Hace pocos años abrir una cuenta implicaba acudir a una sucursal y esperar varios días. Hoy es posible contratar productos, transferir recursos, solicitar una tarjeta o invertir desde un teléfono móvil. El cambio no es solamente tecnológico: ha transformado la relación con las instituciones financieras.
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestra la magnitud de esta evolución. Entre la población con una cuenta de ahorro formal, 69.1% utiliza una aplicación móvil para consultar o realizar movimientos,
frente a 54.3% en 2021. En el grupo de 18 a 29 años la proporción alcanza 87%. Al mismo tiempo, el uso de sucursales o ventanillas disminuyó de 16.7 a 11.7%.
El avance también se observa en la infraestructura de pagos.
Durante 2024, el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) procesó 5,342 millones de transferencias, de acuerdo con Banco de México (Banxico). Aunque la banca múltiple concentró 81.6% de las operaciones, las instituciones financieras no bancarias representaron 13.8%, con un crecimiento anual de 57.6%.
Más que una preferencia por las aplicaciones, estas cifras muestran que la inmediatez, la disponibilidad y la facilidad de uso ya son atributos básicos del servicio financiero.
UN MERCADO QUE NO CABE EN UNA SOLA DEFINICIÓN NI UNA SOLA FIGURA FINANCIERA
El término neobanco
suele utilizarse para identificar plataformas que ofrecen servicios financieros principalmente digitales, con estructuras ligeras y una experiencia centrada en el teléfono móvil.
Sin embargo, en México no constituye por sí mismo una categoría regulatoria.
Detrás de las marcas identificadas como neobancos pueden existir instituciones
de banca múltiple, sociedades financieras populares (SOFIPOS), instituciones de fondos de pago electrónico (IFPES) o alianzas con entidades reguladas. Sus facultades y seguros de depósito no son iguales. Por lo que es importante identificar que una aplicación con apariencia bancaria, no necesariamente corresponde jurídicamente a un banco.
Para darnos una idea, en nuestro ecosistema financiero actual, con información de Banxico y la CNBV, al primer trimestre de 2026 pueden identificarse al menos cinco bancos con un modelo predominantemente digital,
a los que se suman dos participantes recientemente autorizados.
La CNBV reportó 35 SOFIPOS en operación al cierre de mayo de 2026;
dentro de este universo, Banxico identificó a cuatro como nuevos competidores digitales.
Estas cifras deben interpretarse como una aproximación, pues algunas entidades están cambiando de figura regulatoria y otras combinan canales digitales con infraestructura o alianzas con instituciones tradicionales.
Más que una sustitución inmediata de la banca tradicional, estamos observando una recomposición competitiva.
Las instituciones digitales ganan escala y amplían su catálogo, mientras los bancos establecidos aceleran su transformación tecnológica.
DOS PROPUESTAS DE VALOR QUE COMIENZAN A CONVERGER
Los neobancos construyeron su propuesta alrededor de problemas concretos:
procesos de contratación prolongados, comisiones difíciles de entender, interfaces poco amigables y acceso limitado al crédito para personas con escaso historial financiero.
Su ventaja inicial fue reducir fricciones.
La apertura remota, las notificaciones en tiempo real, las tarjetas virtuales y los controles desde la aplicación elevaron el estándar de servicio. Algunos jugadores añadieron rendimientos sobre saldos líquidos, esquemas sin anualidad y modelos alternativos para evaluar el riesgo crediticio.
La tecnología y una infraestructura menos dependiente de sucursales pueden disminuir ciertos costos operativos.
Esto permite atender segmentos que antes resultaban poco rentables, como jóvenes, trabajadores independientes, personas con ingresos variables y micronegocios. También facilita probar productos y realizar ajustes con mayor rapidez.
Por su parte, la banca tradicional conserva fortalezas importantes:
una base amplia de depósitos, variedad de productos, experiencia en riesgos y cumplimiento, infraestructura física y capacidad para atender operaciones complejas.
Pero debemos reconocer que los bancos tradicionales también han invertido en aplicaciones, contratación remota y análisis de datos. La competencia está dejando de ser “digital contra tradicional”: el verdadero contraste está entre quienes logren combinar tecnología, confianza y solidez y quienes no lo hagan.
LOS RETOS EN BUSCA DE RENTABILIDAD, SEGURIDAD Y EXPERIENCIA DE USUARIO
1. Demostrar que el crecimiento puede ser sostenible. Captar usuarios con tasas promocionales es relativamente sencillo; conservarlos, administrar el fondeo y construir una cartera sana resulta más complejo. La rentabilidad dependerá de convertir cuentas abiertas en relaciones activas y duraderas.
2. Administrar los riesgos. La contratación rápida debe coexistir con controles de identidad, prevención de lavado de dinero, ciberseguridad y detección de fraude. Los modelos automatizados pueden ampliar el crédito, pero deben evitar sobreendeudamiento, sesgos y opacidad.
3. Generar confianza. Sin sucursales, una falla tecnológica, el bloqueo de una cuenta o una atención deficiente adquieren mayor relevancia. La experiencia digital también exige responder ante aclaraciones, fraudes y contingencias.
4. No confundir al público ante la diversidad de figuras legales. La regulación deberá proteger al usuario sin impedir la innovación, mientras las instituciones tendrán que comunicar con claridad quién custodia los recursos, qué autoridad las supervisa y qué protección corresponde a cada producto.
USUARIOS DIGITALES INFORMADOS
La facilidad de uso no sustituye a la educación financiera.
Por lo que recomiento que antes de contratar, conviene verificar que la razón social se encuentre en el Padrón de Entidades Supervisadas de la CNBV y en el Sistema de Registro de Prestadores de Servicios Financieros (SIPRES) de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) para identificar si se trata de un banco, una SOFIPO o una IFPE, y revisar el producto más allá de su marca comercial.
La diferencia puede ser considerable, ya que por ejemplo en el caso de productos de captación, los depósitos bancarios elegibles están protegidos por el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) hasta por 400 mil UDIS por persona y por banco. En las SOFIPOS autorizadas, el Fondo de Protección cubre solamente hasta 25 mil UDIS por ahorrador. Otros productos y figuras pueden tener mecanismos distintos o no constituir depósitos asegurados.
También es recomendable comparar el rendimiento neto, las comisiones, la disponibilidad de los recursos, el costo anual total de los créditos y la calidad de los canales de atención.
En materia de seguridad, deben activarse las alertas y factores de autenticación, utilizarse contraseñas diferentes y evitar compartir códigos, claves o datos de acceso.
Los neobancos ya modificaron al mercado mexicano: ampliaron alternativas, presionaron las tasas y comisiones; también obligaron a toda la industria a mejorar su experiencia digital.
La banca tradicional, por su parte, mantiene activos difíciles de replicar, particularmente confianza, escala y profundidad de productos.
El escenario más probable no es la desaparición de un modelo, sino su convergencia.
Los bancos serán cada vez más digitales y los neobancos maduros deberán parecerse más a ellos en regulación, capital y gestión de riesgos. El ganador no será quien tenga la aplicación más atractiva, sino quien convierta la innovación en una relación segura, transparente y sostenible.
*Vicepresidente Asesor del Consejo Técnico del IMEF y Cofundador de GSF ecosistema de soluciones para imtermediarios financieros no bancarios desde su creación, operación, apalancamiento, tecnología financiera у cumplimiento regulatorio.
vicentelopezportillo@gmail.com
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