Las últimas semanas consolidaron un panorama que los mercados de renta fija venían descontando de forma gradual: la combinación de elevados precios de los energéticos, presiones inflacionarias persistentes y bancos centrales tornándose más restrictivos desencadenó un nuevo episodio de ventas generalizadas en bonos soberanos de todas las regiones.
La corrección no fue marginal; en algunos plazos implicó movimientos de tres desviaciones estándar en una sola sesión, reflejando un reajuste estructural en el costo del dinero a nivel global.
El catalizador energético fue determinante. Las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán llevaron al Brent hasta 110 dólares por barril, mientras el diésel en Estados Unidos superó por primera vez los 6 dólares por galón.
Este movimiento incrementó las preocupaciones sobre la inflación, que fueron reforzadas por los últimos datos en EE. UU. Para agosto, el índice de precios al productor se ubicó en 0.4% m/m y 5.4% a/a desde 4.8% a/a previamente.
En tanto, la inflación al consumidor aumentó 0.4% m/m y 3.4% a/a, en línea con el consenso. Sin embargo, el componente subyacente sorprendió al alza con 0.3% m/m.
El mercado no tardó en recalibrar sus expectativas. La probabilidad de un alza de 25 puntos base del Fed en su reunión del 16 de septiembre
alcanzó 90%, con un ajuste acumulado para 2026 de 50 puntos base y casi 100 puntos base acumulados para 2027.
El ajuste fue especialmente pronunciado en el extremo corto de la curva de Treasuries, con pérdidas de hasta 27 puntos base en la última semana y cerca del 80% del movimiento explicado por el componente real, señal de mayor convicción sobre sobre futuras alzas de tasas, y no únicamente sobre mayores expectativas de inflación.
El Treasury a 2 años cotiza por encima de 4.60%, el de 10 años cerca de 5.00% y el de 30 años en 5.35%, todos en máximos multianuales. Un elemento adicional deterioró el sentimiento del mercado.
El Tesoro de EE. UU. triplicó su programa de recompras de bonos de largo plazo hasta 6,000 millones de dólares, pero el jueves 10 de septiembre ejecutó únicamente 5,190 millones de los 10,500 millones ofrecidos, decepcionando las expectativas y amplificando la presión sobre los bonos.
La presión fue global. El Banco Central Europeo elevó su tasa de depósitos 25 puntos base a 2.50% con sesgo restrictivo,
impulsando al Bund de 2 años hasta 3.19%. El mercado descuenta también un alza de 25 puntos base por parte del Banco de Japón el 18 de septiembre y un movimiento de igual magnitud para el Banco de Inglaterra el 5 de noviembre.
En México, los rendimientos de los Bonos M también se han incrementado,
con la referencia de 10 años cerca de 9.50% y el de 30 años superando el umbral de 10%. Las tasas implícitas para Banxico apuntan a 6.68% para cierre de 2026 y 7.59% para 2027, niveles que reflejan la asimetría con el Fed y mayores riesgos al alza.
Hacia adelante, la atención de los mercados se concentrará en la decisión del Fed del 16 de septiembre y, sobre todo, en las señales que envíe respecto a la trayectoria futura de las tasas.
Tras el reciente ajuste en rendimientos, la validación de un escenario de política monetaria más restrictivo podría extender las presiones alcistas sobre las curvas soberanas globales.
En cambio, cualquier indicio de un ciclo menos agresivo ofrecería un respiro a los mercados de renta fija.
Por ahora, el balance de riesgos sigue favoreciendo un entorno de tasas elevadas por más tiempo.
*Subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.
Twitter: @LeslieOrozcoV
LinkedIn: Leslie Orozco
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