Para el resto de los trimestres, los pronósticos quedaron igual por lo que el Banco de México sigue esperando la anhelada convergencia de la inflación al 3.0% objetivo hacia el segundo trimestre del 2027. La holgura de la economía sigue siendo el argumento para el recorte y en el comunicado se volvió a mencionar la ausencia de efectos de segundo orden de los aranceles implementados en México a inicios de año.
De la decisión hay varios puntos a comentar empezando por la holgura y su impacto sobre la formación de precios. Intuitivamente un bajo crecimiento económico ayuda a la inflación, pero para 2026 se anticipa un mayor crecimiento económico, impulsado en los meses de junio y julio por el Mundial de Fútbol. Una aceleración del crecimiento podría presionar al alza a la inflación, particularmente del sector servicios que ha mostrado renuencia a bajar hacia el 3% objetivo.
Segundo, la Junta de Gobierno del Banco de México toma sus decisiones de política monetaria en base a la inflación esperada que, de acuerdo a sus propios pronósticos, regresará a la meta de 3% en un año. Sin embargo, ningún analista espera que la inflación regrese al 3% objetivo en 2027. Solo la Secretaría de Hacienda espera tal escenario, pero es bien conocido que sus proyecciones son también muy optimistas.
Esto refleja que los analistas han dejado de voltear a ver los pronósticos de Banco de México. Esto es muy relevante, ya que uno de los principales canales de transmisión de la política monetaria es el de expectativas y con menor confianza sobre el banco central, será más difícil llevar la inflación a la meta.
Tercero, cada banco central estima los niveles de tasa de interés real en los que la política monetaria es restrictiva, neutral o expansiva, con lo que se puede frenar, ser neutral en el combate a la inflación o impulsarla. Para ubicar a la tasa se debe calcular el real ex ante, es decir tomando la tasa de referencia nominal (que está ahora en 6.5%) y la inflación esperada. Este último punto es crucial. La expectativa de inflación, como se comentó antes, es distinta para los analistas y para Banco de México.
Utilizando la expectativa de Banco de México la tasa real ex ante es 3.44%, mientras que utilizando la inflación esperada por los analistas encuestados por el mismo Banco de México es 2.66%. Ambas tasas se ubican en terreno neutral, pero la calculada por los analistas lleva 8 meses ahí que, tomando en consideración el rezago con el que opera la política monetaria sugiere que es muy posible que ya no se está combatiendo activamente a la inflación.
Cuarto, las divisas no están respaldadas por nada. Solo las respalda la confianza en la economía que las emite. Por ello, con una inflación baja y estable se mantiene el poder adquisitivo de la moneda. Si no se combate la alta inflación, se puede perder la confianza sobre la divisa, lo que la hace más vulnerable a depreciaciones desordenadas que generarían distorsiones, afectando los precios relativos para el comercio internacional y la formación de precios en México.
Con el recorte también disminuyó el diferencial de tasa de interés entre México y Estados Unidos a 275 puntos base, el menor desde febrero del 2016. Con un menor diferencial se desincentivan las operaciones de carry trade y se agrega vulnerabilidad por lo que el tipo de cambio en el futuro podría ser menos estable. Esto, junto con mayores presiones inflacionarias agrega riesgo a quienes tienen ahorros e inversiones en pesos.
Finalmente, se ha argumentado mucho que las presiones recientes se concentran en el componente no subyacente, sobre el cual la política monetaria no tiene incidencia. Esto es cierto, pero no implica que no haya presiones sobre el componente subyacente, que determina la trayectoria de la inflación en el mediano y largo plazo.
Para muestra un botón: la inflación subyacente acumula 12 consecutivos por encima del 4% y 116 meses consecutivos fuera de la meta del 3%. Cabe recordar que el objetivo del Banco de México es 3% y el +/- 1% de error no debe considerarse como un rango de tolerancia, aunque en la práctica muchos lo consideran así.
Así, la política monetaria podría convertirse para México en otro freno estructural más del crecimiento económico.
* Directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE y profesora de Economía del Tec de Monterrey. Estudió la licenciatura en economía en la Universidad Autónoma de Nuevo León y la maestría y doctorado en finanzas en el EGADE del Tec de Monterrey. Colabora regularmente con medios de comunicación especializados. En 2018 y 2020 fue nombrada por Forbes como una de las 100 mujeres más poderosas de México.
Linkedin: Gabriela Siller Pagaza email: gsiller@bancobase.com Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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