El bajo crecimiento perpetúa la pobreza

El Banco Mundial destaca que la pobreza en México persiste por bajo crecimiento económico y políticas asistencialistas de corto plazo. Propone crecimiento inclusivo, inversión en capital humano y equidad de género para reducir desigualdades y mejorar oportunidades.
Por Federico Rubli Kaiser
El Banco Mundial acaba de dar a conocer el “Informe de pobreza y equidad en México”, que abarca el período 2000-2022. Si bien dicho informe no lo menciona explícitamente, el gobierno anterior –y el actual– tienen una visión de muy corto plazo para reducir la pobreza. Centraron su esfuerzo en mejorar la pobreza monetaria mediante incrementos al salario mínimo y las dádivas a través de programas sociales.

Pero la verdadera motivación es electorera, por lo que su contribución para cimentar una población menos pobre a mediano o largo plazo es efímera. Para un cambio permanente, se requieren cambios estructurales profundos, como incrementar el acervo de capital humano a través de mayor acceso a salud pública de calidad y una educación de excelencia; asimismo, construir capital físico para el desarrollo (obras rentables de infraestructura pública).

En la presentación del mencionado informe participó, entre otros, el economista del Colmex Gerardo Esquivel, quien acertadamente advirtió que “el incremento al salario mínimo y los programas sociales dirigidos a los distintos grupos de la población tienen un límite para abatir la pobreza”. Y complementó: “Se logró reducir la pobreza monetaria con instrumentos que posiblemente hacia adelante no van a ser reproducibles. La política social basada fundamentalmente en transferencias no ayuda a resolver las principales carencias de la pobreza”.

El argumento central del Banco Mundial es que el principal factor para erradicar la pobreza es el crecimiento sostenido de la economía. Un contraste con países comparables muestra que México tiene una tasa de pobreza mucho más alta debido principalmente a un crecimiento del PIB mucho más bajo y lento.

Para resaltar la relevancia del crecimiento, el Banco Mundial estima que si el PIB per cápita en el país creciera 2 % anual entre 2024 y 2030, la pobreza se reduciría del 21.8 % a 15.4 %. Más aún, un aumento del 3 % en el PIB per cápita podría reducir la tasa de pobreza a 13.4 %.

Pero un crecimiento económico más rápido no es suficiente para la erradicación de la pobreza, también se necesita que ese crecimiento sea inclusivo para reducir las desigualdades sociales y económicas. Una reducción continua de la desigualdad contribuiría a acelerar la reducción de la pobreza. Estiman que, si se combina un crecimiento anual del PIB per cápita de 2 % con una reducción anual de 1 % del índice de Gini, la pobreza disminuiría a 9.8 % en 2030.

Por otro lado, el informe señala que “la participación laboral femenina en México se encuentra entre las más bajas en comparación con otros países. Siguen existiendo brechas significativas en términos de tasas de participación, acceso a financiamiento, titularidad de activos, educación y uso del tiempo, lo cual obstaculiza las oportunidades económicas para las mujeres”.

Las políticas de erradicación de la pobreza requieren, desde luego, de finanzas públicas que apoyen con eficiencia y disciplina tal estrategia. Es un reto enorme ante las restricciones y limitaciones que enfrenta un manejo eficaz del gasto público, que debería prestarle mayor atención a la salud y la educación, y menos a las dádivas electoreras. Por otro lado, la perspectiva de una expansión del PIB deficiente cuando menos en 2025 y 2026 es un yugo para la disminución de la pobreza. Ver nota original.
*Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.
Esta nota se publicó originalmente el 18 de marzo en el periódico El Economista.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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