Ciertamente este renovado interés de Estados Unidos (EUA) por la Luna no es solo un asunto de curiosidad, exploración y prestigio internacional, más bien este hecho obedece a una estrategia geopolítica con implicaciones tecnológicas, de innovación, de control y de dominio, sobre todo a la luz de la competencia hegemónica entre EUA y China. De hecho, la dinámica geopolítica entre estas dos naciones es lo que ha creado la urgencia de EUA por regresar a la Luna, debido al valor estratégico intrínseco del satélite de la Tierra. Así, la NASA tiene programado un alunizaje con astronautas para el 2028.
Para la geopolítica variables como la ubicación, los recursos, el territorio, la demografía, la economía, la tecnología, el soft power y la seguridad forman un marco que permite a los Estados entender su posición y analizar la competencia entre países por influencia, dominio y toma de decisiones.
Por ello, la ubicación cercana de la Luna a nuestro planeta la convierte en el mejor lugar para que la NASA pruebe nuevas tecnologías e investigue la mejor manera de sostener vida humana lejos de la Tierra y prepararse para las próximas misiones a Marte y más allá. Seguramente la Luna servirá como punto de partida para numerosas expediciones del Sistema Solar; la infraestructura lunar será como una estación de servicio y centro de tránsito en una autopista interestelar para los viajes entre la Tierra y mucho más allá en el Espacio.
Pero no solo es importante regresar a la Luna por su ubicación cercana a la Tierra, sino también porque la existencia de recursos naturales importantes en su superficie le da un gran valor estratégico. Hoy en día, poner en órbita los materiales necesarios para sostener las actividades espaciales resulta muy costoso. Para darse una idea, SpaceX anuncia un precio de $220,000 dólares por libra a la Luna. ¡Una ganga!
Pero además hay hielo de agua en la Luna, el cual puede descomponerse y usarse para diversos propósitos como puede ser en la fabricación de un propulsor. Otros recursos importantes como el oxígeno, el hidrógeno y metales están presentes en la superficie lunar y podrían utilizarse in situ para mantener la actividad humana a gran escala. A su vez existen algunos recursos en la Luna que son lo suficientemente valiosos como para justificar su extracción y regreso a la Tierra. De hecho, las rocas lunares del programa Apollo contenían elementos de tierras raras que hoy día se utilizan en la producción de una amplia gama de la electrónica moderna. Otros compuestos como el helio-3, el cual es poco común en la Tierra, se encontró en grandes cantidades en la Luna. Éste podría desempeñar un papel importante para avanzar tecnologías cuánticas.
Pero la hazaña espacial estadounidense también enfrenta competencia. Hoy día China es una potencia espacial difícil de ignorar. Siendo China el principal competidor geopolítico de EUA, la llegada de China a la Luna representa la piedra angular en sus ambiciones para ampliar y fortalecer su influencia en el Espacio. Aunque China no ha puesto todavía un astronauta en la superficie del satélite, su programa lunar tiene como objetivo un alunizaje tripulado para el 2030. Sin embargo, la Administración Espacial Nacional de China (CNSA) ha completado varias misiones robóticas no tripuladas a la Luna, incluyendo el despliegue de vehículos exploradores y el regreso exitoso de muestras de las caras cercana y lejana de la superficie lunar. De hecho, cabe destacar que China ha sido el único país en obtener muestras de la cara oculta de la Luna.
Para prepararse para sus próximas misiones lunares, China está realizando pruebas exhaustivas del hardware necesario, como es el cohete de carga pesada Larga Marcha-10 y la nave espacial Mengzhou, utilizando la estación espacial Tiangong para realizar vuelos espaciales tripulados de larga duración.
La Luna es una plataforma estratégica para probar nuevas tecnologías y mejorar la manera de sostener vida humana lejos de la Tierra.
Los programas lunares impulsan la innovación en sectores como la robótica avanzada, la IA, la ciencia de los materiales, los sistemas energéticos y ciencias de la salud.
