Transición energética: descarbonización de las finanzas públicas

La transición energética hacia fuentes más sostenibles y limpias ha adquirido una relevancia significativa en el contexto actual. A medida que los países se comprometen con la reducción de emisiones y la mitigación del cambio climático se enfrentan a retos como la descarbonización de las finanzas públicas, que implicará un esfuerzo para los tres órdenes de gobierno.
Por César Augusto Rivera de Jesús
En el cruce de desafíos globales que plantea el cambio climático, los acuerdos internacionales han emergido como pilares fundamentales en la presión por transformar las políticas energéticas a nivel mundial. A medida que los impactos del cambio climático se hacen más evidentes en forma de eventos climáticos extremos y alteraciones en los patrones meteorológicos, los países reconocen la problemática y comienzan a transformar su matriz energética dominada por combustibles fósiles a fuentes limpias y sostenibles.

Sin embargo, la transición hacia fuentes de energía limpia trasciende la cuestión medioambiental y se extiende a cuestiones económicas y sociales. Para los países que históricamente han apoyado su economía en recursos altamente carbonizados, como México, resulta un reto mayor. La presente investigación revisa las finanzas públicas del país; desde una mirada carbonizada explora las estrategias de descarbonización y analiza su impacto en las finanzas públicas a nivel nacional y estatal.

FINANZAS, INGRESOS Y GASTO PÚBLICOS
En México, los combustibles fósiles han desempeñado un importante papel tanto en la economía como en las finanzas públicas. En 1996, la extracción de petróleo y gas representó el 9.2% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Sin embargo, desde entonces su participación relativa en la actividad económica ha ido reduciéndose. En 2022, representó el 3.2% del PIB (INEGI, 2023). Sin embargo, los volúmenes de las reservas probadas son de 6 mil 705 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (Mbpce). En consecuencia, la relación entre reservas y producción es de 7.7 años (Pemex, 2023).

Los ingresos públicos carbonizados desempeñaron un pilar fundamental para el equilibrio de las finanzas públicas del país. Desde las primeras incursiones en la explotación petrolera se establecieron impuestos. El primero fue el impuesto especial del timbre decretado por Francisco I. Madero en 1912. Dicho suceso marcó el inicio de la relación entre la producción petrolera y las obligaciones fiscales. Conforme la industria se estableció de manera más sólida en el país se promulgaron cuotas y regalías que gravaban la producción de la industria.

Después de la expropiación petrolera y la fundación de Petróleos Mexicanos como una empresa pública, ésta se convirtió en un pilar financiero, contribuyendo al gasto público mediante el pago de impuestos. No obstante, la dinámica ha experimentado un cambio. Los ingresos carbonizados han ido perdiendo terreno en su contribución a las finanzas públicas. Estos ingresos están conformados por los ingresos propios de Pemex, del Fondo Mexicano del Petróleo (FMP) y el Impuesto Especial a Producción y Servicios (IEPS) petrolero que en 2008 representaron el 36.7% de los ingresos totales, mientras que para 2022 el 22.4%.

Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como Empresas Productivas del Estado (EPE) son actores de gran relevancia en el sector energético y el gasto público. La asignación de recursos públicos a ambas EPE ha determinado la conformación de la matriz energética del país. En promedio, 99% del gasto en energía es gasto carbonizado.

Desde 2018, se ha observado un aumento en el gasto público carbonizado, contrastando con los ingresos generados por estas mismas fuentes. Este aumento se debe a la política energética vigente del país, que privilegia las actividades relacionadas con hidrocarburos y petróleo, lo cual confronta con los compromisos internacionales en materia de cambio climático. El gasto carbonizado en 2017 representó el 8.0% del gasto total y en 2022 el 11.7%, lo que significó un aumento de 67.3%. En contraste, el presupuesto dirigido a la mitigación y adaptación al cambio climático representó 5.6% del gasto carbonizado y 0.6% del gasto total.

Como se mencionó, los ingresos carbonizados tienen un papel importante en la recaudación federal. Sin embargo, también son importantes para las entidades federativas. Esto se debe a que los ingresos del FMP y el Impuesto Sobre la Renta (ISR) por contratos y asignaciones derivadas de los hidrocarburos son parte de la Recaudación Federal Participable (RFP). Los ingresos carbonizados conforman la RFP junto con los ingresos tributarios. Si bien, los ingresos tributarios conforman en su mayoría la RFP, los ingresos carbonizados han perdido participación. En 2008 representaron 44.0% de la RFP, mientras que para 2022, a pesar de un aumento en el precio del petróleo, sólo 13.3%.

