Cerrar el ciclo no es cerrar el debate

El Banco de México recortó su tasa de referencia en 25 puntos base para llevarla a 6.50% y declaró formalmente concluido el ciclo de relajamiento monetario iniciado en marzo de 2024. Banxico cierra la puerta de manera explícita: pasó de “valorar la pertinencia y el momento” de un recorte adicional a anunciar que considera apropiado mantener la tasa en su nivel actual hacia adelante. La decisión coincidió con la publicación de la inflación de abril (4.45% anual, encima del 3.93% observado en 2025). El movimiento era ampliamente esperado por el consenso.
Por Delia Paredes Mier
Conviene reconocer primero lo que la decisión del 7 de mayo tiene de razonable. La actividad económica se contrajo en el primer trimestre, y los analistas privados ya redujeron su expectativa de crecimiento para 2026 a 1.2%, según la encuesta de Citi México publicada esta semana. El peso mexicano se ha apreciado de manera sostenida y cotiza alrededor de 17.30 frente al dólar, un nivel notablemente más fuerte que el 18.10 que el consenso espera para el cierre del año.

Sobre todo, la postura monetaria, ya no es claramente restrictiva. Con una tasa nominal de 6.50% y expectativas de inflación a 12 meses cercanas a 4.35%, la tasa real ex-ante ronda 2.15%. La propia estimación de Banxico de la tasa neutral real es de 2.7%, dentro de un rango de 1.8% a 3.6%. Estamos, entonces, dentro del intervalo neutral, cerca de su piso.

Sigue habiendo restricción, pero modesta. A esto se suma que la transmisión monetaria opera con rezago, y los efectos acumulados de los recortes anteriores —de marzo de 2024 a la fecha 475 puntos base— aún se están propagando por la economía. Pausar para evaluar tiene fundamentos sólidos.

El problema no es la decisión. El comunicado pasó de un lenguaje data-dependent en marzo a uno categórico en mayo: cerró la puerta hacia un lado del balance sin necesidad de hacerlo. Hubiera bastado con mantener la postura abierta: reconocer que el ciclo de recortes terminó, pero que la trayectoria futura dependerá de cómo evolucionen los datos.

Esa diferencia, que parece sutil, no lo es. La calidad del forward guidance no se mide solo por lo que un banco central dice que va a hacer, sino por la simetría con la que mantiene abiertas sus opciones frente a riesgos que aún no se disipan.

El contraste con otros bancos centrales en sus decisiones recientes es revelador. La Reserva Federal mantuvo su tasa el 29 de abril con una división interna inusual: cuatro miembros disintieron, y tres de ellos —presidentes regionales— se opusieron específicamente a incluir un sesgo de relajamiento en el comunicado, precisamente para preservar la simetría en la guía hacia adelante.

El Banco Central Europeo, un día después, mantuvo en 2% e insistió en su lenguaje habitual de decisión por reunión, sin precomprometerse a una trayectoria. El Banco de Japón fue todavía más lejos al reiterar su sesgo hacia un eventual endurecimiento futuro.

El patrón internacional es claro: los principales bancos centrales están preservando deliberadamente la simetría en su forward guidance, en un entorno donde los riesgos inflacionarios siguen sin disiparse.

Vale notar que dentro del propio Banxico esa cautela tiene representación: la votación de hoy fue 3-2, con Galia Borja y Jonathan Heath a favor de mantener la tasa sin cambios —segunda decisión consecutiva en que dos miembros de la Junta disienten.

Hacer el ejercicio honesto de imaginar bajo qué condiciones se justificaría reabrir la baja refuerza la incomodidad con la asimetría. Para un recorte adicional habría que ver una contracción económica más profunda, una apreciación todavía mayor del peso y una desinflación rápida en el componente subyacente y de servicios.

En contraste, los riesgos al alza que el propio comunicado enlista —persistencia de la subyacente, presiones de costos, depreciación, política comercial estadounidense, conflictos geopolíticos, afectaciones climáticas— varios se están materializando en este momento. La inflación no subyacente saltó a 5.08% anual, con frutas y verduras en 21.4% y productos como el jitomate, el chile y la papa con incrementos mensuales de doble dígito. La subyacente sigue en 4.26%, lejos todavía del objetivo de 3%. El propio Banxico reconoce que el balance de riesgos para la inflación mantiene un sesgo al alza.

El reclamo no es menor cuando se observa el patrón reciente. Banxico ha revisado al alza sus pronósticos de inflación en prácticamente cada decisión de los últimos meses, mientras simultáneamente sigue bajando la tasa. La convergencia al objetivo de 3%, que originalmente se preveía para finales de 2026, se ha recorrido hasta el segundo trimestre de 2027.

Las expectativas de los especialistas privados llevan ocho revisiones consecutivas al alza para el cierre de 2026. La pausa, en sí misma, es defendible. Lo que sobra es la categoría con que se comunicó. Cuando uno mira los datos de abril, los riesgos que el propio comunicado enumera y la trayectoria de los pronósticos del banco central, el siguiente movimiento, si llega, tiene más probabilidades de ocurrir hacia un lado que hacia el otro. No es lo que dice el comunicado. Es lo que dicen los datos.
*Analista Económico.
Profesor
X: @deliyo
delia.paredesmi@anahuac.mx
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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