Adiós al dinero bueno;  bienvenido el malo. ¿Por qué el  halving ya no explica Bitcoin? ¿De qué se trata esto?

El próximo ciclo de Bitcoin no lo definirá el halving, sino quién necesita usarlo como reserva de valor en un entorno donde el dinero “malo” expulsa al “bueno”. En la nueva geopolítica monetaria, marcada por tensiones entre bloques, las leyes de Metcalfe y Gresham pesan más que la emisión programada.
Por Edgar H. Esquivel
Antes que nada, ¿qué es el halving de Bitcoin? Es un evento programado que ocurre aproximadamente cada cuatro años (o cada 210,000 bloques minados), en el cual la recompensa que reciben los mineros por validar transacciones y añadir nuevos bloques a la red se reduce exactamente a la mitad. El cuarto halving ocurrió en abril de 2024 y redujo la emisión de 900 a 450 BTC diarios.

El mercado lo anticipó con suficiente antelación: el precio subió de 16,000 a 73,000 dólares antes de consolidarse en el rango de 62,000 a 71,000. La escasez programada ya está incorporada en el precio. Pensar que el siguiente rally vendrá por el lado de la oferta es un error. El verdadero motor del ciclo 2026–2028 será la demanda geopolítica.

La Ley de Metcalfe establece que el valor de una red crece con el cuadrado de sus usuarios. En términos simples: cada nuevo participante no suma, multiplica. Bitcoin ha pasado de un millón de wallets con saldo en 2013 a más de 50 millones en 2026. Sin embargo, el cambio relevante no proviene del crecimiento minorista, sino de la entrada de actores soberanos.

Estados Unidos ha consolidado aproximadamente 330,000 BTC provenientes de incautaciones en una reserva estratégica. Alemania liquidó cerca de 50,000 BTC en 2024 y posteriormente reconsideró su posición. El Salvador mantiene una estrategia de acumulación, mientras que Emiratos Árabes Unidos participa en minería y Rusia ha comenzado a aceptar pagos en Bitcoin para ciertos flujos energéticos. Cada incorporación soberana no incrementa el valor de forma lineal, sino exponencial: amplía la red y refuerza su relevancia estratégica.

La señal más importante no es solo la acumulación, sino la infraestructura. El Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos (INDOPACOM) confirmó en abril de 2026 que opera un nodo de Bitcoin con fines de ciberseguridad y análisis del protocolo. Cuando las instituciones de defensa estudian una red, el fenómeno deja de ser financiero y se convierte en estratégico.

ENTRE BUENOS Y MALOS
Por otro lado, la Ley de Gresham sugiere que el dinero malo desplaza al bueno cuando su uso está sujeto a restricciones o coerción. En este contexto, el dinero malo es aquel que puede ser controlado, monitoreado o limitado por una autoridad. El yuan digital (e-CNY) es un ejemplo: un instrumento programable bajo control estatal, con capacidad de monitoreo y restricciones de uso.

El dinero bueno, en contraste, es aquel que conserva su valor y su capacidad de uso sin depender de permisos. Bitcoin entra en esta categoría: es un activo sin permisos y resistente a la censura cuando se mantiene bajo control propio.

En un entorno de sanciones económicas y fragmentación financiera, esta dinámica se intensifica. Irán ha utilizado mecanismos alternativos para eludir el sistema tradicional de pagos, mientras que Rusia explora el uso de Bitcoin en ciertas transacciones. Si el e-CNY se consolida como canal de liquidación en bloques económicos emergentes, el capital que busque escapar de restricciones tenderá a migrar hacia activos no censurables.

LAS FUERZAS
El punto de convergencia consiste en que mientras el halving reduce la oferta de forma predecible, la interacción entre Metcalfe y Gresham redefine la demanda. La Ley de Metcalfe implica que el valor de Bitcoin aumenta con cada nuevo participante, y hoy esos participantes son cada vez más estados.

La Ley de Gresham, por su parte, sugiere que cuando el dinero puede ser controlado o censurado, los agentes tienden a resguardar aquel que no lo es. En conjunto, estas fuerzas no solo incrementan la demanda, sino que la vuelven estructural, no especulativa.

En un entorno financiero estable, Bitcoin tenderá a comportarse como un activo similar al oro digital. Sin embargo, en un escenario de mayor fragmentación, donde distintas infraestructuras compiten por el control de los flujos financieros, su papel podría escalar de forma significativa, pasando de activo de cobertura a infraestructura clave.

Para economías como la mexicana, el desafío es evidente: el marco regulatorio actual no está diseñado para integrar plenamente activos digitales en la arquitectura financiera. Mientras otras economías exploran el uso estratégico de estas tecnologías, México permanece rezagado en términos de infraestructura y política pública.

En este entorno, lo relevante no es únicamente la evolución del precio, sino quién controla la red y bajo qué reglas opera. El próximo ciclo de Bitcoin no será determinado únicamente por su código, sino por decisiones soberanas en un sistema financiero en transformación.

El halving pertenece al pasado. La red define el futuro. Y en un entorno donde la confianza en el dinero se fragmenta, comprender la interacción entre Metcalfe y Gresham será clave para anticipar la dirección del sistema monetario global.
El Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos (INDOPACOM) confirmó en abril de 2026 que opera un nodo de Bitcoin con fines de ciberseguridad y análisis del protocolo. Cuando las instituciones de defensa estudian una red, el fenómeno deja de ser financiero y se convierte en estratégico.
*Doctor en Economía y profesor del posgrado en Economía de la UNAM
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión del IMEF.

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