La tensión internacional en el mercado del diésel durante septiembre y la primera semana de octubre deja una señal para la política energética y fiscal de México, porque la emergencia cedió, pero dejó expuesta una vulnerabilidad en dos frentes: aumentar la capacidad nacional de refinación, así como contar con inventarios suficientes y alternativas de suministro cuando falle el proveedor principal.
Por Edgar H. Esquivel
La posibilidad de que Estados Unidos restringiera temporalmente sus exportaciones finalmente no se materializó. Donald Trump descartó la medida después de que el Grupo de los Siete (G7) acordara liberar reservas de crudo y diésel de manera coordinada, en un esfuerzo impulsado también por el presidente de Francia, Emmanuel Macron.
El encarecimiento del combustible tiene su origen en la guerra con Irán, que ha alterado los flujos energéticos de Medio Oriente, mientras los ataques de Ucrania contra refinerías rusas han reducido la oferta de uno de los principales exportadores mundiales de diésel. La emergencia cedió, pero dejó expuesta una vulnerabilidad para México.
El problema presenta dos dimensiones:
1 Energética. Petróleos Mexicanos (Pemex) pasó de producir 118 mil barriles diarios de diésel en 2021 a 273 mil en junio de 2026. Sin embargo, la demanda ronda los 442 mil barriles diarios y las importaciones todavía representan alrededor de 40% del consumo. Entre 97 y 98% del diésel importado proviene de Estados Unidos; la dependencia ha disminuido respecto de 2024, pero sigue concentrada prácticamente en un solo proveedor.
A ello se añade una capacidad de almacenamiento reducida. Los inventarios disponibles pasaron de alrededor de 11 días a finales de 2024 a menos de seis días en abril de 2026. Una interrupción prolongada afectaría al transporte de carga y tendría efectos más amplios, pues cerca de dos terceras partes de la energía utilizada por el sector agrícola mexicano depende del diésel.
Una interrupción puede trasladarse rápidamente a los costos de producción, los alimentos, las exportaciones y la inflación.
2 Fiscal. Para contener el traslado de los precios internacionales al consumidor, la Secretaría de Hacienda elevó a 100% el estímulo fiscal al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicable al diésel durante la semana del 26 de septiembre al 2 de octubre. Con el estímulo complementario, la renuncia recaudatoria alcanzó 8.54 pesos por litro.
El mecanismo protege temporalmente al consumidor y limita presiones inflacionarias, pero convierte al presupuesto público en amortiguador de los choques externos.
La presión fiscal ha crecido junto con el precio. El estímulo al diésel fue de cero al inicio del año, 46.21% a fines de mayo, 81.5% a fines de agosto y 100% a fines de septiembre. Es decir, conforme aumentó el costo del combustible, Hacienda dejó de cobrar una proporción creciente del IEPS para contener el precio final. El mercado nacional enfrenta además distorsiones por contrabando de combustibles y la evasión fiscal asociada.
Las respuestas de corto plazo son más concretas que aumentar la refinación, algo que requiere inversión y tiempo. La primera es almacenamiento. México ya obliga a comercializadores y distribuidores a mantener inventarios mínimos de cinco días de ventas de diésel. El objetivo inmediato debería ser verificar su cumplimiento efectivo y elevar gradualmente esa reserva.
La segunda es diversificar parcialmente el suministro fuera de Estados Unidos. Canadá puede aportar una parte, pero no sustituir el volumen estadounidense: en 2025 exportó alrededor de 400 mil barriles diarios de productos refinados y 84% se dirigió a Estados Unidos.
En una emergencia, México podría buscar compras adicionales en Canadá y otros mercados cuando exista producto disponible y capacidad logística para trasladarlo. Esas compras podrían cubrir una fracción del faltante, no reemplazar el suministro estadounidense.
En materia fiscal tampoco hace falta crear otro mecanismo complejo. Hacienda ya modifica semanalmente el estímulo al IEPS. Podría establecer de antemano hasta qué nivel absorbería un aumento internacional y a partir de qué punto una parte tendría que reflejarse gradualmente en el precio interno.
Una regla conocida reduciría decisiones discrecionales y, sobre todo, impediría que un choque prolongado convierta al IEPS en un subsidio abierto sin límite fiscal.
México no puede eliminar en el corto plazo su dependencia del diésel estadounidense, pero sí reducir el costo de una interrupción. Hacer cumplir los inventarios, ampliarlos gradualmente, buscar compras adicionales en otros mercados cuando sean viables y fijar límites claros al estímulo fiscal son medidas posibles con instrumentos que ya existen.
La crisis de 2026 muestra una vulnerabilidad que México debe atender en dos horizontes. En el largo plazo, el reto es aumentar la capacidad nacional de refinación; ante choques externos como los actuales, la prioridad inmediata es contar con inventarios suficientes y alternativas de suministro cuando falle el proveedor principal.
*Economista
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.
Análisis y opinión de expertos en economía, finanzas y negocios para los tomadores de decisiones.

Este artículo aborda el tema del uso de la tecnología para mejorar, brindando evidencias para acreditar la fecha cierta y la materialidad de las operaciones celebras por los contribuyentes ante las autoridades fiscales, disminuyendo riesgos importantes y evitando costos innecesarios.

Se puede sobrevivir sin implementar una reforma tributaria, pero esto significaría precarizar algunos servicios básicos como salud, educación y seguridad.
Hay un exceso de efectivo circulando en la economía mexicana. Tanto que a cada adulto le correspondería tener 35 mil pesos en efectivo en la cartera. Reducirlo se ha convertido en una de las estrategias para combatir actividades ilegales, pero la realidad es compleja.