COMPETENCIA GEOPOLÍTICA ENTRE EUA Y CHINA
Reconociendo que la Luna es una plataforma estratégica, lo que está en juego geopolíticamente entre EUA y China es: 1. Establecer normas y liderar la gobernanza espacial; 2. Asegurar recursos futuros; 3. Demostrar su capacidad tecnológica y militar; y 4. Construir alianzas globales.
1. Establecer normas y liderar la gobernanza espacial. El país que regrese primero a la Luna —y permanezca ahí— podrá definir las reglas del juego en el Espacio. Por ahora, EUA está forjando alianzas mediante los Acuerdos de Artemisa —no son un tratado obligatorio, sino un compromiso político voluntario basado en el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967—, promoviendo la transparencia, la interoperabilidad y la participación de la Agencia Espacial Europea y del sector privado.
China, en colaboración con socios como Rusia, a través de la Estación Internacional de Investigación Lunar está impulsando un modelo de gobernanza alternativo que podría rivalizar con las normas occidentales. En esencia, se trata de establecer el marco jurídico y político para la futura actividad espacial.
2. Asegurar recursos futuros. Hay que ver a la Luna no solo como un destino, sino como un potencial centro de recursos. Sabiendo que hay hielo de agua en el polo sur lunar, éste podría utilizarse para producir combustible (hidrógeno y oxígeno), lo que permitiría misiones espaciales más profundas. Se especula que el helio-3, un isótopo raro en la Tierra, podría servir como un combustible potencial para la energía de fusión en el futuro. Tanto EUA como China desean tener acceso y presencia temprana cerca de regiones clave, especialmente el polo sur lunar, para evitar quedar excluidos de recursos estratégicos para las nuevas tecnologías.
3. Demostrar su capacidad tecnológica y militar. Si bien es cierto que hasta ahora ni EUA ni China planean abiertamente militarizar la Luna, la infraestructura espacial tiene claras implicaciones de doble uso. Las tecnologías que se han desarrollado para las misiones lunares, tales como los sistemas de lanzamiento, navegación, comunicaciones y sistemas autónomos, también mejoran las capacidades espaciales militares, impactando la seguridad nacional.
El espacio cislunar (la región entre la Tierra y la Luna) se considera cada vez más un dominio estratégico para la vigilancia y el posicionamiento. La zona cislunar incluye los puntos de equilibrio gravitacional entre la Tierra y la Luna, ubicaciones ideales para posicionar, por ejemplo, telescopios, estaciones espaciales o satélites de retransmisión. La propia Luna podría llegar a albergar sistemas que mejoren el conocimiento situacional o el alcance logístico en el Espacio.
Es un hecho que los programas lunares impulsan la innovación en diversos sectores económicos, entre los que se encuentran la robótica avanzada, la IA, la ciencia de los materiales, los sistemas energéticos y ciencias de la salud. Pero también tienen un impacto positivo en los ecosistemas espaciales comerciales como en los proveedores de lanzamiento, tecnología minera, etc.
Por ahora, EUA se apoya en empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, mientras que China depende de las políticas industriales del Estado. Sin embargo, ambos enfoques buscan dominar la economía espacial emergente.
4. Construir alianzas globales. Las alianzas espaciales se han convertido en una extensión de los bloques geopolíticos. Así, EUA ha incorporado a más de 60 países al programa Artemis de la NASA; por su parte, China corteja socios en Asia, Africa y en América Latina para sumarse a su visión de base lunar. En realidad, la participación en misiones lunares es muy probable que derive en una alineación política de largo plazo y en una dependencia tecnológica.
COMENTARIO FINAL
Para concluir, el regreso a la Luna implica presenciar qué país -con su bloque geopolítico- definirá y controlará la próxima fase de la actividad humana en el Espacio. Sin duda, el alunizaje de astronautas en nuestro satélite es una forma visible de demostrar el poderío nacional. Además, este regreso a la Luna representa nuevas oportunidades económicas y una mayor comprensión científica, que indudablemente desembocarán en innovaciones tecnológicas, control de industrias estratégicas y nuevos mercados.
*Asociada de Comexi Internacionalista (UNAM y Columbia University) Economista (Georgetown University)
rgornelase@gmail.com Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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