Los bancos centrales enfrentan choques inflacionarios relativamente conocidos, pero también una transformación tecnológica que podría estar modificando las condiciones bajo las cuales deben responder a ellos. El problema no es que los modelos hayan dejado de funcionar, sino que algunas de las variables que orientan las decisiones monetarias se han vuelto más difíciles de estimar.
Por Delia Paredes Mier
El Premio Nobel de Economía 2026, otorgado el 12 de octubre a Robert Hall y Michael Woodford reconoce un marco teórico que transformó la manera en que los bancos centrales conducen la política monetaria.
LA TEORÍA
En 1978, Hall concluyó que, si los consumidores utilizan toda la información disponible para suavizar su gasto a lo largo del tiempo, los cambios en su consumo deberían responder únicamente a información nueva y, por tanto, ser impredecibles.
La evidencia posterior identificó limitaciones, particularmente entre hogares con restricciones de liquidez, pero la contribución fue fundamental: las decisiones económicas dependen no solo de las condiciones presentes, sino también de lo que los agentes esperan del futuro.
Woodford llevó esa lógica al desarrollo de los modelos neokeynesianos, que combinan decisiones de consumo e inversión, rigideces en la fijación de precios y reglas de política monetaria.
En este marco, las expectativas sobre las decisiones futuras del banco central influyen en la actividad y la inflación actuales. De ahí la importancia de la comunicación monetaria, incluido el llamado forward guidance, mediante el cual los bancos centrales ofrecen señales sobre la posible trayectoria de las tasas de interés.
EN LA PRÁCTICA
Este marco permite analizar choques de distinta naturaleza. Un aumento de la demanda puede presionar la inflación y justificar una política monetaria más restrictiva. Un choque de costos plantea un dilema diferente:
Elevar la tasa no revierte el encarecimiento inicial, pero puede evitar que se propague a otros precios y salarios, a costa de debilitar la actividad. La respuesta nunca es automática, pero los mecanismos de transmisión son relativamente conocidos. La coyuntura actual de inflación ofrece dos ejemplos.
El primero es energético. En septiembre, la inflación anual de Estados Unidos alcanzó 3.7%, con aumentos de 20.4% en energía y 34.2% en gasolina, mientras la inflación subyacente se ubicó en 2.6%.
El encarecimiento energético eleva los costos de producción y transporte, pero también reduce el ingreso disponible de los hogares. El banco central debe determinar cuánto del incremento inicial terminará trasladándose al resto de los precios y cuánto afectará la demanda.
El segundo choque proviene de los aranceles estadounidenses. Estos encarecen bienes e insumos importados, pero también alteran cadenas de suministro, márgenes empresariales y decisiones de inversión.
Su efecto sobre la inflación depende de cuánto absorban las empresas y cuánto trasladen a los consumidores. Como ocurre con la energía, la tasa de interés no elimina el choque inicial, aunque puede contener sus efectos secundarios.
La transformación tecnológica introduce una incertidumbre de otra naturaleza. La inteligencia artificial está impulsando una expansión de la inversión en centros de datos, infraestructura energética y capacidad de cómputo.
En el corto plazo, esta demanda adicional de capital, electricidad y financiamiento puede intensificar las presiones inflacionarias. Sin embargo, las ganancias potenciales de productividad podrían permitir que las economías crezcan más sin generar aumentos equivalentes en los precios. Todavía no sabemos cuál de estos efectos dominará ni cuándo se materializarán los beneficios.
La dificultad va más allá de distinguir entre presiones de oferta y demanda. Si la inteligencia artificial eleva sostenidamente la productividad, también podría aumentar el producto potencial y modificar la tasa de interés neutral, aquella compatible con una economía operando cerca de su capacidad y con inflación estable.
Una mayor rentabilidad esperada del capital podría estimular la inversión y elevar esa tasa neutral, de manera que una política monetaria aparentemente restrictiva dejara de serlo en la misma medida. Pero si las ganancias de productividad resultan menores a las anticipadas, el diagnóstico sería diferente.
LOS MODELOS NEOKEYNESIANOS Y LA TRANSFORMACIÓN TECNOLÓGICA
El problema no es que los modelos neokeynesianos sean incapaces de incorporar estos fenómenos. Es que la transformación tecnológica puede modificar las referencias con las que se interpretan los choques tradicionales. Un crecimiento resistente al encarecimiento de la energía y los aranceles podría reflejar una demanda excesiva, un auge temporal de inversión tecnológica o un aumento genuino de la capacidad productiva.
Cada interpretación tiene implicaciones distintas para las tasas de interés y, por extensión, para el costo del financiamiento, la valoración de activos y las decisiones de inversión.
KEVIN WARSH Y LAS EXPECTATIVAS
Aquí las expectativas vuelven a ocupar un lugar central. Los hogares y las empresas toman decisiones presentes a partir de lo que anticipan sobre ingresos, productividad, precios y tasas futuras. Sin embargo, orientar esas expectativas se vuelve más difícil cuando la propia capacidad de crecimiento de la economía podría estar cambiando.
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, ha cuestionado la conveniencia de anticipar sistemáticamente las decisiones futuras de tasas. Su argumento abre una distinción importante: la transparencia no necesariamente exige comunicar qué hará el banco central, sino explicar cómo interpreta la información que orientará sus decisiones.
La contribución de Hall y Woodford sigue siendo fundamental para entender cómo las expectativas condicionan las decisiones económicas. Lo que la coyuntura actual pone a prueba no es tanto la teoría como nuestra capacidad para identificar qué fuerzas están determinando la inflación y el crecimiento.
En un entorno donde la tecnología podría estar modificando las referencias de la política monetaria, la transparencia quizá deba consistir menos en anticipar la próxima decisión de tasas y más en explicar cómo cambia el diagnóstico que la sustenta.
*Analista Económico
Profesor
X: @deliyo
Correo: delia.paredesmi@anahuac.mx
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Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

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