En un momento que vuelve a poner en el centro el valor de las instituciones, la tensión entre la Casa Blanca y la Reserva Federal recupera la visión de Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro y arquitecto del primer banco nacional de Estados Unidos para quien la estabilidad económica exigía
instituciones capaces de operar con técnica, previsión y distancia del vaivén político.
La apuesta de Hamilton por un banco nacional fuerte y orientado al interés público adquiere hoy nueva vigencia, precisamente cuando la arquitectura institucional que imaginó vuelve a ser puesta a prueba.
Para Hamilton,
la economía no podía depender del capricho político del día: requería anclar la confianza, aislarse de impulsos electorales y actuar con criterios técnicos y no partidistas. Ese principio —que dio origen al primer banco nacional y más tarde inspiró la evolución de los bancos centrales modernos— ha guiado por décadas la arquitectura institucional de Estados Unidos.
Sin embargo,
esa continuidad histórica hoy enfrenta una tensión inédita. Durante más de un siglo, la Fed logró mantenerse al margen de los ciclos políticos —incluso en la Gran Depresión—, la estanflación de los setenta o la crisis de 2008. El episodio actual rompe esa tradición: por primera vez en la historia reciente,
un presidente en funciones y el Departamento de Justicia (DOJ) colocan a la Fed bajo una presión que desafía directamente su autonomía.
¿QUÉ DETONÓ LA CRISIS ENTRE LA CASA BLANCA Y LA RESERVA FEDERAL?
La crisis estalló cuando el DOJ emitió citaciones judiciales amenazando con un proceso penal contra Powell por sus declaraciones sobre las renovaciones en la sede del banco central. Powell calificó la acción como un intento de intimidar y advirtió:
“La pregunta es si la Fed podrá seguir fijando tasas con base en evidencia o si la política monetaria será dirigida por la presión o la intimidación política”.
El presidente Donald
Trump ha acusado públicamente a Powell de incompetencia, reprochando que la Fed no haya recortado tasas al ritmo que él exige para estimular el mercado inmobiliario y reducir el costo del financiamiento público.
Pero
Powell no está solo, la independencia que él ejerce en la Fed y la autonomía que reclama está respaldada. Más de diez bancos centrales —incluyendo el BCE, BoE, Canadá, Australia, Corea y Brasil— firmaron un comunicado conjunto en apoyo a su autonomía. Incluso autoridades de economías emergentes, como el RBI de India, subrayaron la importancia de preservar la autonomía monetaria. En América Latina, el Banco Central de Chile reiteró que la autonomía es un pilar que debe mantenerse como principio rector.
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y GEOPOLÍTICAS DEL CONFLICTO
La
politización de la Fed puede aumentar la volatilidad financiera global, deteriorar la credibilidad antiinflacionaria, debilitar el rol del dólar como moneda de reserva y elevar las primas de riesgo. La historia ofrece una advertencia: la presión de Nixon sobre Arthur Burns en los años setenta derivó en estanflación.
En el contexto actual,
si la Fed pierde independencia, otros países podrían justificar intervenir sus propios bancos centrales, afectando cómo los mercados evalúan credibilidad, riesgo y expectativas de inflación.
Frente a las acusaciones,
Powell afirmó que continuará ejerciendo su mandato con integridad. El conflicto se ha intensificado en el Congreso —algunos senadores han prometido bloquear nominaciones de la Casa Blanca hasta que la investigación se resuelva— y la selección de su sucesor se ha convertido en un choque político abierto.
En este contexto,
la Casa Blanca ha comenzado a impulsar como sucesor en la presidencia de la Reserva Federal a Kevin Warsh, exgobernador de la propia institución y figura con amplia experiencia en política monetaria. Warsh, quien formó parte de la Junta de la Fed entre 2006 y 2011, es visto como un perfil técnico con credibilidad en los mercados financieros.
La trayectoria de Warsh incluye un
enfoque tradicionalmente más cuidadoso ante la inflación y una postura crítica hacia el crecimiento del balance del banco central, aunque en los últimos meses ha expresado apoyo a recortes de tasas que coinciden con la visión de la actual administración.
