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La relación comercial entre EE. UU. y China ha entrado en una nueva etapa, que más que un punto de inflexión parece tratarse de una tregua estratégica tras meses de escalada arancelaria con tarifas que alcanzaron niveles sin precedentes.

Los aranceles, en efecto, pueden servir a Trump para ejercer presión en temas migratorios y de seguridad. Pero también reflejan su determinación de cerrar parcialmente la economía estadounidense.
El precio del barril del petróleo Brent superó los 100 dólares, el crecimiento económico apunta a la baja y en medio de todo esto la inflación sigue siendo una amenaza latente en todo el mundo, incluido México donde la revisión del TMEC está en primera fila.