Las remesas y el «efecto Trump»

Durante más de una década las remesas desde Estados Unidos se habían visto como un flujo inagotable, pero el cierre de 2025 marcó un alto: menos remesas hacia México que alcanzan para comprar menos, contario a otros países latinoamaericanos en los que ese flujo aumentó. Desde México vemos un choque provocado por la convergencia de una política migratoria agresiva y un mercado laboral estadounidense que ha dejado de ser la tierra de las oportunidades para el migrante mexicano.
Por Israel Macías López
Durante más de una década, la economía mexicana se acostumbró a una inercia que parecía inagotable. Mes con mes, año con año, las remesas que envían nuestros paisanos desde Estados Unidos rompían récords, convirtiéndose no solo en el principal soporte del consumo interno, sino en el salvavidas recurrente de una narrativa oficial que presume estabilidad donde hay estancamiento.

Sin embargo, el cierre del 2025 ha encendido todas las alarmas: por primera vez en once años, el flujo de divisas ha entrado en una fase crítica de lo que los expertos del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la UdeG y diversos analistas llaman ya una «asfixia financiera»: menos remesas que alcanzan cada vez para comprar menos.

Para dimensionar el dato, basta con mirar hacia atrás. Tras once años de crecimiento sostenido, en 2025 recibimos 61,791 millones de dólares, lo que representa una caída nominal del 4.6% respecto al máximo histórico de 2024. Algunos intentarán hacer malabares estadísticos, argumentando que se trata de un comportamiento cíclico o de una «normalización» tras la pandemia.

No nos engañemos: estamos ante un choque provocado por la convergencia de una política migratoria agresiva y un mercado laboral estadounidense que ha dejado de ser la tierra de las oportunidades para el migrante mexicano.

EL FACTOR TRUMP Y EL MIEDO COMO POLÍTICA ECONÓMICA
No es coincidencia que este punto de quiebre coincida con el endurecimiento de las tácticas de la administración Trump. La agresiva política migratoria, caracterizada por un incremento en los operativos del ICE que lograron la expulsión de 320,000 migrantes en 2025 —la cifra más alta en 12 años—, ha generado un clima de incertidumbre y temor que paraliza el flujo de dinero. El migrante ya no solo piensa en enviar el sustento a su familia en Jalisco, Michoacán o Zacatecas, ahora, ante la amenaza real de la deportación, prefiere acumular ahorros por si tiene que enfrentar una salida forzada.

Pero hay un dato que debería preocuparnos aún más y que echa por tierra la excusa de que «a todos les está yendo mal». Mientras las remesas hacia México se desplomaban, los flujos hacia países como Honduras, El Salvador y Guatemala crecieron vigorosamente por encima del 15%. ¿Cuál es la diferencia?

En esos países hay un relevo generacional de nuevos migrantes, mientras que la población de mexicanos en Estados Unidos se ha estancado en los 12 millones de personas.

EL IMPUESTO DEL 1% Y EL «ONE BIG BEAUTIFUL BILL ACT»
Si el panorama de 2025 fue oscuro, el arranque de 2026 es, para echarse a llorar. El 1 de enero entró en vigor el nuevo impuesto federal en Estados Unidos bajo la ley «One Big Beautiful Bill Act», que grava con un 1% todos los envíos realizados en efectivo, órdenes de pago o cheques de caja. Se calcula que, en la próxima década, este gravamen le arrebatará a los migrantes mexicanos cerca de 3,000 millones de dólares.

Este impuesto es un golpe directo a los más vulnerables. Aunque el 84% de los mexicanos cuenta con algún nivel de bancarización, el gravamen castiga desproporcionadamente a los indocumentados y a los trabajadores informales que no tienen acceso al sistema financiero tradicional. Lo que vimos en diciembre —un ligero repunte del 1.9% en los envíos— no fue una mejora en la economía; fue un efecto de anticipación. Los paisanos adelantaron sus envíos para evitar el impuesto, lo que augura un primer trimestre de 2026 con caídas que podrían ser históricas.

EL SUPER PESO Y LA ILUSIÓN DE LA MONEDA FUERTE
A la asfixia migratoria hay que sumarle el daño autoinfligido por la dinámica cambiaria. El discurso gubernamental presume un peso fortalecido, pero para los 4.4 millones de hogares que dependen de las remesas, el super peso ha sido una maldición. Entre la apreciación de la moneda y la persistente inflación interna, el poder adquisitivo real de las remesas cayó un 14.4% en noviembre de 2025.

Hoy, un migrante tendría que enviar más de 700 dólares para que su familia en México compre lo mismo que compraba con 500 dólares hace cinco años. La realidad en las zonas rurales es severa: familias que antes usaban ese dinero para mejorar su vivienda o educar a sus hijos, hoy apenas pueden cubrir sus alimentos. En estados como Guanajuato, Michoacán y Jalisco, que concentran la mayor recepción de estos recursos, el comercio minorista y los servicios locales ya están sintiendo los efectos de este freno.

¿Y EN MÉXICO? EL SILENCIO DE LA ESTRATEGIA INTERNA
Mientras el motor de las remesas se desacelera, ¿qué mensaje mandamos al mundo? La estabilidad macroeconómica por sí sola no genera bienestar si se logra a costa de estrangular la economía productiva. Mientras la Reserva Federal en Estados Unidos parece haber logrado un «aterrizaje suave» de su inflación, en México seguimos empeñados en aumentar el riesgo interno con reformas constitucionales que ahuyentan la inversión y destruyen la confianza institucional.

El empleo formal en México arrancó 2026 con el pie izquierdo, destruyendo más de 8 mil puestos de trabajo en enero, algo que no ocurría desde la crisis de 2009. Sin inversión privada y con una dependencia estructural de las remesas que hoy se tambalean, la pregunta es: ¿De dónde saldrá el dinero para sostener los programas sociales? ¿De contratar aún más deuda?

La caída de las remesas en 2025 marca el agotamiento de un modelo basado en la expulsión de trabajadores. Ya no podemos contar con que los dólares de nuestros paisanos compensen la falta de productividad interna. Si el gobierno no logra un crecimiento sostenido con empleo de calidad, 2026 no será solo otro año perdido, sino el camino a completar otra década perdida en ingresos promedio de los mexicanos.
*Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara
@Israel_Macias
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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