La madrugada del
sábado 3 de enero mientras Caracas dormía el silencio fue interrumpido. Aviones y helicópteros sobrevolaban la ciudad. Algunos venezolanos captaron en vídeo el fuego que surgió de un par de explosiones. La razón: Estados Unidos había entrado a Venezuela a cumplir un plan que había anunciado Donald Trump desde asumió su segundo mandato y se intensificó en diciembre:
detener a Nicolás Maduro por cargos de narcotráfico.
El día llegó.
Con los ojos vendados y las manos atadas Maduro y su esposa Cilia Flores fueron llevados a un buque desplegado en el Caribe desde agosto, el cual los llevó a Nueva York donde serán juzgados. La
primera audiencia fue el lunes 5 de enero.
Después de los estruendos, el gobierno venezolano emitió un comunicado por TV y radio en el que acusó a Estados Unidos de llevar a cabo ataques militares contra Venezuela. Hacia el mediodía del sábado vendrían las primeras declaraciones de Trump en una conferencia de prensa en la que explicó parte de la operación para capturar a Maduro, quien desde que asumió la presidencia en 2013 agravó el colapso económico y la crisis humanitaria que llevó a millones de personas a huir del país sudamericano.
La ACNUR indica que
cerca de 7.9 millones de personas han salido de Venezuela (representa casi el 30% de la población venezolana de 2013) buscando protección y una vida mejor. La mayoría (6.7 millones) ha sido acogida por otros países latinoamericanos y caribeños. Las fuentes también mencionan más de 18 mil detenciones políticas.
CONTRASTES
La captura de Nicolás Maduro marca una
intervención en Venezuela que en palabra inició en 2020 con una acusación de corrupción y tráfico de drogas con la ayuda de grupos como el cártel de Sinaloa o el tren de Aragua, todos ellos designados por Estados Unidos como organizaciones terroristas. Inicialmente se anunció una recompensa de 25 millones para quien condujera a su arresto, la cual se duplicó en 2025. No se sabe si se cobró.
Tras la captura se viven contrastes entre los venezolanos; hay quienes festejan y quienes protestan. Entre los países pasa lo mismo:
los líderes de la izquierda en Latinoamérica reaccionaron en contra, mientras la derecha a favor (Argentina, Perú, Bolivia y Chile). Incluso el presidente de Argentina, Javier Miley uso el nombre de su partido político “La libertad avanza” para referirse al caso.
China dijo estar profundamente conmocionada y condenó el uso de la fuerza. Rusia e Irán también condenaron. En torno a China surgió una pregunta:
«Si Estados Unidos se arroga el derecho de utilizar la fuerza para invadir y capturar a líderes extranjeros a los que acusa de conducta criminal, ¿qué impide que China reclame la misma autoridad sobre Taiwán?». La pregunta se extendió hacia Rusia con relación a Ucrania.
Por su parte,
Suiza congeló todos los activos que Maduro y personas asociadas a él poseen en ese país; su razón fue garantizar que los activos adquiridos ilícitamente no puedan transferirse fuera de Suiza en la situación actual. Se precisó que la medida no estaba asociada con la captura de Maduro.
En la ONU, en una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad contra la operación militar de Estados Unidos en Venezuela, varios países expresaron sus objeciones y el secretario general del organismo, António Guterres, dijo en un comunicado que está «profundamente preocupado por que no se hayan respetado las normas del derecho internacional en relación con la acción militar del 3 de enero».
La opinión de Volker Türk, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, presentada en un artículo en el periódico El País (06-01-26) plantea una realidad: “Por encima de todo,
Venezuela necesita que la comunidad internacional deje de limitarse a palabras vacías con respecto a los derechos humanos y defienda la Carta de la ONU y el derecho internacional. De lo contrario, las consecuencias serán terribles en todo el mundo”.
¿QUÉ SIGUE?
Contario a lo que se esperaba, ni María Corina Machado ni Edmundo González —ganadores de las elecciones en 2024— fueron considerados para dirigir la “transición” democrática (de hecho, la palabra democracia pocas veces se ha pronunciado).
Según Trump Machado «es una mujer muy agradable, pero no cuenta con el apoyo ni el respeto del país». En los últimos meses, Machado se alineó con el discurso del gobierno de Trump y, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz, dijo: «Hoy más que nunca contamos con el presidente Trump».