Al estar vinculada la RFP con el gasto federalizado por medio de las participaciones y aportaciones, la disminución de los ingresos carbonizados tendría un efecto directo sobre los ingresos totales, por lo que todas las entidades se verían afectadas. Los estados donde se extrae petróleo y gas experimentarán impactos adicionales. Campeche, Chiapas, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz se verían especialmente presionados, ya que la asignación de recursos federales depende del valor de extracción bruta de hidrocarburos y el volumen de producción de gas natural de cada entidad federativa.
La adaptación a un nuevo panorama energético conlleva implicaciones económicas y fiscales a nivel nacional y subnacional. Descarbonizar las finanzas públicas implicará un esfuerzo para los tres órdenes de gobierno.
DESCARBONIZACIÓN DE LAS FINANZAS PÚBLICAS
La descarbonización de las finanzas públicas implica un cambio profundo en la forma en que se generan y utilizan los recursos disponibles. Este cambio provocaría un impacto en el balance presupuestario, porque los ingresos presupuestarios disminuirán y el gasto energético para fuentes limpias y sostenibles aumentaría. Para ello, es necesario contar con una política que identifique estrategias que compensen los recursos fiscales provenientes de la industria petrolera y que reduzcan los efectos de la transición energética en el balance presupuestario.

Entre las estrategias de descarbonización, desde la perspectiva energética y ambiental, destacan:

Reforma a subsidios. El precio de la energía es artificial debido a los subsidios. Una reforma de los subsidios energéticos proveerá un incentivo a los agentes económicos para la descarbonización.

Impuestos ambientales subnacionales. La legislación de este tipo de impuesto regulará las actividades contaminantes y permitirá que incrementen los niveles de recaudación a nivel subnacional.

La suma de una reforma a los subsidios energéticos y la imposición de impuestos ambientales a nivel subnacional podría superar el 2% de PIB. No obstante, una estrategia de este tipo debe tomar en cuenta y focalizar a los hogares más vulnerables y no a los que más consumen, como a la fecha funcionan.

IMPLICACIONES DE POLÍTICA PÚBLICA
La transición energética en México representa un gran reto. La incertidumbre sobre la demanda de petróleo, la disminución de las reservas petroleras y los costos de oportunidad de una política energética que privilegia el petróleo y gas incrementa el reto para las finanzas públicas.

El principal reto de la descarbonización de las finanzas públicas será compensar la proporción que representan los ingresos petroleros respecto de los ingresos totales. A valor presente, se estima que por la explotación de las reservas probadas, la Federación recibiría 3 billones 980 mmdp por pago de impuestos. Esto representa 2.5 veces los ingresos carbonizados estimados para 2023.

Ante esta circunstancia y la urgencia de avanzar en la transición energética, resulta fundamental desarrollar una estrategia que compense la pérdida de ingresos públicos debido a la descarbonización. Una revisión de la asignación de subsidios energéticos y el impulso a la implementación de impuestos ambientales a nivel estatal podrían representar pasos iniciales en esta dirección.

La transición energética representa un cambio fundamental en la manera en que la sociedad obtiene y consume energía y, si bien trae consigo beneficios ambientales y de sostenibilidad a largo plazo, no está exenta de retos financieros. Las finanzas públicas a nivel nacional y estatal deben adaptarse para respaldar esta transformación, lo que implica ajustes en los ingresos, gastos y políticas fiscales.

Fuentes consultadas
CIEP. (2022). Finanzas públicas locales: hacia una nueva coordinación fiscal. Disponible en https://ciep.mx/g4wY/
Delgado, R. (2021). Política fiscal y cambio climático: experiencias recientes de los ministerios de finanzas de américa latina y el caribe. Disponible en https://publications.iadb.org/es/politica-fiscal-y-cambio-climatico-experiencias-recientes-de-los-ministerios-de-finanzas-de-america.
INEGI. (2023). Producto interno bruto trimestral. Disponible en https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/default.aspx?pr=%2018&vr=12&in=2&tp=20&wr=1&cno=2.
Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal. (2016). ¿qué es la recaudación federal participable (rfp)? Disponible en http://presto.hacienda.gob.mx/EstoporLayout/estadisticas.jsp.
Pemex. (2006). Crónica del petróleo en mëxico. de 1863 a nuestros díasl. Disponible en https://petroleo.colmex.mx/historia/.
Pemex. (2023). Formato 20-f. Disponible en https://www.pemex.com/ri/ reguladores/Paginas/informacion_sec.aspx
SHCP. (2023). Estadísticas oportunas de finanzas públicas. Disponible en http://presto.hacienda.gob.mx/EstoporLayout/estadisticas.jsp.
cesarrivera@ciep.mx

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