La informalidad laboral se define como la población ocupada que labora fuera de un marco legal o institucional, caracterizada por la carencia de seguridad social y prestaciones de ley. Dentro de estas hay quienes trabajan en micronegocios no registrados; es decir, pequeños negocios independientes dedicados a la producción de bienes o servicios que operan a baja escala, sin llevar registros contables y cuyos recursos financieros se mezclan directamente con los gastos familiares del dueño a los que se denomina sector informal, concentrando al 53.65% de los empleados informales. En esta categoría se incluyen empleadores, trabajadores por cuenta propia y empleados subordinados o remunerados dentro de dichos micronegocios.
El resto de la población informal labora en unidades económicas formalmente constituidas, instituciones públicas o sectores regulados, pero cuya relación laboral carece de los derechos mínimos de ley, principalmente el acceso a la seguridad social. En este grupo se ubican los trabajadores domésticos remunerados, el sector agropecuario de autoconsumo y los asalariados en empresas formales que operan sin prestaciones.
EDAD: LOS QUE ENTRAN Y SALEN DEL MERCADO DE TRABAJO La conformación de la informalidad laboral en México presenta
asimetrías al desagregar los datos por grupos de edad, afectando principalmente a quienes van entrando y a quienes van saliendo del mercado de trabajo. En el segmento de los jóvenes (de 15 a 24 años), la informalidad supera la media nacional y alcanza una tasa del 67.91%, debido a la falta de experiencia y de flexibilidad de horarios.
Por el contrario, en los grupos de edad intermedios (de 25 a 44 años y de 45 a 64 años), el empleo formal gana terreno y registra sus niveles más altos. Esto se debe a que las personas en estas etapas ya cuentan con mayor experiencia acumulada, mayor nivel educativo y buscan estabilidad financiera para su familia. Sin embargo, la informalidad en este bloque de en medio se mantiene alta por las
condiciones estructurales de la economía mexicana: el primer grupo (de 25 a 44 años) reporta una tasa de informalidad laboral de 48.33% y el segundo (de 45 a 64 años) de 54.98% (figura 1).
Finalmente, el peor escenario está en los
adultos mayores (de 65 años y más), donde la tasa de informalidad llega al 75.20%.
REGIONES: TRES CONDICIONANTES Por otro lado, la conformación geográfica de la informalidad laboral en México muestra una
profunda división al analizar el país por regiones (Norte, Norte-Centro, Centro y Sur). El fenómeno responde directamente al nivel de industrialización, la inversión extranjera y el tipo de actividades económicas dominantes en cada zona (figura 2).
La
Región Norte —Baja California, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Sonora y Tamaulipas— registra los
niveles de informalidad más bajos del país, promediando una tasa de informalidad laboral de 38.43%. Esto se debe a la fuerte presencia de la industria manufacturera de exportación y a la dinámica de las empresas maquiladoras ligadas al comercio internacional, que obligan a mantener la formalidad en la contratación.
Por su parte, la
Región Norte-Centro —Aguascalientes, Baja California Sur, Colima, Durango, Jalisco, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí y Zacatecas— muestra un
comportamiento intermedio, con una tasa de informalidad que promedia 53.67%. En esta zona conviven economías industriales en crecimiento con sectores de comercio tradicional y servicios locales que operan a menor escala.
En contraste, la
Región Centro —Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala— refleja una
dinámica muy compleja donde la informalidad
se ubica en promedio en 56.13%. Aunque concentra grandes centros financieros, corporativos e instituciones públicas formales, también absorbe una enorme cantidad de comercios minoristas informales y servicios de autoempleo debido a la alta densidad de población.
Finalmente, la
Región Sur —Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán— representa el
escenario más crítico del país, donde la informalidad
promedia el 69.21%. Esta composición se explica por el predominio de una economía agrícola de subsistencia, la falta de infraestructura industrial y un comercio local compuesto casi en su totalidad por micronegocios familiares no registrados.
SECTORES ECONÓMICOS: COMPOSICIÓN SUMAMENTE CONTRASTANTE Adicionalmente, la informalidad laboral en México muestra una composición sumamente contrastante al desglosarse por sectores económicos de actividad. Los datos evidencian que la
falta de regulación y prestaciones laborales no afecta por igual a las actividades del campo, la industria y los servicios. El
sector primario —agricultura, ganadería, pesca y silvicultura— presenta las
condiciones más precarias del país con una
tasa de informalidad del 85.23%. Este porcentaje tan elevado responde a que la mayor parte de la actividad agrícola en México se basa en unidades de producción familiares, pequeñas parcelas y esquemas de jornaleros temporales que operan completamente al margen de la seguridad social y los contratos formales.
Por su parte, el
sector secundario —industria manufacturera, construcción, minería y electricidad— registra los
niveles de formalidad más bajos, en 49.59%. Al interior de este sector
coexisten realidades muy marcadas: por un lado, la industria extractiva y de electricidad reporta la tasa de informalidad más baja con 15.50%, seguida por la industria manufacturera con 36.07%, ambas respaldadas por empresas e industrias de exportación que sostienen una alta formalidad.
Por el otro lado se encuentra el ramo de la construcción, donde el empleo informal es el dominante y alcanza 79.97% debido a la alta rotación de trabajadores temporales y pequeños contratistas locales que operan fuera del marco legal.
Finalmente, el
sector terciario —comercio, transportes y servicios— reporta una tasa de
informalidad del 51.88%. Al ser el sector que absorbe a la mayor cantidad de trabajadores en el país, este porcentaje se traduce en millones de personas laborando en pequeños comercios minoristas, tianguis, servicios de transporte no regulados y actividades de apoyo que operan bajo dinámicas de autoempleo o micronegocios domésticos (figura 3).
FUERA DEL MARCO LEGAL Un aspecto muy relevante de la informalidad laboral es que el
54.07% son trabajadores subordinados y remunerados, por lo que gran parte del problema no es el autoempleo, sino empresas y negocios que contratan personal fuera del marco legal. Esta composición, sumada a que el 52.71% gana máximo un salario mínimo, reafirma la idea de que la informalidad en México funciona como un mercado de mano de obra barata, donde las unidades económicas evaden las prestaciones de ley para reducir sus costos de operación. Del resto de los trabajadores informales, el 5.30% son empleadores, el 34.60% operan por cuenta propia y el 6.03% son trabajadores sin pago.
Con una alta tasa de informalidad laboral, México sigue atrapado en un ciclo de baja eficiencia que compromete su crecimiento de largo plazo. Esto se da por la baja productividad, pues con la informalidad solo se genera el 25.38% del PIB nacional, mientras que la población formal, operando con mucho menos personal, genera el 74.62% restante. Esto
no es nuevo, pero podría empeorar por el incremento en los costos laborales, el deterioro en el perfil exportador de México y la caída de la inversión fija.