El punto de partida es fiscal.
La Oficina del Presupuesto del Congreso (Congressional Budget Office, CBO) estima para el año fiscal 2026 un déficit federal de 1.9 billones de dólares, equivalente a 5.8% del PIB, y proyecta que la deuda federal en manos del público alcance 120% del PIB en 2036. Cuando aumenta la oferta de bonos del Tesoro (Treasuries), los inversionistas pueden exigir mayores rendimientos para absorberla. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido además que el incremento en la oferta de Treasuries está erosionando parte de su tradicional “prima de seguridad” y presionando al alza los costos de financiamiento globales.
¿Por qué debería importarle esto a una empresa mexicana? Por tres razones que se convierten en canales de transmisión.
1 TASAS DE INTERÉS
El Treasury estadounidense
es una referencia para la valuación de numerosos activos financieros. Según el FMI, un aumento de 100 puntos base en el rendimiento del bono estadounidense a diez años puede elevar hasta 100 puntos base las tasas de largo plazo en mercados emergentes,
con efectos persistentes. Aunque la transmisión no es automática, eleva el costo base para la valuación del riesgo y el financiamiento. Por tamaño de empresa el efecto podría aparecer en:
• Grande: costo de emitir o refinanciar deuda.
• Mediana: tasas bancarias y condiciones de crédito.
• Microempresa: vía proveedores con mayor costo financiero, inventarios más caros o menores plazos de pago.
Esto importa especialmente en México por la estructura empresarial.
Los Censos Económicos 2024 del INEGI muestran que las microempresas representan 95.4% de las unidades económicas y emplean 41.5% del personal ocupado; las Pymes aportan otro 29.1% del empleo. Es decir, un choque financiero externo no es exclusivamente un problema de tesorerías corporativas: puede propagarse hacia la mayor parte del tejido productivo nacional.
2 TIPO DE CAMBIO
Tasas estadounidenses más atractivas pueden modificar los flujos internacionales de capital y aumentar la volatilidad cambiaria. Para una empresa mexicana que compra maquinaria, software, materias primas o insumos denominados en dólares, una depreciación del peso incrementa costos, aun cuando la empresa no tenga deuda en moneda extranjera.
Para quien sí tiene pasivos en dólares, pero genera principalmente pesos, el problema es doble: aumenta el valor en pesos de la deuda y de su servicio.
3 ACTIVIDAD ECONÓMICA
México y Estados Unidos mantienen una integración productiva excepcional. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos (U.S. Census Bureau), las importaciones estadounidenses de bienes mexicanos superaron los 534 mil millones de dólares en 2025. Una combinación de elevados costos financieros o menor crecimiento estadounidense puede afectar la demanda de exportaciones mexicanas
y, por las cadenas de suministro, también a empresas que aparentemente solo venden en el mercado nacional.
¿CÓMO PUEDE BLINDARSE UNA EMPRESA?
Las empresas no necesitan predecir a la Reserva Federal para administrar estos riesgos: necesitan identificar sus exposiciones y establecer reglas antes de la turbulencia a través de:
1 Elaborar un “mapa de exposición” con cuatro variables: deuda a tasa variable; vencimientos de los próximos 12 a 24 meses; ingresos y egresos en dólares; y concentración de ventas en clientes o sectores vinculados con Estados Unidos.
2 Evitar el descalce de monedas (currency mismatch).
La buena práctica es procurar que la moneda de la deuda guarde relación con la moneda de los flujos que servirán para pagarla. Una exportadora con ingresos estables en dólares puede tener una cobertura natural; una empresa que factura exclusivamente en pesos y se endeuda en dólares porque la tasa parece menor está asumiendo un riesgo cambiario que puede borrar rápidamente ese ahorro.
3 Administrar los riesgos de tasa de interés y cambiario.
Cuando una proporción elevada de la deuda está contratada a tasa variable, puede evaluarse una mezcla entre tasa fija y variable, así como coberturas mediante swaps, caps u otros derivados cuando el tamaño y sofisticación de la empresa lo justifiquen.
La mayor volatilidad refuerza el valor de las coberturas: en el 1T26, la actividad en derivados de MexDer creció 21% y el volumen de futuros dólar-peso aumentó 81%. Banxico también reporta una activa negociación OTC de forwards y swaps cambiarios. Derivados de tasas y cambiarios, como swaps, futuros y forwards pueden reducir estas exposiciones.
4 Escalonar vencimientos.
Concentrar una gran proporción de deuda en una sola fecha convierte una necesidad ordinaria de refinanciamiento en una apuesta sobre las condiciones de mercado de ese momento. Diversificar vencimientos y comenzar las negociaciones antes de necesitar los recursos reduce el llamado riesgo de refinanciamiento.
5 Ver a la liquidez como un seguro, no como dinero ocioso.
Una reserva prudente de efectivo y líneas de crédito disponibles permiten enfrentar periodos de volatilidad sin vender activos, cancelar inversiones productivas o aceptar financiamiento de emergencia.
Para las micro y pequeñas empresas, “blindarse” no necesariamente significa contratar derivados complejos. Puede significar
negociar precios en pesos con proveedores, reducir compras en dólares sin cobertura, mantener alternativas de financiamiento, evitar excesiva deuda de corto plazo y anticipar escenarios sencillos: texto
¿qué ocurre con el margen si el dólar sube 10%?, ¿si la tasa del crédito aumenta dos puntos porcentuales?, ¿si las ventas caen 10%? La administración de riesgos comienza con preguntas simples y números concretos.
Para las empresas medianas y grandes, el ejercicio debe institucionalizarse:
políticas de cobertura aprobadas, límites de exposición, pruebas de estrés, indicadores de liquidez y calendarios de refinanciamiento revisados periódicamente por la dirección y, cuando corresponda, por el consejo de administración.
Banco de México ha señalado entre los riesgos macrofinancieros relevantes los cambios inesperados en las condiciones financieras globales, precisamente el tipo de choque que una política preventiva busca absorber.
La deuda estadounidense no implica inevitablemente una crisis ni que las tasas globales deban subir de forma permanente. Estados Unidos conserva mercados financieros profundos y el Treasury continúa desempeñando un papel central como activo de referencia internacional. El riesgo empresarial surge de asumir que esas condiciones serán siempre estables.
Para las empresas mexicanas,
la conclusión es sencilla: no pueden controlar la deuda de Washington, pero sí cuánto dependen de una tasa, moneda, fecha de refinanciamiento, un proveedor o un mercado.
En finanzas corporativas, blindarse no significa adivinar el próximo choque; significa construir una empresa capaz de resistirlo.
*Profesora-investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
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