerciales bajo el TMEC, sigue dependiendo de Asia para insumos críticos en ciertos eslabones de las cadenas de suministro, particularmente en sectores manufactureros de alto valor.

Cerrar esta brecha requiere no solo expandir el comercio intrarregional, sino, más importante aún, desarrollar capacidades productivas regionales en bienes intermedios que permitan retener mayor valor agregado dentro de América del Norte y reducir la exposición a choques externos y dependencia de Asia.

Este artículo forma parte de la Ponencia IMEF 2026 “Más que Fútbol: El Mundial 2026 y la Integración de América del Norte” que se puede consultar en aquí.
*Economista, experto en comercio internacional. Fue subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales de la Secretaría de Economía de México. Durante su gestión encabezó las negociaciones de México para los acuerdos de libre comercio bilaterales y las negociaciones regionales y multilaterales en la Organización Mundial del Comercio. Ministro para Asuntos Comerciales de la Embajada de México en Washington, D.C., cargo desde el cual tuvo participación en el diseño, promoción e implementación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). Cuenta con amplia experiencia académica; participa con frecuencia en medios de comunicación y es columnista en El Universal. Su más reciente libro es La economía de la extorsión, el lastre que despoja a México.

Este artículo forma parte de la Ponencia IMEF 2026 “Más que Fútbol: El Mundial 2026 y la Integración de América del Norte” que se puede consultar en aquí.

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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