No obstante la voluntad de los venezolanos en las urnas,
Delcy Rodríguez fue abalada por Estados Unidos para asumir la presidencia interina. Lo que significa que el chavismo sigue presente, a pesar de que el 80% de los venezolanos quieren un cambio político.
La razón, para algunos analistas, es que tras 26 años en el poder, primero con Hugo Chávez y después con Nicolás Maduro,
el chavismo tiene sus raíces profundamente insertadas en las instituciones venezolanas y las Fuerzas Armadas, por lo que tratar de desmantelar esa estructura o, como mínimo, tratar de tomar las riendas del Estado podría ser una labor más que titánica para cualquier persona de la oposición, por mucho apoyo electoral que tuviera.
Un analista y académico recordó que cuando se dio la transición en Egipto hubo una elección que ganaron los hermanos musulmanes y al poco tiempo se dio su caída procurada por el mismo jefe de la fuerza armada. Por lo tanto,
la transición es algo que debe estar tutelado por los operadores propios del país.
Con razón o sin razón, el ascenso en la jerarquía del poder de Rodríguez fue avalado por una decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ) del sábado 3, en la que se ordenó que ella asumiera la jefatura del Estado ante la «ausencia forzosa» de Maduro.
Del discurso de Rodríguez al asumir el cargo se destaca: «Vengo con dolor por el secuestro de dos héroes que tenemos como rehenes: el presidente Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores», dijo Rodríguez al juramentarse como presidenta encargada ante la Asamblea Nacional, órgano que -al igual que el TSJ está controlado por el chavismo.
De hecho, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy es presidente del parlamento venezolano y fue el encargado de anunciar el 8 de enero la
liberación de un número importante de personas que incluye a venezolanos y extranjeros, sin precisar la cifra, como un gesto para “consolidar la paz y convivencia pacífica en el país”.
PETRÓLEO, PETRODÓLARES Y DOMINIO REGIONAL
Desde el sábado 3 de enero la palabra
democracia no ha estado en las acciones futuras. The Washington Post informó que en la operación murieron “alrededor de 75 personas”. The New York Times eleva la cifra a 80. Según el diario El País, entre los 56 militares reconocidos oficialmente y los 80 estimados, en general, resta un vacío de una veintena de personas de las que nada se sabe aún. En general se habla de, al menos, 32 militares cubanos muertos, lo que muestra la injerencia de Cuba en Venezuela.
La realidad, expresada por el propio Trump, indica que lo que está en juego es el petróleo y el interés que tiene el gobierno de Estados Unidos en el negocio energético de Venezuela. Trump declaró que
las sanciones se mantendrán y las empresas petroleras estadounidenses ayudarán a reconstruir la infraestructura y a reactivar la producción para hacer dinero lo más pronto posible. La reconstrucción implica un plan muy ambicioso que hasta el 9 de enero no se conocía.
En el artículo
El petróleo de Venezuela no puede recuperarse sin legitimidad democrática, publicado en esta misma edición de News IMEF, Gabriel España plantea que pensar que es posible reactivar el petróleo venezolano sin resolver previamente su crisis política es una ilusión. No solo porque ignora la lógica de los mercados, sino porque perpetúa la idea de que la economía puede desvincularse de la legitimidad institucional.
Venezuela tiene las mayores reservas de crudo en el mundo según la Oficina de Información Energética de Estados Unidos, con un estimado de 303 mil millones de barriles de crudo, lo que representa aproximadamente el 17% del suministro mundial y, a diferencia de otras partes del mundo, las reservas son conocidas, pero debido al deterioro de su infraestructura, el país produce solo alrededor del 1% del petróleo mundial. Según la OPEP de esas reservas hay una probabilidad de extracción comercial del 90% con la tecnología disponible a los precios actuales.
Marcial Díaz Ibarra, en su artículo
Venezuela y el petróleo: relevancia estratégica en un mercado que ya no reacciona, también publicado en esta edición, presenta gráficamente el contexto de la producción petrolera mundial.
En ese contexto se habla del regreso a Venezuela de las petroleras estadounidenses que salieron cuando en 2007 se agudizaron las tensiones entre Estados Unidos y el país sudamericano por el petróleo.
En 2007 Exxon Mobil y ConocoPhillips rechazaron un acuerdo del gobierno del entonces presidente Hugo Chávez y litigaron en cortes internacionales tras un proceso de nacionalización petrolera; el acuerdo fue aceptado por la estadounidense Chevron, la británica BP, la francesa Total y la noruega StatoiHhydro.
