¡Llegó el gol … y se fue la luz! (¡tocamos madera!)

Estadio Azteca. Estadio Banorte. Estadio de la Ciudad de México. Jueves 11 de junio, 1 pm en México, +2 horas en Estados Unidos (ET), +1 en Colombia, +3 en Argentina y +8 en España. ¿Importa la hora? Sí. Al menos en México porque los 13 partidos de la Copa del Mundo que albergará México presionarán el suministro eléctrico en zonas industriales clave. Nos preparamos con los estadios, con la transmisión por televisión, pero ¿y si se va la luz?
Por Benjamín Villanueva Rivera
Se estima que la demanda en el Sistema Eléctrico Nacional experimentará incrementos de entre 3 y 10% durante el mundial del fútbol, debido al encendido simultáneo de millones de televisores.

Según la empresa Solar 180 el punto más crítico será durante el medio tiempo ya que la audiencia aprovecha para levantarse a encender luces o activar electrodomésticos de alto consumo, disparando la carga del sistema interconectado. Durante el Mundial de Qatar 2022, el consumo eléctrico del país anfitrión aumentó aproximadamente 10% en comparación con el año anterior.

Pero, aunque un estadio profesional puede demandar entre 5 y 10 megavatios de electricidad durante un partido, según un estudio de la Universidad de Duke, la justa deportiva no es el único factor que durante este verano aumentará la demanda de energía. Las altas temperaturas también influyen, y mucho.

El Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) proyecta que este verano la demanda podría alcanzar un récord de 54,000 mega watts, suficiente para abastecer a más de 27 millones de hogares, impulsada por las olas de calor previstas y el aumento en el uso de aire acondicionado.

El foco de la demanda eléctrica se extiende a los aeropuertos, centros de transmisión, hoteles, Fan Fest y sistemas de transporte, esto último porque en México las tres ciudades sede han apostado a la movilidad eléctrica.

ECHANDO NÚMEROS
El sistema de transporte masivo eléctrico de Guadalajara requiere una demanda máxima asignada de 10.2 megavatios (MW) para su funcionamiento integral, lo que representa un consumo anual estimado de entre 35 y 40 millones de kilovatios-hora (kWh) para mover sus líneas de tren, trolebús y autobuses eléctricos.

El de Monterrey reporta un consumo energético que oscila entre los 75 y 90 millones de kWh anuales. Esta cifra posiciona a esta ciudad como el segundo consumidor de electricidad por electromovilidad pública en el país; la Ciudad de México ocupa el primer lugar con una demanda consolidada que supera los 1,000 millones de kWh al año.

El Tren Ligero de la Ciudad de México, con una estación enfrente del Estadio Azteca ahora Estadios Banorte y para efecto del mundial Estadio Ciudad de México consume aproximadamente 507,212 kWh al mes. Según el portal de transparencia de la Ciudad de México, cada corrida promedio de la línea completa (Tasqueña – Xochimilco) requiere alrededor de 36,229 kWh.

ES INEVITABLE LA COMPARACIÓN
Un partido de 90 minutos en el Estadio Azteca —en este artículo le vamos a seguir llamando Estadio Azteca— consume aproximadamente 25,000 kWh requiriendo un pico de potencia operativa de entre 5 y 10 megavatios, los que señala el estudio de la Universidad de Duke.

Para dimensionar esta cifra en el entorno corporativo, el gasto energético de un solo partido equivale al consumo mensual completo de una empresa mediana (como una fábrica textil o un supermercado grande), o bien, al consumo de un día entero de una gran planta industrial.

Grandes complejos industriales (como una planta automotriz de ensamble o una papelera) tienen consumos masivos de entre 20,000 y 30,000 kWh diarios. Un partido equivale al gasto de un día completo de estas compañías.

Una torre de oficinas de unos 10 pisos que alberga a múltiples empresas consume en promedio 3,500 kWh al día (contando aire acondicionado, servidores y computadoras). El gasto del partido mantiene encendido este complejo corporativo durante toda una semana laboral.

EL GRITO, PERO NO POR EL GOL
Si una empresa manufacturera se queda sin energía eléctrica, la consecuencia inmediata es el paro total de la producción, lo que genera pérdidas económicas críticas que pueden ir desde miles hasta millones por cada hora de inactividad.

A diferencia de una oficina, un apagón en el sector industrial detiene maquinaria pesada, rompe cadenas de suministro y daña equipos de alto valor.

En industrias como la de plásticos (inyección/extrusión), alimentos, química o fundición, si el flujo eléctrico se corta, el material se enfría y se solidifica dentro de las máquinas. Esto arruina por completo el lote en producción y vuelve inservible la materia prima. Además, el costo por hora de tener a cientos de operadores detenidos esperando que regrese la luz impacta directamente en la rentabilidad de la empresa.

Por otro lado, los cortes repentinos suelen venir acompañados de variaciones de voltaje al irse o regresar la luz. Estos picos queman componentes electrónicos sensibles, tarjetas madre, servomotores y controladores lógicos programables.

Al detenerse la maquinaria de golpe y sin una rutina de apagado controlado, se producen descalibraciones mecánicas severas y herramientas atascadas que requieren días de reparación por parte de mantenimiento.

Y, por si fuera poco, el retraso en las líneas de producción frena los embarques programados, lo que genera penalizaciones económicas por parte de los clientes, especialmente en la industria automotriz con el sistema just intime.

Hay que considerar que no se puede trabajar a media luz, por los riesgos de seguridad y salud ocupacional; por ejemplo, la oscuridad repentina en naves industriales con montacargas en movimiento o herramientas punzocortantes eleva el riesgo de lesiones.

Además, al faltar la energía eléctrica se pueden desactivar los extractores de gases tóxicos, ventilación de áreas confinadas o los sistemas de bombeo de agua contra incendios, comprometiendo la seguridad de las instalaciones.

¡Ya. Basta de negatividad!, me dirán algunos…

CÓMO EVITAR ESCENARIOS NEGATIVOS
Para superar el déficit de energía eléctrica, México requiere una estrategia integral basada en la modernización de sus redes de transmisión, el fomento a la inversión privada y la aceleración de la transición hacia fuentes renovables. Uno de los motivos es aprovechar el nearshoring.

En el Future Energy Summit, se dijo que para aprovechar plenamente el nearshoring, México necesita incorporar una capacidad de generación eléctrica adicional de entre 30 y 37 gigavatios rumbo al año 2030.

Esta cifra representa aumentar en casi un 40% la capacidad instalada actual del país (la cual ronda los 89,000 megavatios) y demanda una inversión estimada de 40,000 millones de dólares exclusivamente para el sector energético.

Por ejemplo, la instalación de armadoras automotrices, plantas de semiconductores, metalúrgicas y fábricas de componentes electrónicos requiere flujos de potencia constantes que el sistema actual no puede garantizar en horas pico, se dijo en el mismo evento.

Por estos datos y otros más hay que evitar que se vaya la luz cuando llegue el gol. El Mundial de Fútbol puede servir para valorar en dónde estamos en cuanto a la oferta de energía eléctrica y qué requerimos para cubrir la demanda.

Un último dato: en Monterrey, el uso de sistemas de aire acondicionado residencial y comercial representa entre el 40 y 60% del consumo total de energía durante las horas de transmisión. Un solo equipo de climatización comercial tipo minisplit demanda la misma potencia que 10 televisores encendidos en paralelo, multiplicando la presión sobre una región que ya enfrenta desafíos recurrentes en la estabilidad de sus redes de distribución locales, señala el reporte de Solar 180.
*Presidente del Consejo Editorial.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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