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No fue sorpresa que S&P Global Ratings cambiara la perspectiva de la calificación soberana a negativa el 12 de mayo, ni tampoco que Moody’s la degradara el día 20 al nivel más bajo del grado de inversión, donde ya nos había colocado Fitch Ratings. ¿Cuál sería la sorpresa a raíz de esta degradación?

La década de los años 2020 se está constituyendo en una era difícil para la operación y responsabilidades de la banca central porque el mundo enfrenta choques de gran escala global que representan nuevos desafíos.
En EE. UU., la combinación de un mercado laboral que mostró su primera contracción en más de dos años y una inflación que continúa moderándose provocó un giro abrupto en las expectativas sobre la política monetaria del Fed. La probabilidad de una pausa en septiembre saltó de menos de 30 a 56% en apenas dos semanas.