La demanda interna sigue bajo presión

La economía mexicana registra una paradoja: el país invierte a ritmos históricos mientras los hogares frenan el gasto. Esto obliga a desplazar la mirada de las cifras generales hacia preguntas específicas, porque si el problema ya no es cuánto dinero se genera, la clave radica en descifrar quién lo está recibiendo realmente y qué expectativas tiene para el futuro.

Por Delia Paredes Mier

Según los datos más recientes del INEGI, la inversión fija bruta creció 6.6% anual en julio, mientras el consumo privado avanzó apenas 1.1%. En términos anualizados, la divergencia es todavía mayor: la inversión aumentó 17.3%, frente a solo 0.7% del consumo.

La combinación resulta poco intuitiva. México parece estar invirtiendo más al mismo tiempo que los hogares gastan menos de lo que sugerirían sus ingresos. Aquí la pregunta no es simplemente por qué se desaceleró el consumo. Es por qué más ingreso, más empleo y todavía más crédito ya no parecen traducirse en la misma expansión del gasto.

Claro que un solo mes no basta para hablar de tendencia. El consumo acumula un crecimiento de 2% entre enero y julio, frente a una caída de 0.5% en el mismo periodo de 2025. Pero julio no está completamente aislado. El Indicador Oportuno del Consumo Privado del INEGI estima para agosto un crecimiento de apenas 0.9% anual y 0.1% mensual. La confianza del consumidor de septiembre añade otra señal de debilidad.

 SEÑALES

Lo extraño es que los fundamentales del consumo, al menos en apariencia, siguen siendo favorables. El empleo registrado en el IMSS creció 1.5% anual a agosto, equivalente a 343,556 puestos adicionales. Según mis estimaciones, el salario medio real ha aumentado 2.9% en promedio en lo que va del año, menos que el 3.4% de 2025, pero la masa salarial real crece 4.4% anual en promedio, frente a 4% el año pasado, porque el empleo avanza más rápido.

El crédito tampoco se ha detenido. El financiamiento al consumo aumentó 8.5% real anual en agosto, según Banxico, por encima del 7.2% promedio observado entre enero y julio, aunque todavía por debajo del 10.4% de 2025. El repunte de agosto vino principalmente de las tarjetas de crédito, cuyo saldo creció 12.1% real.

Con ingreso en expansión y crédito todavía creciendo, el consumo debería estar sosteniendo mejor su ritmo. No lo está. Hay explicaciones transitorias. El Mundial pudo haber alterado el patrón de gasto durante julio. También hubo una corrección en las importaciones después del fuerte aumento de junio: el consumo de bienes importados pasó de crecer 6.6% anual a apenas 0.1%, mientras los duraderos importados desaceleraron de 29.2% a 8.4%. Sin embargo, ninguna de las dos explicaciones parece suficiente. El consumo nacional también perdió dinamismo, de 1.7% a 1% anual, y los servicios crecieron apenas 0.7%.

¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA?

Si el problema no está únicamente en cuánto ingreso se genera, puede estar en quién lo recibe y en qué espera hacer con él.

Las remesas son un primer candidato. Según datos de Banxico procesados por el CEMLA, el ingreso acumulado en doce meses a agosto alcanzó 63,370 millones de dólares, apenas 0.9% más que un año antes y 2.6% por debajo del máximo de marzo de 2025. El número de transferencias cayó de 166.9 a 156.3 millones en doce meses, unas 29 mil menos por día. Un peso más fuerte reduce además el poder de compra doméstico de esos dólares.

Esto importa porque no todo ingreso tiene la misma propensión a convertirse en consumo. Si pierde dinamismo una fuente que llega a hogares con mayor propensión a gastar, la masa salarial formal puede aumentar sin producir el mismo impulso sobre la demanda agregada.

El segundo candidato es la composición del empleo. Durante el segundo trimestre, 495 mil de los 599 mil ocupados adicionales registrados por la ENOE correspondieron a empleo informal. Esto no significa necesariamente que sus ingresos estén creciendo menos, pero sí introduce una cautela: el dinamismo de la masa salarial registrada en el IMSS describe solo una parte del mercado laboral. Si una proporción creciente del nuevo empleo se concentra en ocupaciones con menores ingresos o menor crecimiento salarial, la fortaleza del ingreso agregado de los hogares podría ser menor de lo que sugieren las cifras del empleo formal.

El tercero son las expectativas. La confianza del consumidor cayó 1.2 puntos en septiembre, a 45.1, con retrocesos en sus cinco componentes. Frente a un año antes, la percepción sobre la situación actual del hogar prácticamente no cambió y tampoco lo hizo la posibilidad de comprar bienes duraderos. El deterioro se concentra en otra parte: la evaluación de la situación económica del país cayó 1.9 puntos y la expectativa para los próximos doce meses, 2.7. Los hogares no reportan que les vaya sustancialmente peor. Reportan que esperan que al país le vaya peor.

 ¿INCERTIDUMBRE?

Esa diferencia puede ser importante. Las decisiones de consumo no dependen únicamente del ingreso corriente. También de cuánto de ese ingreso se considera permanente y de la confianza con la que los hogares enfrentan el futuro. Un deterioro de expectativas puede inducir mayor cautela y ahorro, aun cuando los ingresos actuales sigan creciendo.

La recuperación reciente de la inversión tampoco debe sobre interpretarse. El crecimiento de 6.6% anual en julio parte de una base débil: entre enero y julio acumula apenas 1.7%, después de dos años de retrocesos. Más que una señal clara de expansión de capacidad, los datos parecen reflejar una recuperación parcial desde niveles deprimidos.

Además, el rebote está concentrado en maquinaria y equipo importado, que crece 11.5%, mientras el componente nacional cae 2.5%. Por ahora, la inversión ofrece una señal de recuperación, no evidencia suficiente de un nuevo ciclo de expansión productiva.

Nada de esto demuestra todavía una ruptura estructural entre ingreso y consumo. Si el gasto rebota en los próximos meses, la interpretación cambia. Pero si la divergencia persiste, habrá que distinguir entre dos problemas distintos: que el ingreso efectivo de los hogares esté creciendo menos de lo que sugieren las cifras formales, o que, aun creciendo, una menor parte se esté convirtiendo en consumo.

Para empresas e inversionistas, la diferencia no es menor. En ambos casos, la demanda interna sería más débil de lo que anticipan algunos de los indicadores tradicionales. La cuestión es cuál de los dos mecanismos está operando: una menor fortaleza del ingreso de los hogares o una mayor cautela al momento de gastarlo.

*Analista Económico

Profesor

X: @deliyo

delia.paredesmi@anahuac.mx

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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