El fútbol es el deporte universal por excelencia. Basta con una pelota y unas piedras o mochilas improvisadas como porterías para imaginarse de repente en un estadio repleto, disputando la final de la Copa del Mundo y sintiéndose por un momento Alexia Putellas o Lionel Messi a punto de marcar el gol de la victoria.
Así construye sueños el deporte rey… En la cancha, el fútbol funciona como un entorno práctico de aprendizaje donde se fomentan valores y desarrollan habilidades como la colaboración, disciplina, resiliencia, toma de decisiones y respeto.
Un análisis de la OCDE de más de 400 millones de vacantes muestra una creciente demanda de competencias tecnológicas, mientras que proyecciones de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos estiman que el empleo en áreas STEM (por sus siglas en inglés Science, Technology, Engineering, and Mathematics) crecerá por encima del promedio en los próximos años.
Sin embargo, pensamiento crítico, creatividad, colaboración y alfabetización digital son precisamente las competencias que los sistemas educativos tradicionales tienen más dificultades para desarrollar, por lo que se debe actuar con agencia, colaborar con otros y desenvolverse en contextos complejos.
Desde esa perspectiva, el movimiento de fútbol para el desarrollo ha sabido adaptarse a esa realidad cambiante, porque el fútbol ya no es solo el gancho para atraer a los jóvenes, sino el vehículo a través del cual se les prepara para participar con mayor confianza y competencia en un mundo en transformación acelerada.
FÚTBOL CON PROPÓSITO
Una de las primeras experiencias documentadas emerge en Colombia en 1994. El investigador alemán Jürgen Griesbeck fundó en 1996 Fútbol por la Paz, una iniciativa que organizaba torneos mixtos en barrios vulnerables con reglas radicales: sin árbitros, faltas resueltas por consenso, equipos mixtos y el primer gol siempre marcado por una mujer.
En una ciudad donde morían más de 5 mil jóvenes al año de manera violenta, el fútbol logró lo que ninguna política pública había conseguido: crear espacios de diálogo y resolver conflictos a través del juego y no de la fuerza.
Esa experiencia creció hasta convertirse en streetfootballworld en 2002 y en Common Goal en 2017, atrayendo a futbolistas profesionales, marcas e instituciones al movimiento. Hoy, la red agrupa a 192 organizaciones en más de 100 países que han beneficiado directamente a 3.6 millones de niños y jóvenes y a casi 9 millones más de forma indirecta, movilizando a más de 11 mil entrenadores y personal.
Una de esas organizaciones, Canada SCORES, ilustra cómo el fútbol puede convertirse en puerta de entrada a la educación formal. En América Latina, Fútbol Más es uno de los referentes más consolidados. Fundada en Chile en 2007 ha impactado en casi 200 mil niñas y niños en 11 países y tres continentes, usando el fútbol para fortalecer habilidades para la vida, promover la cohesión comunitaria y mejorar la convivencia escolar.
En 2024, en una muestra de mil 580 participantes de Chile, Perú, Paraguay y México, el porcentaje con nivel de bienestar óptimo aumentó de 26 a 38%. A mayor escala, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y su Fundación operan con una capacidad de articulación de recursos y legitimidad institucional que ninguna otra entidad del sector puede igualar.
FIFA, en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desarrolló Fútbol para las Escuelas (F4S), incorporando el fútbol al sistema educativo formal para desarrollar habilidades para la vida en niñas y niños de entre 4 y 14 años, con actividades alineadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Al cierre de 2024 operaba con 139 asociaciones miembro y había capacitado a 4 mil 558 educadores.
La Fundación FIFA, entidad independiente creada en 2018, complementa esa visión a través de diversos programas, entre ellos, el Programa Comunitario, que financia anualmente a organizaciones no gubernamentales en todo el mundo que abordan educación, salud, igualdad de género y construcción de paz a través del fútbol.
El compromiso más reciente y ambicioso es el Fondo FIFA y Global Citizen para la Educación, lanzado en 2025 tiene la meta de recaudar 100 millones de dólares antes del cierre del Mundial 2026: una mitad se destinará a organizaciones no gubernamentales en más de 200 países y la otra al programa F4S. Un dólar de cada boleto vendido de la Copa del Mundo 2026 irá directamente al fondo.