No obstante pese a las sanciones que recibió la empresa estatal petróleo de Venezuela (Pdvsa), Chevron fue la única que mantuvo operaciones intermitentes y autorizaciones restringidas del gobierno de Estados Unidos —en la primera administración de Donald Trump— para operar en Venezuela.
Entonces,
¿la razón de todo esto es el petróleo o la democracia?
Los cuestionamientos sobre el actuar del gobierno de Trump siguen creciendo, sobre todo por su intención de revivir la
Doctrina Monroe, aquella política exterior del expresidente James Monroe en el siglo XIX para alejar a Europa que buscaba ampliar su influencia en los países del continente americano.
En la conferencia de prensa del 3 de enero Trump le cambió el nombre a la doctrina que acuñó la frase de “América para los americanos” y le puso
“Doctrina Donroe”.
LOS MERCADOS
Varios bancos de inversión ya venían trabajando en el escenario de una transición en Venezuela como un riesgo que había dejado de ser marginal. JP Morgan presentaba desde diciembre la probabilidad de que esto sucediera.
Estimaba que una transición política podría provocar una
caída inicial de hasta 50% en la producción en un mercado petrolero que Bank of America califica de superavitario y del que proyectaba un superávit de hasta 2 millones de barriles diarios en 2026 con precios promedios del Brent de alrededor de 60 dólares (y con estimaciones a la baja) impulsado por el crecimiento de producción en países como Brasil Guyana y Argentina.
Pero no todo está en el precio, también en cómo se paga.
China está impulsando activamente el uso del yuan (su moneda local) para el comercio de petróleo, como parte de un esfuerzo por
desafiar el dominio del petrodólar (dólar estadounidense).
Vale la pena recordar que los petrodólares surgen cuando los países exportadores de petróleo venden crudo y reciben pagos en dólares estadounidenses, principalmente debido a un acuerdo clave entre EE. UU. y Arabia Saudita en los años 70 que estableció al dólar como moneda para las transacciones de petróleo; estos dólares luego se reinvierten en activos financieros y la economía global, creando un ciclo donde la demanda de petróleo impulsa la demanda de dólares, fortaleciendo la moneda estadounidense y creando un sistema financiero global único.
El dólar de americano se ha beneficiado de la caída abrupta del petróleo crudo. El sector energético es un contribuyente significativo al PIB de ese país, que pasó de ser un importador neto a un exportador neto de energía en 2020 y fue el mayor productor mundial en 2021 de petróleo crudo.
La deuda otro pendiente que tiene Venezuela. Su reestructuración puede resultar muy complicada ya que acumula más de
8 años en impago. Según Trump con la ayuda de las empresas petroleras estadounidenses el país sudamericano podrá arreglar la infraestructura deteriorada y comenzar a producir, por ende, reactivar una mayor entrada de ingresos. Según JP Morgan Venezuela podría elevar la producción a 2.5 millones de barriles diarios en los próximos 10 años.
El objetivo es atraer inversiones extranjeras poniendo a las petroleras estadounidenses como prioridad, pero, entonces, ¿qué pasará con China el principal cliente de Venezuela? ¿Venezuela continuaría enviándole petróleo? ¿China seguirá pagando con yuanes?
El 6 de enero Trump dijo que
Venezuela entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos que se venderán a precio de mercado y que las ganancias serían tanto para Estados Unidos como para Venezuela.
Ante este anuncio los precios de referencia (que no habían tenido movimientos abruptos entre el 3 y el 6 de enero) reaccionaron al momento de la noticia: el West Texas cayó hasta un 2.4% tras el anuncio. En el artículo de la sección de Mercados Leslie Orozco presenta el panorama del mercado de petróleo en 2026.
Mercado de petróleo en la mira.
La cadena BBC informó que
Trump le dijo a Delcy Rodríguez que su gobierno debía asociarse exclusivamente con Estados Unidos en la producción de petróleo y favorecer a Estados Unidos en la venta de crudo pesado y le exigió que
reduzca sus relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba; que expulsara a los cuatro países y rompiera sus lazos económicos.
Lo anterior pone otra pieza en el tablero: si Delcy Rodríguez (quien fue directora de Asuntos Internacionales del Ministerio de Energía y Minas) sigue las instrucciones,
¿qué pasará con China y Rusia que tienen acuerdos con Venezuela?
Las preguntas se multiplican.