Deuda pública: una cifra no basta

Últimamente se ha debatido mucho sobre la sostenibilidad fiscal y el nivel de la deuda pública mexicana. El problema es que no siempre se está hablando de lo mismo. La cifra más citada ronda 51% del PIB. Otras fuentes muestran porcentajes distintos, a veces bastante mayores. ¿Puede México tener varias deudas al mismo tiempo? En cierto sentido, sí.
Por Delia Paredes Mier
Lo que se conoce como “deuda pública” no es una sola cifra. Depende de qué instituciones se incluyan, qué obligaciones se contabilicen y, sobre todo, de si a los pasivos se les restan o no determinados activos financieros. Hablar de deuda sin especificar la métrica es un poco como hablar del tamaño de una empresa sin aclarar si nos referimos a ventas, activos o valor de mercado.

Al cierre de junio de 2026, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, el SHRFSP, se ubicó alrededor de 51% del PIB. Es la referencia más utilizada en México para evaluar la posición fiscal del sector público. Pero no representa simplemente la suma de todo lo que el gobierno debe.

Para entender por qué hay que empezar por otra sigla poco amable: los Requerimientos Financieros del Sector Público, o RFSP. Mientras el déficit presupuestario mide esencialmente la diferencia entre ingresos y gastos incluidos en el presupuesto, los RFSP buscan capturar las necesidades de financiamiento generadas por el conjunto de operaciones del sector público, incluidas algunas que no aparecen directamente en ese balance. Por eso constituyen una medida más amplia del resultado fiscal.

Si los RFSP son el flujo —cuánto financiamiento adicional requiere el sector público durante un periodo—, el SHRFSP es el acervo acumulado. Hacienda lo define como el acervo neto de las obligaciones contraídas para alcanzar los objetivos de las políticas públicas.

La palabra importante es “neto”. Una medida bruta suma las obligaciones financieras. Una medida neta descuenta determinados activos financieros y disponibilidades. La diferencia puede parecer puramente contable, pero económicamente importa.

Imaginemos dos gobiernos que deben 100 pesos. El primero prácticamente no tiene activos financieros. El segundo tiene 20. Ambos tienen una deuda bruta de 100, pero no están en la misma posición financiera. En términos netos, uno debe 100 y el otro 80. Eso no convierte a la deuda neta en la deuda “verdadera”. Tampoco vuelve irrelevante a la deuda bruta. Cada una responde a una pregunta distinta.

La deuda bruta permite dimensionar cuánto habrá que pagar o refinanciar, así como la exposición a movimientos en las tasas de interés o el tipo de cambio. La deuda neta intenta medir la posición financiera después de tomar en cuenta determinados activos. Además, esos activos no siempre pueden utilizarse inmediatamente para pagar deuda: algunos tienen usos específicos, restricciones o poca liquidez.

La distinción ayuda a entender por qué pueden circular simultáneamente varias cifras sobre la deuda mexicana sin que necesariamente alguna esté equivocada. Las diferencias pueden reflejar no sólo el tratamiento bruto o neto, sino también el perímetro institucional considerado y la metodología utilizada.

Por eso, cuando se afirma que la deuda mexicana equivale a 51% del PIB, conviene añadir el apellido. Se está hablando del SHRFSP, una medida amplia de la posición financiera del sector público, pero neta. No es simplemente la suma bruta de todas sus obligaciones.

La diferencia puede volverse importante incluso de un año a otro. Supongamos que el gobierno emite nueva deuda, pero al mismo tiempo acumula depósitos por una cantidad similar. La deuda bruta aumentaría, mientras que la neta podría cambiar mucho menos. Mirar sólo la primera podría exagerar el deterioro de la posición financiera; mirar sólo la segunda podría ocultar que el volumen de obligaciones que deberá refinanciarse ha aumentado.

Parte de la confusión reciente sobre la deuda mexicana proviene precisamente de ahí. Distintas cifras pueden estar contestando preguntas distintas. La diferencia entre dos números no necesariamente es una diferencia de opinión; puede ser de definición.

Esto importa todavía más en las comparaciones internacionales. Una razón de deuda mexicana no puede compararse mecánicamente con la de otro país si ambas utilizan coberturas institucionales o metodologías distintas. Dos porcentajes pueden parecer perfectamente comparables y no serlo. Sólo después de aclarar qué deuda estamos midiendo tiene sentido discutir su sostenibilidad.

Además, el nivel por sí solo dice relativamente poco. Una economía puede sostener una deuda elevada si crece suficientemente, genera ingresos para atenderla y mantiene controlado su costo financiero. Una deuda más baja puede volverse problemática si persisten los déficits, el crecimiento es débil o una proporción creciente de los ingresos termina destinada a intereses. La trayectoria es lo que importa.

La deuda bruta y la deuda neta, por tanto, no son indicadores rivales. Una muestra el volumen total de obligaciones; la otra ajusta esa cifra por ciertos activos financieros. El SHRFSP añade además una cobertura amplia de las obligaciones derivadas de las necesidades de financiamiento del sector público mexicano. El error comienza cuando cualquiera de estas medidas pierde el apellido y se convierte simplemente en “la deuda de México”.

El 51% del PIB dice algo importante sobre la deuda mexicana, pero no responde por sí solo a todas las preguntas relevantes. La lectura correcta depende del indicador, de su cobertura y del propósito del análisis. Si lo que queremos evaluar es la sostenibilidad fiscal, el nivel de deuda es apenas el punto de partida: importan también su trayectoria, el costo de financiarla y la capacidad del gobierno para generar los ingresos necesarios para atenderla.
*Analista Económico.
Profesor
X: @deliyo
delia.paredesmi@anahuac.mx
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