En EE. UU. la nómina no agrícola de mayo sorprendió con la creación de 172 mil plazas, prácticamente el doble de las 88 mil que anticipaba el consenso de analistas. A ello se sumaron revisiones al alza por 93 mil plazas en los dos meses previos, mientras que la tasa de desempleo se mantuvo estable en 4.3%.
En términos sencillos: el mercado laboral de la economía más grande del mundo muestra una fortaleza que no cede, lo que complica la narrativa de que la Fed podría mantener (o incluso recortar) su tasa de referencia en lo que resta del año.
Bajo este contexto, el mercado recalibró sus expectativas de política monetaria tornándose más restrictivo. Se consolidaron las apuestas por un alza de 25pb por parte del Fed a finales de este año desde un escenario que solo asignaba una probabilidad de apenas 50% a dicho ajuste una semana atrás. El dato de inflación de mayo en EE. UU., que se publicará la próxima semana, será clave para confirmar o matizar esta lectura.
La reacción en los mercados de bonos fue inmediata y contundente. La curva de Treasuries incorporó con rapidez expectativas de una política monetaria más restrictiva, pero con un rasgo técnico importante: el ajuste estuvo determinado principalmente por el componente real de los rendimientos, no por expectativas inflacionarias.
Esto significa que el mercado no solo mantiene cautela respecto a la inflación, sino que además descuenta un crecimiento económico lo suficientemente robusto como para justificar tasas más altas por un periodo prolongado.
A lo largo de la curva, el segmento más sensible fue el de corto plazo. La tasa del Treasury a 2 años repuntó 12 puntos base en la jornada posterior a la publicación del reporte, una reacción de dos desviaciones estándar, la más intensa desde julio de 2025. En consecuencia, la tasa alcanzó niveles que no se veían desde febrero del año pasado alrededor de 4.15%.
En contraste, el bono a 30 años apenas se movió, operando cerca de 5.00%. El resultado de este movimiento diferenciado fue un aplanamiento significativo de la curva. En particular, el diferencial entre el bono de 2 y el de 30 años cayó a mínimos de 14 meses, en torno a 85 puntos base.
En el frente cambiario, el dólar se fortaleció frente a la mayoría de las divisas, acumulando en el índice BBDXY un avance de 1% en lo que va del mes. Por su parte, el peso mexicano regresó a cotizar muy cerca de los 17.50 por dólar tras perforar al alza el promedio móvil de 50 y 100 días que se ubican en 17.40 y 17.43, respectivamente.
Hacia delante podríamos observar una moderación en el fortalecimiento del dólar a medida que el diferencial de tasas respecto a Europa se reduzca ya que el mercado cree firmemente que el ECB incrementará sus tasas de interés 25pb tan pronto como en su próxima decisión de política monetaria este mes.
En lo que respecta al peso mexicano, podríamos observar un segundo semestre más retador ante la combinación de riesgos en el frente comercial y la incertidumbre en torno a las elecciones intermedias en EE. UU. durante noviembre.
En suma, el ciclo de volatilidad no ha concluido. Las sorpresas en el mercado laboral se suman ahora al ruido geopolítico como fuente de presión sobre los rendimientos globales, mientras el dólar ha sido de los pocos activos beneficiados.
De cara a los próximos meses seguiremos observando niveles de tasas elevadas por más tiempo ya que la fortaleza económica y la incertidumbre geopolítica apuntan, paradójicamente, en la misma dirección.
*Subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.
Twitter: @LeslieOrozcoV LinkedIn: Leslie Orozco Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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