México ocupa un lugar singular en este ecosistema, y no solo por ser uno de los países sede de la justa mundialista. La presencia de organizaciones internacionales como Fútbol Más, activa en más de 15 estados de la República, convive con iniciativas locales de creciente alcance.
En diciembre de 2024, la Federación Mexicana de Fútbol, a través de su programa Jugamos Todos y en alianza con F4S, capacitó docentes de educación física y distribuyó balones y herramientas tecnológicas en 500 escuelas primarias públicas de Guerrero, Sonora y Michoacán. México representa tanto un desafío educativo de gran escala como un terreno especialmente fértil para que este movimiento siga creciendo.
Estudios académicos identificaban en 2019 al menos 955 entidades formalmente dedicadas al deporte para el desarrollo a nivel global, un tercio de las cuales basa sus programas exclusivamente en el fútbol, y todo indica que esa cifra no ha hecho más que crecer.
FÚTBOL, TECNOLOGÍA Y HABILIDADES PARA EL FUTURO
Hay un salto cualitativo que define la frontera más innovadora de este movimiento. No se trata solo de usar el fútbol para transmitir valores o mejorar el bienestar, sino de llevarlo al aula como contexto para enseñar matemáticas, ciencias, lengua y otras materias de primaria, incorporando herramientas tecnológicas como la programación y la robótica educativa para desarrollar habilidades digitales determinantes para el futuro.
En un contexto educativo donde la motivación es uno de los desafíos más persistentes, convertir algo que los estudiantes ya aman en el punto de partida del aprendizaje no es un recurso menor, es una decisión pedagógica de fondo.
La Fundación Brighton & Hove Albion desarrolló Soccer STEM, un programa que usa robots con forma de pelota de fútbol en una cancha para enseñar a niños de primaria a programar, resolver problemas y trabajar en equipo.
En Texas, FC Dallas, club de la Major League Soccer, va un paso más allá con STEAM FC, un programa desarrollado en alianza con el Distrito Escolar de Frisco y el Salón Nacional de la Fama del Fútbol, que enseña a estudiantes de 11 a 14 años la aplicación real de ciencias, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas a través del lente del fútbol.
El programa convierte el Estadio Toyota en un aula interactiva con cuatro estaciones: la física del gol, las carreras en la industria del fútbol, la ciencia del rendimiento deportivo y el uso de tecnologías en un estadio profesional.
El Programa de Educación Digital de la Fundación FIFA opera con una ambición aún más sistémica. Lanzado en 2023 con Belice, Paraguay, Mauritania y Bután como países piloto, financia equipamiento tecnológico, formación docente intensiva, acompañamiento pedagógico y materiales didácticos que usan conceptos de fútbol para dar vida a contenidos de distintas materias de nivel primaria en escuelas públicas.
El programa se encuentra en una fase de expansión global, con miras a sumar nuevos países en los próximos años. Dado el momentum del mundial, su amplia base de estudiantes en primaria, la pasión futbolística de su población y un sector de tecnología educativa en crecimiento, México se perfila como uno de los candidatos naturales para esa siguiente etapa, una oportunidad de legado educativo que el torneo podría ayudar a detonar.
En un año en el que el fútbol concentrará la atención de miles de millones de personas, estos programas recuerdan que el mayor legado de un mundial no tiene por qué medirse en infraestructura ni en turismo, sino en las capacidades que deja instaladas en quienes lo reciben.
*Consultora independiente. Economista por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y Maestra en Administración Pública y Desarrollo Internacional por la Universidad de Harvard, actualmente lidera la implementación global del Programa de Educación Digital de la Fundación FIFA, iniciativa que usa el fútbol y tecnología para promover habilidades del siglo XXI. Cuenta con más de 15 años de experiencia en educación, políticas públicas y cooperación internacional a través de diversas instituciones nacionales e internacionales, entre ellas el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones y la Presidencia de la República de México. Apasionada del fútbol y convencida de su impacto social.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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