Los retos iniciales de Kevin Warsh

La llegada de Warsh a la presidencia de la Fed ha generado grandes expectativas entre analistas y participantes en los mercados financieros, a la luz de las propuestas de reforma sobre la operación de la Fed que durante mucho tiempo ha planteado en diversos foros.
Por Manuel Sánchez González
La reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de esta semana, cuya decisión de política monetaria se anunciará hoy, es la primera liderada por el nuevo presidente de la Junta de Gobierno del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Kevin Warsh.

La llegada de Warsh a la presidencia ha generado grandes expectativas entre analistas y participantes en los mercados financieros, a la luz de las propuestas de reforma sobre la operación del Fed que durante mucho tiempo ha planteado en diversos foros.

El alcance de estas iniciativas es amplio y su posible aplicación dependerá, en gran medida, de la capacidad del nuevo presidente para convencer a sus colegas de sus méritos. Algunos cambios, como la reducción del tamaño del balance de este banco central, implicarían una implementación de varios años, mientras que otros podrían comenzar a ponerse a prueba tan pronto como en la decisión de hoy.

Entre los desafíos iniciales de Warsh destacan dos. El primero consiste en la atención que prestará a sus críticas sobre la comunicación del Fed, la cual ha considerado, de distintas maneras, excesiva, confusa y alejada de una conducción adecuada de la política monetaria.

Warsh ha cuestionado la utilidad de los mecanismos actuales de comunicación de la política monetaria, incluidos el comunicado de prensa, la publicación del “dot plot” y de las proyecciones económicas de los miembros del FOMC, la conferencia de prensa del presidente posterior a la publicación del boletín y la proliferación de discursos de funcionarios del Fed, muchas veces divergentes entre sí.

En particular, Warsh ha objetado la práctica de incorporar una “guía futura” en el comunicado, pues el Fed corre el riesgo de quedar atrapado por sus propias palabras y verse impedido de actuar oportunamente cuando los datos económicos contradicen las expectativas previamente formadas.

También ha señalado que el “dot plot” genera más ruido que claridad al transmitir una precisión indebida sobre el futuro, pese a que los pronósticos siempre fallan y los miembros del FOMC los modifican con frecuencia. Además, su tendencia central suele interpretarse como un plan, cuando en realidad no lo es.

En opinión de Warsh, el Fed debería concentrarse en explicar con claridad la “función de reacción” de la política monetaria y responder de manera congruente a los datos, en lugar de prometer lo que hará. En pocas palabras, quiere un Fed que actúe más y hable menos. A este nivel de generalidad, resulta difícil no coincidir con sus argumentos.

Hoy, Warsh enfrenta el reto de comenzar a poner en práctica sus convicciones. Ello podría incluir persuadir al resto de los miembros del FOMC de eliminar la guía futura del comunicado, así como abstenerse de enviar sus pronósticos o incluso descartar la difusión del “dot plot”. Asimismo, en la conferencia de prensa podría esbozar sus planes para revisar la estrategia de comunicación del Fed. Si bien estas medidas parecen factibles, seguramente el nuevo presidente evaluará el riesgo de transmitir una señal equivocada de opacidad y generar incertidumbre.

Un segundo desafío, quizá más importante, radica en el razonamiento que Warsh transmita en la conferencia de prensa y en sus apariciones posteriores para explicar la decisión de política monetaria de hoy.

El Fed enfrenta una situación complicada en materia de inflación. Como resultado, fundamentalmente, del conflicto bélico en Medio Oriente, desde marzo pasado la inflación anual de Estados Unidos ha venido en ascenso y, en mayo, alcanzó 4.2 por ciento, según el Índice de Precios al Consumidor, su nivel más alto desde abril de 2023. Este repunte resulta especialmente preocupante si se considera que la inflación se ha mantenido por encima de la meta durante más de cinco años.

Dado el comportamiento relativamente favorable del mercado laboral, con una tasa de desempleo baja y estable en 4.3 por ciento desde marzo, el reto para Warsh será convencer al público de su compromiso con el objetivo de estabilidad de precios. Esto implicará explicar cómo enfrenta el dilema entre ignorar el choque de precios como un fenómeno de corta duración y prevenir que un proceso de retroalimentación genere un aumento persistente de la inflación. Invocar su argumento de que la “media truncada” de la inflación es la medida apropiada para el objetivo podría colocarlo en el terreno de la complacencia.

Warsh debe mostrar determinación y dejar claro que, de ser necesario, lideraría incrementos oportunos en la tasa de referencia. Esta claridad, junto con su eventual puesta en práctica, disiparía cualquier duda sobre una posible influencia de la administración del presidente Trump en la política monetaria. Jerome Powell dejó una vara muy alta en la defensa de la independencia de la Reserva Federal. Es indispensable que Warsh siga su ejemplo. Ver artículo original.
*Economista con amplia experiencia en la banca privada, la banca central y la academia. Fue subgobernador del Banco de México de 2009 a 2016. Autor del libro Economía Mexicana para Desencantados (Fondo de Cultura Económica).

Este artículo se publicó originalmente el 17 de junio en el periodico El Financiero.

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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