La respuesta no es sencilla.
El peso cuenta hoy con fundamentos que justifican una moneda relativamente fuerte, pero también existen factores financieros y externos que pueden cambiar rápidamente.
La fortaleza actual es, en buena medida, la consecuencia de una combinación poco común:
un dólar menos dominante, tasas de interés todavía atractivas en México, una economía profundamente integrada con Estados Unidos y una elevada demanda internacional por activos denominados en pesos.
La primera clave para entender el movimiento está fuera de México. El comportamiento del dólar ha sido determinante.
Cuando la moneda estadounidense pierde fuerza frente a las principales divisas internacionales, las monedas emergentes suelen beneficiarse, y el peso es particularmente sensible a estos movimientos debido a la elevada liquidez de su mercado.
Pero reducir la apreciación del peso a una simple debilidad del dólar sería insuficiente. México también ofrece características que continúan siendo atractivas para los inversionistas. El diferencial de tasas de interés respecto a Estados Unidos sigue siendo significativo,
aun después del ciclo de recortes de Banco de México. Esto tiene un incentivo para mantener posiciones en instrumentos denominados en pesos.
A ello se suma una posición externa relativamente sólida. Las exportaciones manufactureras continúan creciendo con fuerza, las remesas representan un flujo permanente de divisas y la inversión extranjera directa mantiene niveles importantes.
Además, la integración productiva con Estados Unidos y Canadá se ha profundizado durante las últimas décadas, convirtiendo a México en una pieza central de las cadenas de suministro de América del Norte.
El resultado es una moneda que combina factores financieros de corto plazo con fundamentos económicos de mayor duración.
EL ATRACTIVO DEL PESO
Uno de los elementos que más ha contribuido a la fortaleza de la moneda es el llamado carry trade.
En términos sencillos, consiste en financiarse en una moneda con una tasa de interés relativamente baja e invertir en otra que ofrece un rendimiento mayor.
México ha sido durante años uno de los mercados favoritos para esta estrategia.
La razón es evidente: mientras las tasas internacionales permanecieron bajas, los instrumentos mexicanos ofrecieron rendimientos considerablemente superiores. Para un inversionista extranjero, la operación resultaba todavía más atractiva si, además de recibir una tasa elevada, el peso se mantenía estable o se apreciaba frente al dólar.
Esto genera un mecanismo que puede reforzar la fortaleza de la moneda.
Mayores rendimientos atraen capitales hacia México; esos flujos incrementan la demanda por pesos; una moneda estable reduce el riesgo cambiario y, a su vez, hace más atractivo mantener las posiciones.
Sin embargo, el carry trade también tiene un lado menos favorable: puede funcionar en sentido contrario con la misma rapidez.
Si los inversionistas consideran que el peso comenzará a depreciarse, que la volatilidad aumentará o que el diferencial de tasas dejará de compensar el riesgo cambiario, pueden cerrar posiciones rápidamente. Por ello, una parte de la fortaleza actual debe observarse con cautela.
El carry trade es un soporte importante, pero no constituye por sí mismo un fundamento estructural de largo plazo.
Y aquí aparece una de las principales preguntas para los próximos meses: ¿qué sucederá cuando el diferencial de tasas continúe reduciéndose?
BANXICO Y EL LÍMITE DEL DIFERENCIAL
El Banco de México ha avanzado en un ciclo de relajamiento monetario. Esto es positivo para la economía porque reduce gradualmente el costo del financiamiento, pero al mismo tiempo disminuye el atractivo relativo de los activos denominados en pesos.
Si la Fed llegara a incrementar su tasa de interés de referencia y Banxico la mantiene en el nivel actual por un tiempo prolongado, el diferencial entre ambas economías seguirá reduciéndose.
Eso no significa que el peso necesariamente tenga que depreciarse.
El tipo de cambio no depende exclusivamente de las tasas. Pero sí implica que uno de los pilares que ayudaron a explicar la fortaleza de la moneda durante los últimos años irá perdiendo importancia.
