El primer elemento es que el límite superior del rango de crecimiento,
de 2.5%, se ubica por encima de cualquier referencia externa, y los ingresos se presupuestan sobre el rango completo.
El segundo es que el PIB nominal de 2026 se recortó 4.02%,
lo que eleva mecánicamente todas las razones expresadas como proporción del PIB sin que haya mediado un cambio en las cifras absolutas.
El tercero es que el supuesto de tipo de cambio se ubica por encima del nivel al que la divisa cotiza actualmente,
lo que favorece la proyección de ingresos petroleros.
LA RELEVANCIA DE ESTOS SUPUESTOS NO ES TEÓRICA
De acuerdo con las sensibilidades que publica la propia Secretaría de Hacienda, medio punto de crecimiento real vale 30.2 mil millones de pesos de recaudación tributaria, cada dólar de precio del petróleo 9.6 mil millones, cada 100 puntos base de tasa 37.9 mil millones de costo financiero y cada 20 centavos de apreciación cambiaria 6.0 mil millones de efecto neto sobre el balance.
En conjunto, las proyecciones para 2027 suponen una recuperación de la recaudación sin cambios en las principales tasas impositivas, por lo que una parte del crecimiento esperado dependerá del desempeño de las bases gravables y de una mayor eficiencia recaudatoria.
En el caso particular del IEPS a gasolinas, el crecimiento real de 16.2% estaría asociado principalmente a una menor aplicación de estímulos fiscales,
más que a un aumento del consumo de combustibles.
Cabe recordar que del lado del gasto tres bloques concentran las obligaciones que no se pueden modificar en el proceso presupuestario:
1. Para 2027, las pensiones contributivas, que son un derecho adquirido de quienes ya cotizaron, suman 1 billón 840 mil 700 millones de pesos.
2. El costo financiero de la deuda, que es una obligación contractual, suma 1 billón 574 mil 950.1 millones.
3. Los programas sociales prioritarios suman 1 billón 25 mil 388.5 millones, de los cuales 640 mil 291 millones corresponden a las tres pensiones no contributivas que la reforma constitucional de 2024 convirtió en derecho exigible.
El conjunto asciende a 4 billones 441 mil 38.6 millones de pesos, equivalentes a 11.3% del PIB estimado. El bloque comprometido equivale a 70.9% de toda la recaudación tributaria propuesta para 2027, a 60.7% del gasto programable, a 48.5% de los ingresos presupuestarios y a 42.2% del gasto neto total. Esto implica que siete de cada diez pesos de impuestos están destinados antes de que empiece la discusión presupuestaria.
No es que el gasto social o el gasto en pensiones sean altos en comparación internacional, sino que dejaron de ser modificables. Cualquier presión sobre las finanzas públicas durante el año, sea por menor recaudación, por un tipo de cambio más bajo o por un sobrecosto en el gasto corriente, tiene que absorberse en la fracción del presupuesto que no está comprometida, y dentro de esa fracción el único componente grande es la inversión física.
OTRO PUNTO DÉBIL
Otra debilidad del presupuesto es que la deuda bruta se presenta constante en 58.6% del PIB durante los siete años del escenario.
Este resultado contrasta con la deuda neta que aumenta de 54.9% a 57.3% del PIB entre 2026 y 2032.
Dado que la diferencia entre ambas corresponde a los activos financieros, mantener estable la deuda bruta mientras aumenta la neta implica que estos activos se reducen de 3.7 a 1.3 puntos del PIB. En otras palabras, la estabilidad de la deuda bruta se sostiene mediante una reducción de los activos financieros disponibles a lo largo del periodo.
Mantener la deuda bruta en esos niveles importa porque el umbral de 60% del PIB es una de las referencias que observan las agencias calificadoras para economías emergentes. Si los activos financieros se mantuvieran en el nivel de 2026 y la economía creciera 1.4% en 2026 y 1.0% en 2027 y 2028, en lugar de los supuestos del paquete, la deuda bruta se ubicaría en 59.5% del PIB en 2027 y superaría el umbral en 2028, con 60.1%.
El resultado combina dos efectos, que son los activos que no se utilizan y un PIB nominal menor, que eleva el cociente sin que haya mediado un peso adicional de endeudamiento.
PREGUNTA DE FONDO
La pregunta de fondo no es en qué nivel se ubica la deuda sino por qué sigue subiendo. El cambio en la razón de deuda a PIB depende de tres factores:
1. El balance primario, que la reduce cuando hay superávit.
2. El diferencial entre la tasa de interés que se paga por la deuda y el crecimiento nominal de la economía, que la eleva cuando la tasa es mayor.
3. Los ajustes de valuación, principalmente el efecto del tipo de cambio sobre la deuda denominada en moneda extranjera.
Entre 2026 y 2027 el saldo histórico aumenta un punto del PIB, y ese incremento proviene de tres fuentes. La primera opera a la baja, ya que el gobierno obtiene ingresos superiores a su gasto distinto de intereses y ese excedente, equivalente al balance primario, se destina al pago de deuda y reduce la razón en 0.1 puntos.
La segunda opera al alza y es la de mayor magnitud, pues la deuda acumula una tasa de interés implícita de 7.9% mientras que el PIB nominal crece 6.1%. Al acumularse los intereses a un ritmo superior al del crecimiento de la economía, el saldo se eleva por sí mismo y aporta 0.9 puntos, magnitud que el excedente primario no alcanza a compensar. Los 0.2 puntos restantes corresponden a ajustes de valuación, entre los que destaca el efecto del tipo de cambio sobre la deuda denominada en moneda extranjera.
De esta descomposición se desprende el resultado central del apartado. Para que la razón de deuda dejara de crecer, el superávit primario tendría que igualar la contribución del diferencial entre la tasa de interés y el crecimiento, es decir, situarse en 0.9% del PIB. El paquete contempla 0.1%.
La brecha asciende a 0.8% del PIB, alrededor de 316 mil millones de pesos anuales. Mientras esa brecha no se cierre, la razón de deuda continúa ascendiendo aún bajo el cumplimiento íntegro de los supuestos del PEF 2027, que es precisamente lo que muestra la trayectoria oficial al pasar de 54.0% del PIB en 2026 a 56.5% en 2032.
La consolidación propuesta reduce el nivel del déficit, pero no modifica la condición que determina la dinámica de la deuda.
*Directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE y profesora de Economía del Tec de Monterrey. Estudió la licenciatura en economía en la Universidad Autónoma de Nuevo León y la maestría y doctorado en finanzas en el EGADE del Tec de Monterrey. Colabora regularmente con medios de comunicación especializados. En 2018 y 2020 fue nombrada por Forbes como una de las 100 mujeres más poderosas de México.
Linkedin: Gabriela Siller Pagaza
email: gsiller@bancobase.com
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