La nominación de Warsh, anunciada por el presidente Trump a finales de enero, ha
intensificado el debate sobre el grado de independencia que conservará la Fed en un momento de elevada tensión institucional.
Diversos analistas han señalado que
Warsh enfrentará el reto de sostener la credibilidad e independencia del banco central en un entorno donde las expectativas políticas presionan en sentido contrario.
El mandato de Powell como presidente termina en mayo de 2026, pero puede extenderse hasta enero de 2028 como miembro de la Junta de Gobernadores; es decir,
si decidiera permanecer, la normativa lo respalda.
Existen precedentes claros: Charles Hamlin (presidente de la Fed 1914-1916 y gobernador hasta 1936), líder inaugural que permaneció dos décadas tras dejar la presidencia, convencido de que la misión institucional superaba al cargo; y Marriner Eccles (presidente 1934-1948 y gobernador hasta 1951), tras dirigir la institución durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, fue desplazado por Harry Truman pero mantenido en la Junta por su enorme credibilidad en los mercados y a que la propia normativa limitaba la capacidad del Ejecutivo para removerlo.
LO QUE ESTE CONFLICTO SIGNIFICA PARA MÉXICO
Para México, economía abierta e integrada con Estados Unidos, este conflicto no es lejano:
afecta directamente las condiciones de liquidez global, el valor del dólar, la volatilidad en mercados emergentes y las expectativas inflacionarias importadas. De ello se desprenden tres lecciones:
1.La autonomía debe defenderse.
2.La credibilidad se erosiona rápido y se reconstruye lento.
3.Dependemos de la estabilidad institucional de bancos centrales avanzados.
Sin embargo —y este es el punto crítico— estas lecciones llegan cuando la política monetaria nacional también enfrenta dudas. Un análisis de Moody’s Analytics sostiene que México ha perdido tracción en los últimos años, fundamentado en tres factores.
1.
Retiro prematuro de la restricción monetaria en 2025, motivado por apoyar la recuperación económica tras un periodo de debilidad prolongada.
2.
Deterioro de expectativas de inflación pues, aun con recortes de tasas, el mercado duda que la meta del 3% se cumpla en 2026.
3.
Pérdida de confianza en la eficacia operacional del Banco de México, visible en la inflación subyacente, que pasó de
3.7% a finales de 2024 a 4.3% un año después.
En este contexto, dentro de la Junta de Gobierno del Banco de México ha destacado la postura del subgobernador
Jonathan Heath,
quien se ha manifestado abiertamente en contra de
seguir reduciendo la tasa de interés y advierte que insistir en ese camino
podría erosionar aún más la credibilidad de Banxico, justo cuando la autonomía monetaria se ve presionada también al norte de la frontera.
LA AUTONOMIA COMO ANCLA INSTITUCIONAL
La experiencia mexicana confirma que la autonomía y la credibilidad monetaria no son abstracciones técnicas, sino activos institucionales que requieren disciplina, coherencia y comunicación clara.
Lo que ocurre en Estados Unidos —y en los debates internos mexicanos— recuerda que la estabilidad financiera depende de preservar espacios de decisión protegidos de presiones políticas de corto plazo.
Así, el conflicto entre la Casa Blanca y la Reserva Federal no es solo un episodio estadounidense:
es una advertencia global. Si la Fed —referente mundial— ve comprometida su independencia, se debilita una pieza central del orden financiero internacional. Para países como México, que dependen de la credibilidad de sus instituciones monetarias, el mensaje es inequívoco:
la autonomía no se hereda, se ejerce y se defiende todos los días.
En la narrativa moderna sobre Hamilton se repite una idea central: la nación se sostiene cuando sus instituciones no ceden ante la presión política. Por eso, como planteaba la visión de aquel padre fundacional, la fortaleza de una nación no reside únicamente en sus mercados, sino en la arquitectura institucional que sostiene sus decisiones económicas.
La estabilidad monetaria —como cualquier libertad pública— exige vigilancia constante y la convicción de proteger el interés de largo plazo por encima del ruido político del momento.