Por ello, hacia adelante será cada vez más importante que el peso encuentre respaldo en otros factores:
crecimiento constante de las exportaciones, inversión productiva, productividad, estabilidad macroeconómica y profundización de las cadenas de suministro de América del Norte.
En otras palabras, México tendrá que demostrar que puede sostener una moneda fuerte sin depender exclusivamente de atraer capitales en busca de rendimiento.
¿UN PESO DEMASIADO FUERTE ES MALO?
No necesariamente.
Durante años, la depreciación del peso se asociaba casi automáticamente con malas noticias para la economía. Sin embargo, una moneda fuerte también tiene beneficios importantes.
Un peso apreciado abarata las importaciones. Esto beneficia a consumidores y empresas que adquieren maquinaria, tecnología, equipo e insumos en el exterior. También ayuda a contener la inflación, particularmente cuando existen presiones sobre los precios internacionales de bienes o materias primas.
Para una economía que necesita elevar su productividad, contar con un tipo de cambio que abarate la adquisición de tecnología y bienes de capital puede incluso ser favorable.
El problema aparece cuando la apreciación se vuelve excesiva y persistente y comienza a deteriorar la competitividad de sectores exportadores.
Para una empresa mexicana que vende sus productos en Estados Unidos, un peso fuerte significa que cada dólar de ingresos se convierte en menos pesos. Si sus costos están principalmente denominados en moneda nacional, sus márgenes pueden reducirse.
Esto es especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas proveedoras de la industria manufacturera, que suelen tener menor capacidad para absorber movimientos cambiarios o utilizar instrumentos de cobertura.
Sin embargo, tampoco sería correcto concluir que un peso fuerte pone en riesgo automáticamente al sector exportador mexicano. La competitividad de México no depende exclusivamente del tipo de cambio.
La cercanía con Estados Unidos, el TMEC, la infraestructura logística, la disponibilidad de mano de obra, los costos de transporte y la integración de las cadenas de suministro son factores cada vez más importantes en las decisiones de inversión.
De hecho, para muchas empresas multinacionales, México sigue siendo atractivo incluso con un peso relativamente fuerte porque los beneficios de producir cerca del mercado estadounidense pueden superar ampliamente el impacto cambiario.
LA OPORTUNIDAD DEL NEARSHORING
La fortaleza de la moneda también debe analizarse a la luz de la transformación de las cadenas globales de producción.
La relocalización de empresas hacia América del Norte ofrece a México una oportunidad que va mucho más allá del tipo de cambio. El país tiene una ventaja geográfica
prácticamente imposible de replicar por competidores asiáticos: una frontera terrestre con Estados Unidos y una profunda integración logística y productiva.
Si México logra aprovechar esta oportunidad, la entrada de inversión productiva puede convertirse en un respaldo estructural para el peso.
Pero existe una condición: la inversión debe traducirse en mayor productividad y generación de valor agregado dentro del país.
Una moneda fuerte respaldada por inversión, productividad y exportaciones de alto valor agregado sería una señal positiva. Una moneda fuerte sostenida principalmente por flujos financieros de corto plazo sería mucho más vulnerable.
LA PRUEBA DEFINITIVA SERÁ LA INVERSIÓN
La verdadera prueba para el peso no será cuánto pueda apreciarse en los próximos meses, sino si México logra transformar esta etapa de fortaleza cambiaria en una oportunidad para elevar su capacidad productiva.
El país tiene actualmente una ventana favorable. Cuenta con integración comercial, proximidad al principal mercado consumidor del mundo, una industria manufacturera consolidada y oportunidades derivadas de la reorganización de las cadenas globales.
El reto es convertir esas ventajas en mayor inversión, productividad y valor agregado nacional.
Si eso sucede, un peso fuerte puede ser perfectamente compatible con una economía competitiva. Si no ocurre, una apreciación prolongada podría comenzar a generar presiones sobre los márgenes de los exportadores y reducir parte de la ventaja de costos que México ha utilizado históricamente para atraer manufactura.
Por ello, el debate no debería centrarse únicamente en si el peso está demasiado fuerte. La pregunta más importante es por qué está fuerte.
*Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex
@Janneth_QuirozZ
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